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martes, 15 de septiembre de 2009


Abimael: Entrelíneas de su Famoso Libro Rojo

¿La publicación y divulgación exagerada del libro de Abimael sirve al gobierno?: claro que sí. Distrae, redirecciona la mirada política y extrae de la coyuntura el tema de los Petroaudios. Entonces, digámoslo claro, el vapuleado ministro aprista de Justicia atrae mucha agua para su molino cuando arma un escandalete por la publicación del libro de Guzmán. Su, hasta ahora, penosa actuación en la Cartera de Justicia, le obliga a reinventarse para no languidecer entre tropezones y críticas.

Pero no contento con eso, alecciona al procurador antiterrorista, Julio Galindo, para que denuncie al abogado de Guzmán y compañía por cometer supuestamente el delito de apología del terrorismo. Y como este procurador está siempre presto a denunciar a poetas y dirigentes izquierdistas de terroristas, acude presuroso al llamado y cumple su papel.

¿Por qué tanta importancia a un libro?, si se presume que será, como todos sus anteriores intentos, panfletario, repleto de clichés políticos de ultraizquierda, desfasados en la historia y hundidos en el fracaso cada vez que se han aplicado, para desgracia de las poblaciones sumidas en las llamadas “dictaduras del proletariado”. Así sucedió en Camboya, Laos, URSS y sigue sucediendo en Vietnam del Norte, Corea del Norte, China y Cuba.

Si se visualiza la conferencia de presentación del libro con ojo socialmente avizor, descubriremos que se trató de un acto sórdido, trasnochado, plagado de asistentes muy humildes, quizá engañados por una prédica anarquista (muchos de ellos familiares de presos por terrorismo) que se derretían cada vez que los exponentes intentaban alabar, aunque sea indirectamente, la figura y el pensamiento de Abimael. Claro, también hubo otros invitados, como el General (r) Wilson Barrantes, ex jefe militar de Ayacucho, que miraba absorto la prédica casi exultante de los abogados de Abimael.

Barrantes, realizo una interesante política de acercamiento con miras al desarrollo de las comunidades más pobres y olvidadas de Ayacucho cuando asumió la Comandancia General de la Segunda Brigada de Infantería de Ayacucho. Pero tal fue su ímpetu que cometió excesos como el permitir que ronderos alisten a sus pequeños hijos en las filas del Ejército, tal como lo revela un reportaje del programa “La Ventana indiscreta”.

La Bendita Amnistía
Hace casi 9 meses atrás, cuando el congresista aprista Edgard Núñez deslizó la teoría de amnistiar a los militares procesados en casos de masacres y delitos contra los DD.HH, el pool de abogados al servicio de Guzmán, efectuó una conferencia similar a la de la presentación del libro, en el mismo hotel Riviera, y deslizó por primera vez su acuerdo de impulsar una “amnistía general” que permita reconciliar a las dos partes afectadas en la cruenta guerra iniciada por los terroristas en mayo de 1980. Esa vez no hubo cobertura mediática y su propuesta pasó desapercibida.

En lo que, por momentos, pareciera una aventura oportunista, los abogados de Abimael reiteran la estrategia de encaminar una “solución política a los temas derivados de la guerra” mediante una amnistía general. Y dicen que esta solución se hace necesaria debido a la coyuntura político-estratégico con enemigos extranjeros que nos podrían agarrar desunidos como país y con unas fuerzas armadas desmoralizadas y atadas judicialmente con juicios interminables, debido a los cientos de denuncias judiciales que se espera surjan cuando se termine de desenterrar a todos los muertos y desaparecidos, principalmente, en las zonas en donde la violencia azotó con más insania.

Y como era de esperarse, una vez más, Guzmán no cumplió su prédica (vociferada como grito de guerra por los senderistas en los años más sangrientos) de vengar la muerte de sus “cuadros” e “hijos del pueblo”. Ahora clama indulgencia y olvido, todavía no pide perdón pero muy pronto, las circunstancias, lo obligarán a hacerlo. Y dónde quedo esa “mística” que mereció el halago del propio Alan García en un discurso en 1985 en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, y que empujó a la barbarie a cientos de militantes ideologizados hasta el tuétano que actuaban como zombis, como unas máquinas de la muerte.

Evidentemente, asistimos a una estrategia política que aprovecha la coyuntura para plantear, (aunque por momentos parecen querer imponernos) una amnistía que les permita recomponerse como organización política. Por ello, en vista de esta última pretensión, la sociedad y sus entes políticos deben estar atentos a cada uno de sus pasos para combatir cualquier proyecto anacrónico que conduzca a sectores desinformados y excluidos a embarcarse en aventuras que incuban solo dolor y sangre.

A continuación un estracto de la conferencia de Alfredo Crespo del 08 de diciembre del 2008 en la que hizo el mismo pedido del viernes pasado. Fue un primer ensayo.



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Bievenidos los debates "alturados" que desnudan a las partes

Alfredo Crespo, actual abogado del líder de Sendero Luminoso (SL), Abimael Guzmán, aseguró anoche que la escalada de violencia y muerte que afectó a nuestro país, no fue terrorismo sino una guerra que tuvo consecuencias.

