jueves 26 de enero de 2012


Uchuraccay por el Tío Juan



Escrito por Juan Gargurevich
Fuente original: El blog de Don Juan


¿Por qué no se ha escrito todavía la gran crónica de la tragedia de Uchuraccay del 26 de Enero de 1983? ¿Acaso no han transcurrido años suficientes como para tomar distancia y narrarla con esfuerzo de objetividad? Parece que estos 24 años no son bastantes y que será necesario que se extinga toda una generación de los involucrados, esto es, periodistas, familiares, militares, campesinos, etc.

Muchos periodistas extranjeros se han sorprendido de no encontrar un buen texto sobre el caso que conmovió a la opinión mundial. Ocho periodistas asesinados en los Andes peruanos es aparentemente una historia que se escribe sola. Pero no ha sido así.

Que sepamos, solo hay una crónica sobre el tema y fue escrita por el conocido y hoy polifacético José María “Chema” Salcedo. Hay otro libro, de fotos, editado y publicado por Guillermo Thorndike en 1983 y titulado “Uchuraccay. Testimonio de una masacre”. Reúne fotos de una docena de reporteros. El conocido periodista se limitó a redactar las leyendas o pie de fotos.


Hay también una buena recopilación de artículos de periódicos que fueron organizados y publicados por el poeta y periodista Juan Cristóbal (seudónimo de José Pardo del Arco). El libro “Uchuraccay o el rostro de la barbarie”, fue editado por el autor en el 2003. También es difícil ubicarlos en librerías.

El texto de Salcedo se titula “Las tumbas de Uchuraccay” y compruebo que es una rareza bibliográfica pues no está en Bibliotecas locales y tampoco se consigue para comprar. Para alivio académico añadiré que lo veo en el catálogo de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.

José María Salcedo era director del ya histórico Diario Marka en 1983. El periódico era un denodado esfuerzo de la izquierda por reunir talentos, dinero y espíritu de unidad para editar el diario (toda una historia que se merece una buena crónica). Y su aparición en las calles casi coincidió con el inicio de acciones armadas de Sendero Luminoso, que le abría así un frente no imaginado a la izquierda.

El Diario Marka se proclamó antisenderista y cubrió con corresponsales y enviados especiales los sucesos de Ayacucho. Fue así como murieron tres de sus periodistas (de la Piniella, Sánchez, Infante).

Salcedo estuvo entre los que viajaron el domingo 30 de enero a Ayacucho para el penoso trámite de traer los cadáveres a Lima y comenzó a recopilar el material para la crónica que publicaría un año más tarde, cuando ya no era director del Diario Marka.


Para contar la historia eligió la técnica del narrador externo, describiendo a “José María Salcedo” y sus indagaciones. Aparecen como personajes centrales los periodistas asesinados, el general Noel Moral, el corresponsal Luis Morales y muchos otros; se cuenta historias de periodistas y de periódicos y recoge medio centenar de testimonios que incorpora a la crónica.

Pero sobre todo, y es explicable en el contexto, recoge y defiende la versión de que hubo extraños (“Sinchis” de la policía) en Uchuraccay que si no fueron los asesinos por lo menos alentaron a los comuneros. Contradijo así a la Comisión Vargas Llosa.

Hacia el 90 se conocía que el periodista norteamericano Phil Bennet estaba trabajando el tema y que pronto publicaría el libro que todos aguardaban porque quizá una voz externa era lo mejor. Pero el colega abandonó el proyecto, no sabemos porqué, luego de recaudar enorme y muy valiosa información.

“Caretas” reveló que ladrones se metieron en su casa en 1991 y le robaron la computadora donde guardaba sus informes. Algo pudo reconstruir pero parece que no lo suficiente para redactar el texto esperado. Phil Bennet ya no está en el Perú –que sepamos.

La semilla de la tragedia
El drama de Uchuraccay se inició mucho antes de la fatídica fecha que conmemoramos y podría fecharse entre julio y agosto de 1981 en que militantes de Sendero llegaron a la comunidad y a otras vecinas para organizar bases de apoyo.


Al año siguiente, 1982, la confrontación con los senderistas fue tan aguda que Uchuraccay expulsó a militantes que querían establecer allí una “Escuela Popular de Mujeres” y poco después el alcalde, Alejandro Huamán, quemó públicamente una bandera roja que Sendero había colocado en un cerro vecino.


Fue su sentencia de muerte porque a los pocos días fue asesinado por los senderistas.

A una hora de camino, en Huaychao, se vivía una problema similar pues Sendero asesinó al presidente y al teniente gobernador de la comunidad.

Al iniciarse 1983 se acentuó el drama. En varios poblados de Huanta, incluyendo Uchuraccay, los comuneros –alentados por los militares- mataron a por lo menos treinta senderistas y provocaron así elogios desmedidos del ejército y del gobierno, incluyendo al propio Presidente Belaúnde.

