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jueves, 26 de enero de 2012


Uchuraccay por el Tío Juan



Escrito por Juan Gargurevich
Fuente original: El blog de Don Juan


¿Por qué no se ha escrito todavía la gran crónica de la tragedia de Uchuraccay del 26 de Enero de 1983? ¿Acaso no han transcurrido años suficientes como para tomar distancia y narrarla con esfuerzo de objetividad? Parece que estos 24 años no son bastantes y que será necesario que se extinga toda una generación de los involucrados, esto es, periodistas, familiares, militares, campesinos, etc.

Muchos periodistas extranjeros se han sorprendido de no encontrar un buen texto sobre el caso que conmovió a la opinión mundial. Ocho periodistas asesinados en los Andes peruanos es aparentemente una historia que se escribe sola. Pero no ha sido así.

Que sepamos, solo hay una crónica sobre el tema y fue escrita por el conocido y hoy polifacético José María “Chema” Salcedo. Hay otro libro, de fotos, editado y publicado por Guillermo Thorndike en 1983 y titulado “Uchuraccay. Testimonio de una masacre”. Reúne fotos de una docena de reporteros. El conocido periodista se limitó a redactar las leyendas o pie de fotos.


Hay también una buena recopilación de artículos de periódicos que fueron organizados y publicados por el poeta y periodista Juan Cristóbal (seudónimo de José Pardo del Arco). El libro “Uchuraccay o el rostro de la barbarie”, fue editado por el autor en el 2003. También es difícil ubicarlos en librerías.

El texto de Salcedo se titula “Las tumbas de Uchuraccay” y compruebo que es una rareza bibliográfica pues no está en Bibliotecas locales y tampoco se consigue para comprar. Para alivio académico añadiré que lo veo en el catálogo de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.

José María Salcedo era director del ya histórico Diario Marka en 1983. El periódico era un denodado esfuerzo de la izquierda por reunir talentos, dinero y espíritu de unidad para editar el diario (toda una historia que se merece una buena crónica). Y su aparición en las calles casi coincidió con el inicio de acciones armadas de Sendero Luminoso, que le abría así un frente no imaginado a la izquierda.

El Diario Marka se proclamó antisenderista y cubrió con corresponsales y enviados especiales los sucesos de Ayacucho. Fue así como murieron tres de sus periodistas (de la Piniella, Sánchez, Infante).

Salcedo estuvo entre los que viajaron el domingo 30 de enero a Ayacucho para el penoso trámite de traer los cadáveres a Lima y comenzó a recopilar el material para la crónica que publicaría un año más tarde, cuando ya no era director del Diario Marka.


Para contar la historia eligió la técnica del narrador externo, describiendo a “José María Salcedo” y sus indagaciones. Aparecen como personajes centrales los periodistas asesinados, el general Noel Moral, el corresponsal Luis Morales y muchos otros; se cuenta historias de periodistas y de periódicos y recoge medio centenar de testimonios que incorpora a la crónica.

Pero sobre todo, y es explicable en el contexto, recoge y defiende la versión de que hubo extraños (“Sinchis” de la policía) en Uchuraccay que si no fueron los asesinos por lo menos alentaron a los comuneros. Contradijo así a la Comisión Vargas Llosa.

Hacia el 90 se conocía que el periodista norteamericano Phil Bennet estaba trabajando el tema y que pronto publicaría el libro que todos aguardaban porque quizá una voz externa era lo mejor. Pero el colega abandonó el proyecto, no sabemos porqué, luego de recaudar enorme y muy valiosa información.

“Caretas” reveló que ladrones se metieron en su casa en 1991 y le robaron la computadora donde guardaba sus informes. Algo pudo reconstruir pero parece que no lo suficiente para redactar el texto esperado. Phil Bennet ya no está en el Perú –que sepamos.

La semilla de la tragedia
El drama de Uchuraccay se inició mucho antes de la fatídica fecha que conmemoramos y podría fecharse entre julio y agosto de 1981 en que militantes de Sendero llegaron a la comunidad y a otras vecinas para organizar bases de apoyo.


Al año siguiente, 1982, la confrontación con los senderistas fue tan aguda que Uchuraccay expulsó a militantes que querían establecer allí una “Escuela Popular de Mujeres” y poco después el alcalde, Alejandro Huamán, quemó públicamente una bandera roja que Sendero había colocado en un cerro vecino.


Fue su sentencia de muerte porque a los pocos días fue asesinado por los senderistas.

A una hora de camino, en Huaychao, se vivía una problema similar pues Sendero asesinó al presidente y al teniente gobernador de la comunidad.

Al iniciarse 1983 se acentuó el drama. En varios poblados de Huanta, incluyendo Uchuraccay, los comuneros –alentados por los militares- mataron a por lo menos treinta senderistas y provocaron así elogios desmedidos del ejército y del gobierno, incluyendo al propio Presidente Belaúnde.