En declaraciones al programa "Prensa Libre" de Rosa María palacios, Crespo llegó incluso al extremo de señalar que Guzmán Reinoso tampoco es o fue terrorista, porque nunca disparó un arma, ni asesinó:"Para mi Abimael Guzmán no es terrorista...Lo que ha pasado en nuestro país, no ha sido terrorismo, esa es la tesis de la defensa.. Y si digo que no es terrorismo, ¿saliendo del canal me voy preso?", se preguntó el letrado.

Crespo consideró además que "no es apología" el haber deseado una "larga vida a Abimael Guzmán" en la presentación del libro del líder de Sendero. El abogado también se negó a precisar cómo financió la mujer de Guzmán la impresión y distribución del libro y subrayó que "mientras no haya delito, no se puede investigar fuentes de financiamiento".

A continuación dos estractos de dicha discusión que, por momentos, sacó chispas.




“De Puño Y Letra”: Un Bombazo Mediático

Crespo encrespa los ánimos


¿La democracia está plagada de bobos? Es una interrogante que muchos nos hacemos, cuando vemos que le permite al máximo ideólogo de Sendero Luminoso publicar un libro recopilatorio de su estrategia política de los últimos 17 años. Mejor dicho, de su estrategia político-legal para traerse abajo la estructura jurídica diseñada para aplastarlos y que finalizó –como quien pone la cereza en el pastel- con la sentencia del Tribunal Constitucional que anuló todos los juicios contra acusados de terrorismo, llevados a cabo con jueces encapuchados y con una legislación medieval impuesta por la dictadura de Fujimori-Montesinos.

También, el TC dejó en el limbo el delito de apología, ya que, según varios expertos, permite la exaltación y hasta brindar loas (como lo hicieron el abogado de Guzmán y los editores del libro la noche de su presentación), a la vez que solo sanciona la instigación de un nuevo hecho violento. El TC, por ejemplo, declaró inconstitucionales el artículo 7 del Decreto Ley N°. 25475 y, por extensión, el artículo 1 del Decreto Ley N°. 25880 por ambiguos y por tipificar draconianamente el delito de apología del terrorismo. A parte, el TC recordaba en su sentencia que la apología de todo delito está tipificada en el Código Penal de 1991 en su artículo 316°, que dice a la letra:
"El que, públicamente, hace la apología de un delito o de la persona que haya sido
condenada como su autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad
no menor de uno ni mayor de cuatro años.
Si la apología se hace del delito contra la seguridad y tranquilidad públicas, contra
el Estado y la defensa nacional, o contra los Poderes del Estado y el orden constitucional, la pena será no menor de cuatro ni mayor de seis años."


Oh, el Libro
César Hildebrandt en su programa de televisión, puntualmente, le increpó al abogado de Guzmán, Alfredo Crespo, que el libro “De puño y letra” expresa un “regocijo bélico” por la espeluznante matanza de Lucanamarca, perpetrada en 1984 por senderistas y por orden directa de Guzmán e Iparraguirre. Aunque ello no constituya una apología para cometer a futuro un genocidio de esa envergadura, resulta inaceptable que los editores del libro ensalcen y permitan, nuevamente, que este crimen de lesa humanidad, revuelva odios y rencores.
Desde luego que en el libro no hay un ápice de remordimiento por las miles de muertes ocasionadas con su estrategia mesiánica y de terror, menos una autocrítica y mucho menos una intensión de pedir perdón a los cientos de miles de víctimas (de ambos lados de la guerra) que quedaron en la desolación o fueron afectados directa o indirectamente por esta sangría iniciada en 1980.

Guzmán plantea dos cosas nuevas: Primero, que su anhelo de joven fue pertenecer al Ejército en la rama de infantería, lo que deja una tarea para psiquiatras y sociólogos para desentrañar una mente criminal de ese calibre y, segundo, lanza la tesis de la amnistía general, que implicaría perdón y olvido para los delitos cometidos por senderistas y, también, por militares y policías. A la vez, anuncia la decisión de sus allegados de insertarse en la política nacional.

Tamaña desfachatez ha revuelto el ámbito de nuestra política criolla. Así como ha reavivado iras y odios de quienes se vieron directamente golpeados por los crímenes de Sendero; también ha despertado esperanzas en familiares de sentenciados (senderistas y militares) –muchos de ellos por delitos de lesa humanidad- que purgan condenas carcelarias por haber cometido crímenes, atentados y hasta masacres y que ven este pedido la posibilidad de sacarle la vuelta a la sanción dada por la sociedad.

Lo cierto es que se reanuda la polémica, se refresca la memoria y quizá se reabran cicatrices del pasado. Pero, ojalá que este nuevo encontronazo entre peruanos sirva para cerrar profundas heridas de una buena vez y que nos permita ser hacedores de una nación férrea para afrontar el reto de un futuro de desarrollo. Por supuesto, sin olvidar nuestro pasado.


Links que tocan este tema:
Los dilemas del libro de Abimael -Desde el tercer piso
Sentencia del TC sobre apología y otros -Tribunal Constitucional
El libro de Guzmán - César Hildebrandt
Tanta vaina con el libro - Gran Combo Club
Apologías -Raúl Wiener