Por eso, el 22 de enero, los comuneros de Huaychao avisaron, gozosos, que habían ultimado a siete senderistas en una matanza cruel, a pedradas y cuchilladas. Leamos la reconstrucción de los antropólogos La Serna y Berrocal que llegaron a la comunidad más de veinte años después y encontraron sobrevivientes testigos y actores del crimen:
“Los comuneros de Huaychao y Macabama salieron a saludar a los guerrilleros, y los guiaron a su sala de asamblea… Apenas reunidos, los comuneros escucharon sus discursos que invitaban a alterar la estructura de la organización comunal, sus interrelaciones familiares y luego, calmadamente, se acercaron a los senderistas, sacaron las hachas, cuchillos y piedras que habían escondido bajo sus ponchos y los aporrearon hasta sucumbirlos”.

Los periodistas Gustavo Gorriti y Oscar Medrano de “Caretas” fueron testigos privilegiados de la tragedia pues llegaron a Huaychao en un helicóptero del ejército pocas horas después y enviaron prontamente textos y fotos que la revista publicaría como primicia ante el regocijo gubernamental.

Comentado el sangriento evento, el jefe militar Clemente Noel Moral declaró: “Hay una respuesta muy significativa del pueblo ayacuchano en desterrar el terrorismo. Con esta acción (se refería a las masacres de Macabamba y Huaychao) los hombres y mujeres están demostrando coraje y virilidad para no continuar siendo mancillados por un pequeño grupo de ideas descabelladas”.

El entusiasmo llegó hasta el diario El Comercio que el mismo día 26 de enero dijo en un editorial titulado “El pueblo se defiende”:
“Dos comunidades campesinas, entrañas vivas de la nacionalidad, han dado al país un ejemplo de viril certidumbre en la defensa de los derechos humanos y de sus derechos… el pueblo peruano es el de Huaychao y Uchuraccay. No se somete a delincuentes… lo que hace el pueblo con esa gente es darle su merecido. Para liberarse de su amenaza y para salvar al país de esa vergüenza”. (26.1.83. p. A-2).
La zona completa supo pronto de las muertes y de los elogios y recompensas a los ejecutores pues la noticia voló de pueblo en pueblo, incluyendo naturalmente a la comunidad de Uchuraccay que era ciertamente pobre y atrasada pero nada de primitiva como se hizo creer después.

El hecho es que la semilla de la violencia había sido sembrada y los comuneros colocaron vigías en los cerros que, premunidos de pitos, debían avisar si venían extraños. La consigna militar era: “Los amigos vienen por aire, los enemigos vienen a pie… a estos hay que matarlos”.

Esos “extraños” resultaron ser los periodistas que subían trabajosamente hacia Uchuraccay, esperando descansar un rato para luego seguir a Huaychao, el lugar de la masacre, donde esperaban confirmar varias informaciones.

¿Qué buscaban esos periodistas?
El penoso viaje de los ocho periodistas a las alturas de Uchuraccay ha sido descrito con detalle. Dónde pararon, qué comieron, el soroche de Sedano, el malestar de Chávez.


Pero muy poco sabemos del motivo real de la excursión, las razones por las que todo un equipo de corresponsales limeños poco preparados decidió afrontar un viaje que se sabía largo, difícil y, sobre todo, peligroso.


Todos estaban informados de que los feroces “Sinchis” de la policía hormigueaban en la zona, que Sendero anunciaba la guerra a los campesinos que habían matado a sus militantes, que la extrema tensión casi podía respirarse. Y a pesar de todo, decidieron el viaje.


Se afirma que el motivo fue llegar hasta Huaychao para comprobar razones y veracidad de los rumores de ejecuciones que Gustavo Gorriti y Oscar Medrano documentarían después para Caretas. Ambos llegaron a Ayacucho cuando los reporteros salían del Hostal Santa Rosa. Ni unos ni otros sabían de sus actividades. Y lograron lugar en el helicóptero para Huaychao al día siguiente, el 27. Constataron la matanza y regresaron a Ayacucho en la noche.

Pero ¿esto justificaba la temeraria excursión?

No tengo dudas de que esos magníficos periodistas se movilizaron por razones mayores, en búsqueda de noticias más importantes que la constatación de la masacre de Huaychao. José María Salcedo, por ejemplo, recoge la especulación de que los cadáveres de esa comunidad eran de niños y que mataron a los periodistas para impedir que llegaran a esa comunidad, siendo interceptados antes (“Las tumbas de Uchuraccay”, p. 189).


Pero hay otra hipótesis que nos parece verosímil: es probable que en Ayacucho hubieran hecho contacto con militantes senderistas y esperaban encontrar a sus mandos para hacer entrevistas, fotos. Sería una primicia mundial, un notición, pues hasta entonces Sendero era solamente un conjunto de fantasmas y de cadáveres que el Gobierno afirmaba que eran subversivos.

Aparentemente tenían como contacto al guía Juan Argumedo, a quien los comuneros de Uchuraccay reconocerían como antiguo senderista y lo asesinarían poco después de los propios periodistas.