Por eso, el 22 de enero, los comuneros de Huaychao avisaron, gozosos, que habían ultimado a siete senderistas en una matanza cruel, a pedradas y cuchilladas. Leamos la reconstrucción de los antropólogos La Serna y Berrocal que llegaron a la comunidad más de veinte años después y encontraron sobrevivientes testigos y actores del crimen:
“Los comuneros de Huaychao y Macabama salieron a saludar a los guerrilleros, y los guiaron a su sala de asamblea… Apenas reunidos, los comuneros escucharon sus discursos que invitaban a alterar la estructura de la organización comunal, sus interrelaciones familiares y luego, calmadamente, se acercaron a los senderistas, sacaron las hachas, cuchillos y piedras que habían escondido bajo sus ponchos y los aporrearon hasta sucumbirlos”.

Los periodistas Gustavo Gorriti y Oscar Medrano de “Caretas” fueron testigos privilegiados de la tragedia pues llegaron a Huaychao en un helicóptero del ejército pocas horas después y enviaron prontamente textos y fotos que la revista publicaría como primicia ante el regocijo gubernamental.

Comentado el sangriento evento, el jefe militar Clemente Noel Moral declaró: “Hay una respuesta muy significativa del pueblo ayacuchano en desterrar el terrorismo. Con esta acción (se refería a las masacres de Macabamba y Huaychao) los hombres y mujeres están demostrando coraje y virilidad para no continuar siendo mancillados por un pequeño grupo de ideas descabelladas”.

El entusiasmo llegó hasta el diario El Comercio que el mismo día 26 de enero dijo en un editorial titulado “El pueblo se defiende”:
“Dos comunidades campesinas, entrañas vivas de la nacionalidad, han dado al país un ejemplo de viril certidumbre en la defensa de los derechos humanos y de sus derechos… el pueblo peruano es el de Huaychao y Uchuraccay. No se somete a delincuentes… lo que hace el pueblo con esa gente es darle su merecido. Para liberarse de su amenaza y para salvar al país de esa vergüenza”. (26.1.83. p. A-2).
La zona completa supo pronto de las muertes y de los elogios y recompensas a los ejecutores pues la noticia voló de pueblo en pueblo, incluyendo naturalmente a la comunidad de Uchuraccay que era ciertamente pobre y atrasada pero nada de primitiva como se hizo creer después.

El hecho es que la semilla de la violencia había sido sembrada y los comuneros colocaron vigías en los cerros que, premunidos de pitos, debían avisar si venían extraños. La consigna militar era: “Los amigos vienen por aire, los enemigos vienen a pie… a estos hay que matarlos”.

Esos “extraños” resultaron ser los periodistas que subían trabajosamente hacia Uchuraccay, esperando descansar un rato para luego seguir a Huaychao, el lugar de la masacre, donde esperaban confirmar varias informaciones.

¿Qué buscaban esos periodistas?
El penoso viaje de los ocho periodistas a las alturas de Uchuraccay ha sido descrito con detalle. Dónde pararon, qué comieron, el soroche de Sedano, el malestar de Chávez.


Pero muy poco sabemos del motivo real de la excursión, las razones por las que todo un equipo de corresponsales limeños poco preparados decidió afrontar un viaje que se sabía largo, difícil y, sobre todo, peligroso.


Todos estaban informados de que los feroces “Sinchis” de la policía hormigueaban en la zona, que Sendero anunciaba la guerra a los campesinos que habían matado a sus militantes, que la extrema tensión casi podía respirarse. Y a pesar de todo, decidieron el viaje.


Se afirma que el motivo fue llegar hasta Huaychao para comprobar razones y veracidad de los rumores de ejecuciones que Gustavo Gorriti y Oscar Medrano documentarían después para Caretas. Ambos llegaron a Ayacucho cuando los reporteros salían del Hostal Santa Rosa. Ni unos ni otros sabían de sus actividades. Y lograron lugar en el helicóptero para Huaychao al día siguiente, el 27. Constataron la matanza y regresaron a Ayacucho en la noche.

Pero ¿esto justificaba la temeraria excursión?

No tengo dudas de que esos magníficos periodistas se movilizaron por razones mayores, en búsqueda de noticias más importantes que la constatación de la masacre de Huaychao. José María Salcedo, por ejemplo, recoge la especulación de que los cadáveres de esa comunidad eran de niños y que mataron a los periodistas para impedir que llegaran a esa comunidad, siendo interceptados antes (“Las tumbas de Uchuraccay”, p. 189).


Pero hay otra hipótesis que nos parece verosímil: es probable que en Ayacucho hubieran hecho contacto con militantes senderistas y esperaban encontrar a sus mandos para hacer entrevistas, fotos. Sería una primicia mundial, un notición, pues hasta entonces Sendero era solamente un conjunto de fantasmas y de cadáveres que el Gobierno afirmaba que eran subversivos.

Aparentemente tenían como contacto al guía Juan Argumedo, a quien los comuneros de Uchuraccay reconocerían como antiguo senderista y lo asesinarían poco después de los propios periodistas.

Luego de conocer la matanza de presuntos senderistas en Huaychao, la comunidad de Uchuraccay entró en extrema tensión, temerosa de que en cualquier momento incursionaran las vengativas huestes senderistas. Dormían en agujeros en los cerros, velaban hasta el amanecer, vigilantes de cualquier movimiento, detenían a viajeros y se calmaban bebiendo cañazo del peor.


El 26 de enero en la tarde había una reunión en la casa de Fortunato Gavilán, el teniente gobernador. Las botellas volaban de boca en boca porque el día anterior habían celebrado un cumpleaños y el festejo tenía para rato.

“¡Ya están viniendo, los terroristas están viniendo!” gritó alguien y todos salieron corriendo hacia el cerro Wachwaqasa a atajar al grupo que se acercaba despacio, con las manos en alto, quizá agitando un trapo blanco.

El antropólogo Ponciano del Pino reconstruyó la escena a base de numerosos testimonios: 
“Los acorralaron a los pocos minutos, mientras otros corrían persiguiendo al guía que los había dejado en la cumbre del pueblo. En actitud bélica, los campesinos portaban palos, hachas, piedras y lazos. Los periodistas estaban temblando. “No podían hablar” es como recuerda uno de los campesinos que entrevisté. No había comunicación. Era un diálogo de sordos…”.
No escucharon a los que hablaban quechua, todos gritaban a la vez y finalmente les indicaron que bajaran hacia el pueblo… “una de las autoridades dudó y dio la orden de matarlos”.

Una treintena de hombres y mujeres, adultos y jóvenes atacaron ferozmente a los periodistas con palos, piedras, hachazos, golpes hasta hacerlos caer para rematarlos con crueldad.

Luego los desnudaron, robaron sus ropas y pertenencias y los enterraron superficialmente porque debían mostrarlos, como los de Huaychao. Y volvieron a beber, contentos de haber matado a los ocho “senderistas” y sin imaginar no solo que habían cometido un terrible error sino que habían asegurado su propia sentencia de muerte.

Porque en los próximos meses todos los verdugos de Uchuraccay serían asesinados, hasta un total de 137 de un población total de 400 comuneros. Repito: 137.

Los han matado a todos......
-“¿Los han matado a todos? Pero… ¡esos eran periodistas!” dicen que exclamó el joven teniente de la Marina Ismael Bravo, cuando escuchó estremecido y hasta incrédulo el relato de los campesinos. La patrulla de infantes y sinchis que comandaba había llegado al lugar del drama el 28 de enero para comprobar los avisos de mensajeros.


Asustados, comenzaron las recriminaciones, las acusaciones, los preparativos para escapar –como en el caso del gobernador Fortunato Gavilán, el primero en huir.


El oficial usó el radio, avisaron al general Noel Moral, éste a su Comando y la noticia llegó hasta el propio Presidente Belaúnde que llamó a sus jefes de Inteligencia para plantearles la interrogante: “Y ahora ¿qué hacemos?”.

Tomaron decisiones rápidas. “Hay que decir que esos campesinos, ignorantes y primitivos, que no hablan castellano los mataron porque llevaban una bandera roja. Todos deben sostener la misma versión”.

Y así fue. El discurso a que se aferraron se resume así: “Somos ignorantes, no sabemos, traían bandera roja… los jefes nos dijeron que matáramos a los que venían a pie”.


Luego siguió un verdadero huayco de acusaciones y reclamos. Esa debe haber sido la sensación de los comuneros de Uchuraccay cuando les cayeron como una avalancha más militares, periodistas, familiares y luego hasta una Comisión presidida por Mario Vargas Llosa, el escritor más famoso del Perú.

Escudados en su idioma, juramentando solidaridad, soportaron el chubasco de preguntas y hasta se dieron el lujo de atemorizar a la Comisión cuando comenzaron a ser cercados por las evidencias. Quizá pensaron que su crimen quedaría impune.

Pero semanas más tarde, quedaron solos. El problema se trasladó a Ayacucho, al juicio y el debate periodístico y los militares se desentendieron de Uchuraccay.

Quizá alguien dijo, a la peruana: “Bueno pues, que se jodan”.

Sendero Luminoso esperó con paciencia hasta la víspera de la fiesta del Espíritu Santo, el 20 de mayo, y esa noche arrastraron fuera de sus casas a veinte uchuraccaínos, buscándolos con una lista. Luego los asesinaron. Lo mismo hicieron el 16 de julio cuando llegaron nuevamente, siempre con una relación de nombres para matar a otros veinte.

El terror era ya general y los llamados de protección a las autoridades eran inútiles. La medianoche de Navidad los senderistas ingresaron tranquilamente al poblado y ultimaron a otros ocho.

Y así, semana tras semana, fueron siendo ubicados los participantes de la tragedia y asesinados. Probablemente el último fue Fortunato Gavilàn, encontrado cerca de la selva con un cartel en el pecho destrozado y que decía “Así mueren los perros traidores”. El número total de muertes fue, como dijimos de 137, adjudicados a Sendero, pero es muy probable que militares participaran en la eliminación de testigos molestos.

Cuando el juicio pasó a Lima, Uchuraccay ya era un pueblo fantasma donde nadie quería vivir. Los comuneros vecinos les habían robado el ganado, saqueado su casas y, sobre todo, repudiado hasta el punto de que nadie quería decir que provenía de Uchuraccay.


En 1987 un Tribunal Especial condenó a tres comuneros a prisión por el crimen.

Uno murió en la cárcel y los otros salieron relativamente pronto y desaparecieron.

¿Y el pueblo? En 1993 una veintena de familias se animó a regresar bajo la protección del Consejo Evangélico y, lentamente, la vida volvió a la Comunidad que reconstruyó sus casas en otro lugar y hoy se dedica a tejidos de exportación. Es casi próspera.

Pero el proceso Uchuraccay sigue abierto en el Sétimo Juzgado de Procesos en Reserva de Lima porque hay acusados no habidos y la justicia no puede hacer desaparecer un caso tan sobresaliente.

Los campesinos asesinos o cómplices resultaron ser, al final, la parte más frágil del conflicto y pagaron con la vida su trágica equivocación. Porque los verdaderos responsables –civiles y militares- fueron protegidos, encubiertos y se libraron de todo castigo. Fue, una vez más, el triunfo de la impunidad.

FIN


martes, 15 de septiembre de 2009


Abimael: Entrelíneas de su Famoso Libro Rojo

¿La publicación y divulgación exagerada del libro de Abimael sirve al gobierno?: claro que sí. Distrae, redirecciona la mirada política y extrae de la coyuntura el tema de los Petroaudios. Entonces, digámoslo claro, el vapuleado ministro aprista de Justicia atrae mucha agua para su molino cuando arma un escandalete por la publicación del libro de Guzmán. Su, hasta ahora, penosa actuación en la Cartera de Justicia, le obliga a reinventarse para no languidecer entre tropezones y críticas.

Pero no contento con eso, alecciona al procurador antiterrorista, Julio Galindo, para que denuncie al abogado de Guzmán y compañía por cometer supuestamente el delito de apología del terrorismo. Y como este procurador está siempre presto a denunciar a poetas y dirigentes izquierdistas de terroristas, acude presuroso al llamado y cumple su papel.

¿Por qué tanta importancia a un libro?, si se presume que será, como todos sus anteriores intentos, panfletario, repleto de clichés políticos de ultraizquierda, desfasados en la historia y hundidos en el fracaso cada vez que se han aplicado, para desgracia de las poblaciones sumidas en las llamadas “dictaduras del proletariado”. Así sucedió en Camboya, Laos, URSS y sigue sucediendo en Vietnam del Norte, Corea del Norte, China y Cuba.

Si se visualiza la conferencia de presentación del libro con ojo socialmente avizor, descubriremos que se trató de un acto sórdido, trasnochado, plagado de asistentes muy humildes, quizá engañados por una prédica anarquista (muchos de ellos familiares de presos por terrorismo) que se derretían cada vez que los exponentes intentaban alabar, aunque sea indirectamente, la figura y el pensamiento de Abimael. Claro, también hubo otros invitados, como el General (r) Wilson Barrantes, ex jefe militar de Ayacucho, que miraba absorto la prédica casi exultante de los abogados de Abimael.

Barrantes, realizo una interesante política de acercamiento con miras al desarrollo de las comunidades más pobres y olvidadas de Ayacucho cuando asumió la Comandancia General de la Segunda Brigada de Infantería de Ayacucho. Pero tal fue su ímpetu que cometió excesos como el permitir que ronderos alisten a sus pequeños hijos en las filas del Ejército, tal como lo revela un reportaje del programa “La Ventana indiscreta”.

La Bendita Amnistía
Hace casi 9 meses atrás, cuando el congresista aprista Edgard Núñez deslizó la teoría de amnistiar a los militares procesados en casos de masacres y delitos contra los DD.HH, el pool de abogados al servicio de Guzmán, efectuó una conferencia similar a la de la presentación del libro, en el mismo hotel Riviera, y deslizó por primera vez su acuerdo de impulsar una “amnistía general” que permita reconciliar a las dos partes afectadas en la cruenta guerra iniciada por los terroristas en mayo de 1980. Esa vez no hubo cobertura mediática y su propuesta pasó desapercibida.

En lo que, por momentos, pareciera una aventura oportunista, los abogados de Abimael reiteran la estrategia de encaminar una “solución política a los temas derivados de la guerra” mediante una amnistía general. Y dicen que esta solución se hace necesaria debido a la coyuntura político-estratégico con enemigos extranjeros que nos podrían agarrar desunidos como país y con unas fuerzas armadas desmoralizadas y atadas judicialmente con juicios interminables, debido a los cientos de denuncias judiciales que se espera surjan cuando se termine de desenterrar a todos los muertos y desaparecidos, principalmente, en las zonas en donde la violencia azotó con más insania.

Y como era de esperarse, una vez más, Guzmán no cumplió su prédica (vociferada como grito de guerra por los senderistas en los años más sangrientos) de vengar la muerte de sus “cuadros” e “hijos del pueblo”. Ahora clama indulgencia y olvido, todavía no pide perdón pero muy pronto, las circunstancias, lo obligarán a hacerlo. Y dónde quedo esa “mística” que mereció el halago del propio Alan García en un discurso en 1985 en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, y que empujó a la barbarie a cientos de militantes ideologizados hasta el tuétano que actuaban como zombis, como unas máquinas de la muerte.

Evidentemente, asistimos a una estrategia política que aprovecha la coyuntura para plantear, (aunque por momentos parecen querer imponernos) una amnistía que les permita recomponerse como organización política. Por ello, en vista de esta última pretensión, la sociedad y sus entes políticos deben estar atentos a cada uno de sus pasos para combatir cualquier proyecto anacrónico que conduzca a sectores desinformados y excluidos a embarcarse en aventuras que incuban solo dolor y sangre.

A continuación un estracto de la conferencia de Alfredo Crespo del 08 de diciembre del 2008 en la que hizo el mismo pedido del viernes pasado. Fue un primer ensayo.



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Bievenidos los debates "alturados" que desnudan a las partes

Alfredo Crespo, actual abogado del líder de Sendero Luminoso (SL), Abimael Guzmán, aseguró anoche que la escalada de violencia y muerte que afectó a nuestro país, no fue terrorismo sino una guerra que tuvo consecuencias.

En declaraciones al programa "Prensa Libre" de Rosa María palacios, Crespo llegó incluso al extremo de señalar que Guzmán Reinoso tampoco es o fue terrorista, porque nunca disparó un arma, ni asesinó:"Para mi Abimael Guzmán no es terrorista...Lo que ha pasado en nuestro país, no ha sido terrorismo, esa es la tesis de la defensa.. Y si digo que no es terrorismo, ¿saliendo del canal me voy preso?", se preguntó el letrado.

Crespo consideró además que "no es apología" el haber deseado una "larga vida a Abimael Guzmán" en la presentación del libro del líder de Sendero. El abogado también se negó a precisar cómo financió la mujer de Guzmán la impresión y distribución del libro y subrayó que "mientras no haya delito, no se puede investigar fuentes de financiamiento".

A continuación dos estractos de dicha discusión que, por momentos, sacó chispas.



jueves, 3 de septiembre de 2009


Rafael Rey : ¡Por tu Culpa, Por tu Culpa y por tu Gran Culpa!

Visiones alucinadas sobre la guerra contra el narcoterror:
“El problema que tenemos ahora no es ni la décima ni la centésima parte de lo que en los años 80 se tenía (…) Tampoco hay que presentar (las acciones terroristas) como si fueran una amenaza contra la democracia total.”
Alan García 6/8/2009

Ollanta Humala es más sicodélico para analizar la realidad que nos revienta en las narices y sume, nuevamente, en el dolor a decenas de familias de soldados y policías enviados a las zonas en donde las balas queman: “Sendero no representa un peligro para el país (…) Ni siquiera pueden tomar una comisaría.”
Ollanta Humala 4/8/2009

La pregunta que salta de inmediato es: Si los ataques senderistas son percibidos así por los dos principales líderes del país, que se puede esperar del ministro de Defensa, Rafael Rey, que sabe tanto de estrategias y tácticas militares como un lustrabotas sabe del kabuki japonés. La presentación en el Congreso del abanderado de la Defensa nacional en casos de guerra interna o externa, resultó penosa y por momentos lacerante a los sentimientos de los caídos recientemente en el VRAE.
Desde luego no explicó cómo el ministerio que encabeza ha permitido que en menos de 16 meses se hayan producido cerca de 40 bajas entre las Fuerzas Armadas y Policiales que dice defender y protejer. Un día antes, mientras dos efectivos de la FAP y uno del Ejército eran masacrados cuando acudian en Helicoptero a rescatar compañeros heridos, Rey Rey se dió su tiempito para escribir, cuando no, un alegato anti caviar en el diario Expreso, acusando nuevamente a los organismos no gubernamentales de ser los causantes de las desgracias de los militares.

En su visita al Congreso, Rey pasó de su cantaleta de acusar a las ONGs que defienden los DD.HH de maniatar políticamente a los militares, a mostrar fotografías explícitas de soldados masacrados, intentando, creemos, “sensibilizar” a la población de los alcances de la vesanía terrorista. Pretendió, también, con esta presentación muy planificada y “didáctica” en imágenes, empujar a los congresistas a legislar para transferir más recursos para esta guerra que, al carecer de los elementos de información (la población cocalera no apoya a las FF.AA ni delata a sus principales proveedores de divisas), requiere de modernos aparatos de comunicación, rastreo digital e interceptación de comunicaciones.

Pero Rey equivocó, una vez más, su táctica: En lugar de analizar los hechos con cabeza fría, despotricó contra los que llama “caviares” y mostró esa faceta de su personalidad que lo obnubila cuando pretende imponer su parecer de las cosas. Un interesante repaso de su personalidad, hace hoy Augusto Álvarez Rodrich en su columna de La República.

La presentación voluntaria en el Congreso del ministro de Defensa se puede resumir en este párrafo de la alerta noticiosa lanzada por la agencia Andina a minutos de su presentación: “(Rafael Rey) defendió las acciones de las Fuerzas Armadas, incluyendo algunos excesos, que no pueden ser comparados con los asesinatos cometidos por los subversivos.”

Más sobre el tema:
CNDD.HH condena nuevo ataque terrorista en el VRAE
Sin defensa - Blog "Desde el tercer piso"
Un Rey desnudo - César Hildebrandt
Ataques al pensamiento - Jorge Bruce



Ántero Flores y Rafael Rey: Dos ignorantes en materia de Defensa que se suceden para desgracia del país.

jueves, 6 de agosto de 2009


Sendero y el Narcotráfico: Ayer y Hoy

Hace más de un año que se escucha la misma cantaleta: El Perú enfrenta una nueva amenaza senderista que habría adquirido la forma de operar de las FARC colombianas. Y como cada cual quiere hacerse más famoso y obtener para sí el máster de “senderólogo”, el sociólogo Jaime Antezana reclama la autoría de la tesis y pretende imponer el neologismo “farcarización” para definir el accionar de la banda de los hermanos Quispe Palomino en las zonas del VRAE y Vizcatán.

Lo cierto es que existe un remanente senderista que se ligó abiertamente al narcotráfico, luego que la policía desarticulara la estructura político-militar de sendero y sus mandos históricos se rindieran. Aunque, los más enterados, afirman que el matrimonio de terror entre Sendero y las firmas del narcotráfico datan desde inicios de la subversión, allá por 1983, cuando los maoístas en sendas matanzas de sicarios de las firmas allí constituidas, lograron controlar un extenso territorio que comprendía desde Tingo María hasta Uchiza (cerca a Tarapoto).

Allí impusieron sus leyes. Lograron rearticular lazos con los “capos” que decidieron seguir acopiando droga en la zona controlada por Sendero. Las firmas de narcos contrarias a Sendero se refugiaron más al norte, en Tarapoto. Otras, le declararon la guerra aliándose con sectores corruptos del Ejército que también hacían trasteo de droga, incluso, en helicópteros, evitando así los controles senderistas.
Viejas relaciones y negocios
La zona del alto Huallaga ha sido desde la década de los 70s productora de pasta básica de cocaína, la cual antes era llevada en bruto a laboratorios colombianos, pero luego pasó a ser productora de cocaína de alta pureza, gracias al convenio que a partir de 1990 sostuvo el líder senderista “Artemio” con químicos y representantes de firmas colombianas.
Y estamos comentando hechos que sucedieron cuando Sendero estaba en la cúspide de su accionar y cuando, incluso, en las propias FF.AA se hablaba del peligro de llegar a una paridad militar con la subversión, producto de la ferocidad de sus acciones que tenía aterrorizado a medio país.

Dos facciones: Una en el olvido y otra en el sicariato
No pasó ni un año de la captura de Abimael Guzmán (septiembre de 1992) cuando la cúpula senderista ordenó a sus huestes la paralización definitiva y unilateral de acciones armadas. Firmaron un engolado documento que más que otra cosa era un acta de rendición y reconocimiento de una derrota militar e ideológica (aunque los sectores afines a su prédica nunca lo han querido reconocer así).

Han abogado infructuosamente hasta hoy por una amnistía general que devuelva una supuesta paz social a quienes se enfrentaron en esta cruenta guerra. Cuestión que ha sido rechazada, desde su proclamación, por las FF.AA que alegan haber derrotado a la subversión y, por tanto, no caben concesiones post guerra. Desde la llamada sociedad civil, se increpa al senderismo haber sido un movimiento terrorista que causó muchas víctimas inocentes con su accionar despiadado y que una “reconciliación” entre las facciones enfrentadas es casi imposible por las profundas heridas dejadas no solo en la familia militar-policial sino en civiles inocentes que por, cosas de la vida, se vieron envueltos en esa vorágine de sangre.

El otro bando, rebelde a los llamados de rendición de Guzmán, prosiguió y fortaleció su dependencia y alianza con la droga. En el Alto Huallaga “Artemio” articuló la cadena de producción cocalera y se impuso como brazo armado de los sembradores de coca cada vez que el Estado intentaba combatir a esa lacra social. Aglutinó a jóvenes y viejos interesados en defender hasta con su vida el único medio de vida que conocían. A cada combatiente, ligado a los dirigentes le cedió hectáreas para que siembren coca, a parte contaban con un salario. La oferta se volvió tentadora a tal punto que hombres y familias enteras viajaron a las zonas cocaleras defendidas por sendero desde tierras lejanas como Ica, Lima, Huaraz y se enrolaron al circuito del terror.
Las fuerzas del orden intentaron romper esta cadena con un gigantesco operativo a fines de 1992 en el “Bolsón Cuchara” y toda la zona donde se movían los principales cuadros senderistas, pero fracasaron en su intento porque cometieron asesinatos contra civiles y comerciantes desarmados de la zona de Venenillo y se armó el tole tole con comisión del Congreso incluida.

Luego vendría un exitoso programa auspiciado por Estados Unidos de interdicción de aeronaves que transportaban drogas que prácticamente diezmaron la producción y tráfico en la zona. Fue un periodo de sequía pero también de inacción del Estado que permitieron que las fuerzas de “Artemio” invernen en plena ceja de selva, con escasos recursos y sin las divisas del narcotráfico.
Pero estos no se quedaron quietos. Comenzaron a fortalecer la zona del VRAE como futura zona de producción de narcóticos destinados para la exportación vía los puertos de Ica, Lima, Chimbote y todo el norte.

Es así que los Quispe Palomino y “Artemio” se "dividieron" el mapa de la droga, sin conversarlo porque hasta se habla que serían enemigos desde hace algunos años, al mismo estilo de los capos de la droga..como para no desentonar. Los campos de cultivo del fértil valle del rio Huallaga abastecerían de droga a las firmas exportadoras (incluida la de Sendero) que sacaban la sucia mercancía por el nororiente del país, es decir, por Colombia y Venezuela hacia Europa. Mientras que los cultivadores de la zona sur (VRAE, Vizcatán y selva de Ayacucho), previo visto bueno de la organización de los hermanos Quispe Palomino, surtirían de droga a las firmas y capos que exportan cocaína por caminos de herradura hacia Bolivia y vía puertos por la extensa costa peruana.

Al inicio del nuevo siglo, con la caída del régimen Fujimorista, las redes de narcotraficantes amparados por estos dos grupos armados que reniegan hasta de la ideología que los regía anteriormente, se fortalecieron e impusieron las reglas de sembrado y trasteos para que los acopiadores de las firmas puedan sacar la cocaína de la zona. En el camino, han ocasionado sonadas bajas a las fuerzas del orden con el afán de ganar la iniciativa vía el terror y demostrar a las poblaciones cautivas del circuito de la droga que ellos pueden garantizar su supervivencia futura.

No son amenaza..pero
Es cierto, Sendero Luminoso (cuyo verdadero nombre es Partido Comunista del Perú), ya no es una amenaza para la seguridad nacional, menos una amenaza para el sistema democrático. Avalan esta afirmación opiniones tan disímiles como las de Ollanta Humala, del ministro del Interior Octavio Salazar y la expresada hoy por el mismísimo presidente Alan García. Pero el peligro radica, en que es una piedra metida en el zapato de la Democracia, que corrompe y trastoca los valores esenciales de un sistema viable para los ciudadanos decentes que desean seguridad y vivir en paz en el país que los vio nacer.

También es un sistema engañoso que recrea una economía superficial ante los ojos de aquellos no han tenido oportunidades para trazarse un futuro y que, finalmente, solo sirve para enriquecer a los mafiosos y sus grupos de seguridad, negando el camino de la superación a quienes son la piedra angular de este vil negocio: los cultivadores.
Los verdaderos maoístas, miembros fundamentalistas que aplicaban la línea sangrienta de Guzmán, están desactivados socialmente, por ahora; aunque sí hacen trabajo político en sectores deprimidos del magisterio, universidades y frentes regionales. Los más sanguinarios están presos o muertos. Algunos, al dejar la cárcel se han incorporado a la sociedad como pacifistas asumiendo como error histórico su apuesta por la violencia y la ideología de la muerte como solución a los problemas de la sociedad.

Reflexiones de este tipo caben en una coyuntura como la presente que a todos atemoriza y que nos hace palidecer al percibir como un “dejavu” todo lo que viene aconteciendo en el VRAE. Y pensar que en los 80s y 90s la pesadilla nos tocó la puerta y mostró su cara ensangrentada involucrándonos en un espiral que parecía no tener fin y salimos airosos. Ahora también la situación amerita estudiar el problema sin cortapisas políticas y darle una solución.

Un ejemplo a seguir parece ser la estrategia empleada por el comando policial del Huallaga, dirigida por el viejo zorro de la Dincote, Gral PNP Valencia, quien ha salido en búsqueda de los pelotones senderistas, asediándolos y deshilvanando sus rastros. Llegará un momento en que “Artemio” tendrá que desprenderse del exceso de equipaje que lleva para poder escapar y allí será capturado. Claro, previamente sus perseguidores se toparán con televisores plasma, baterías, paneles solares gigantescos y cientos de casetes con filmaciones de partidos de futbol y otras actividades a las que es adicto.

Para que no se repita



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viernes, 20 de marzo de 2009


COCALEROS O TERRORISTAS…Traqueteros, acopiadores y transportistas



Las declaraciones del ministro de Defensa Antero Flores al New York Times desataron polvareda por lo crudas y poco políticas, pero alguien se ha preguntado en los últimos 29 años si estas afirmaciones no tienen algo de verdad.
El ministro ha sido acusado de fascista por acusar directamente a los pobladores que habitan en la zona de Vizcatán de ser, o terroristas o narcotraficantes.
Como se conoce, desde 1980, cuando Sendero Luminoso inició sus operaciones, primero, en la sierra y luego en la ceja de selva, sus relaciones con los cocaleros fueron estrechas y tan cercanas que se convirtieron rápidamente en sus abiertos defensores.
Primero, encabezaron sus reivindicaciones políticas, coparon sus dirigencias gremiales y luego se enfrentaron a los capos nacionales y extranjeros para imponer condiciones en las zonas de producción y traslado de droga. Hubo un momento en que ellos decidían el precio en el mercado de la materia prima y de la droga misma.
A partir de 1983, las pugnas por controlar zonas estratégicas de producción de droga como la selva de Ayacucho y el Alto Huallaga se tornaron sangrientas a tal punto que convirtieron en un infierno extensos territorios en la zona selvática de Huanta y La Mar y los departamentos de Huánuco y San Martin.
El grado de control y organización que tuvo Sendero en las zonas fue tal que por muchos años la policía, primero, y luego el ejército, no se atrevieron siquiera a transitar la carretera Marginal que une toda la selva alta del país. Su traslado se hacía vía helicópteros o avionetas.
Porque defendían sus intereses, las poblaciones inmersas en zonas cocaleras se plegaron al sistema de terror que impuso Sendero. No existía familia, incluso, en las ciudades principales como Tingo María, que no estuviera en algún grado ligaba al narcotráfico y a todo su aparato mortífero.
Al promediar finales de la década de los 80s, enviados de la mafia colombiana (todavía no tenían mucha importancia los carteles mejicanos) llegaron a las zonas cocaleras para debatir con los líderes senderistas una sociedad en los negocios de la droga.
Le propusieron dejar de producir solo pasta básica de cocaína para elaborar en adelante cocaína de alta pureza. Para ello llegaron químicos que instruyeron a los peruanos en las formas de producción. Cabe recordar que las mafias colombianas habían sido arrinconadas en su país por sendas campañas exitosas de su ejército que terminaron con la muerte de Pablo escobar y la extradición de otros principales capos.
LOS REDITOS DE LA COCA
Al iniciarse los 90s, las zonas de sembríos y producción se habían trastocados en ubicación pero el negocio de la droga prosiguió rebozante.Sendero infectó a todas las poblaciones campesinas. Como la mayoría de sus enrolados eran de la zona, se estableció una especie de servicio militar que cumplían los campesinos y sus hijos para custodiar, permitir el acopio y traslado en motos, autos y lanchas de la droga.
La dirigencia senderista se daba el lujo de establecer campamentos casi al filo de la carretera Marginal sin que las fuerzas contrasubversivas pudieran capturarla ya que controlaban toda la extensa zona. Y esto prosiguió así hasta que la captura de su máximo líder Guzmán Reynoso mermó su capacidad logística y la moral de sus afiliados.
Desde mediados de los 90s, Sendero en abierta alianza con carteles del narcotráfico, redujo su dominio del Alto Huallaga y se arraigaron en zonas específicas a la vez que decidieron consolidarse en la zona agreste y casi inexpugnable de Vizcatan y el VRAE. Pero ultimamente,los asesinatos y coacción a la población viene recrudeciendo en la paradisiaca pero violenta zona comprendida entre Tingo maría y Aucayacu.
Y allí permanecen hasta hoy. Es sabido los intensos esfuerzos que despliegan las FF.AA y Policiales para revertir esta situación pero es poco lo que pueden hacer ya que la zona es como un boquerón casi intransitable sin ser vistos y emboscados.
Las poblaciones allí existentes, sin más remedio que colaborar con los agentes que le compran su producción y les proveen del sustento económico, apoyan a la facción senderista que ha decidido proseguir sus acciones como brazo armado de los carteles del narcotráfico y que disfrazan su accionar plagándola de un discurso dizque político.
Toda la economía desde Sivia,San Francisco,Machente (en Ayacucho) hasta el Valle del Rio Ene y Apurimac se mueve en base al narcotráfico.Todos tienen algo que ver con el negro negocio.Desde transportistas,bares,tiendas de abstecimiento,prostitución,etc ,circulan alrededor del narcotráfico.Esa es una realidad innegable.
Y todo el dinero sucio,producto de las ganancias por siembra de coca o tráfico de drogas,son trasladados a la capital.Aquí,los beneficiarios con el ilícito negocio "blanquean" el dinero inviertiéndolo en compra de departamentos en las zonas donde el metro cuadrado es el más caro de Lima,llámese San Borja o Santiago de Surco.Ultimamente,el boom inmobiliario ha favorecido este sistema de inyección de dinero ilegal a la economía.