Luego de conocer la matanza de presuntos senderistas en Huaychao, la comunidad de Uchuraccay entró en extrema tensión, temerosa de que en cualquier momento incursionaran las vengativas huestes senderistas. Dormían en agujeros en los cerros, velaban hasta el amanecer, vigilantes de cualquier movimiento, detenían a viajeros y se calmaban bebiendo cañazo del peor.


El 26 de enero en la tarde había una reunión en la casa de Fortunato Gavilán, el teniente gobernador. Las botellas volaban de boca en boca porque el día anterior habían celebrado un cumpleaños y el festejo tenía para rato.

“¡Ya están viniendo, los terroristas están viniendo!” gritó alguien y todos salieron corriendo hacia el cerro Wachwaqasa a atajar al grupo que se acercaba despacio, con las manos en alto, quizá agitando un trapo blanco.

El antropólogo Ponciano del Pino reconstruyó la escena a base de numerosos testimonios: 
“Los acorralaron a los pocos minutos, mientras otros corrían persiguiendo al guía que los había dejado en la cumbre del pueblo. En actitud bélica, los campesinos portaban palos, hachas, piedras y lazos. Los periodistas estaban temblando. “No podían hablar” es como recuerda uno de los campesinos que entrevisté. No había comunicación. Era un diálogo de sordos…”.
No escucharon a los que hablaban quechua, todos gritaban a la vez y finalmente les indicaron que bajaran hacia el pueblo… “una de las autoridades dudó y dio la orden de matarlos”.

Una treintena de hombres y mujeres, adultos y jóvenes atacaron ferozmente a los periodistas con palos, piedras, hachazos, golpes hasta hacerlos caer para rematarlos con crueldad.

Luego los desnudaron, robaron sus ropas y pertenencias y los enterraron superficialmente porque debían mostrarlos, como los de Huaychao. Y volvieron a beber, contentos de haber matado a los ocho “senderistas” y sin imaginar no solo que habían cometido un terrible error sino que habían asegurado su propia sentencia de muerte.

Porque en los próximos meses todos los verdugos de Uchuraccay serían asesinados, hasta un total de 137 de un población total de 400 comuneros. Repito: 137.

Los han matado a todos......
-“¿Los han matado a todos? Pero… ¡esos eran periodistas!” dicen que exclamó el joven teniente de la Marina Ismael Bravo, cuando escuchó estremecido y hasta incrédulo el relato de los campesinos. La patrulla de infantes y sinchis que comandaba había llegado al lugar del drama el 28 de enero para comprobar los avisos de mensajeros.


Asustados, comenzaron las recriminaciones, las acusaciones, los preparativos para escapar –como en el caso del gobernador Fortunato Gavilán, el primero en huir.


El oficial usó el radio, avisaron al general Noel Moral, éste a su Comando y la noticia llegó hasta el propio Presidente Belaúnde que llamó a sus jefes de Inteligencia para plantearles la interrogante: “Y ahora ¿qué hacemos?”.

Tomaron decisiones rápidas. “Hay que decir que esos campesinos, ignorantes y primitivos, que no hablan castellano los mataron porque llevaban una bandera roja. Todos deben sostener la misma versión”.

Y así fue. El discurso a que se aferraron se resume así: “Somos ignorantes, no sabemos, traían bandera roja… los jefes nos dijeron que matáramos a los que venían a pie”.


Luego siguió un verdadero huayco de acusaciones y reclamos. Esa debe haber sido la sensación de los comuneros de Uchuraccay cuando les cayeron como una avalancha más militares, periodistas, familiares y luego hasta una Comisión presidida por Mario Vargas Llosa, el escritor más famoso del Perú.

Escudados en su idioma, juramentando solidaridad, soportaron el chubasco de preguntas y hasta se dieron el lujo de atemorizar a la Comisión cuando comenzaron a ser cercados por las evidencias. Quizá pensaron que su crimen quedaría impune.

Pero semanas más tarde, quedaron solos. El problema se trasladó a Ayacucho, al juicio y el debate periodístico y los militares se desentendieron de Uchuraccay.

Quizá alguien dijo, a la peruana: “Bueno pues, que se jodan”.

Sendero Luminoso esperó con paciencia hasta la víspera de la fiesta del Espíritu Santo, el 20 de mayo, y esa noche arrastraron fuera de sus casas a veinte uchuraccaínos, buscándolos con una lista. Luego los asesinaron. Lo mismo hicieron el 16 de julio cuando llegaron nuevamente, siempre con una relación de nombres para matar a otros veinte.

El terror era ya general y los llamados de protección a las autoridades eran inútiles. La medianoche de Navidad los senderistas ingresaron tranquilamente al poblado y ultimaron a otros ocho.

Y así, semana tras semana, fueron siendo ubicados los participantes de la tragedia y asesinados. Probablemente el último fue Fortunato Gavilàn, encontrado cerca de la selva con un cartel en el pecho destrozado y que decía “Así mueren los perros traidores”. El número total de muertes fue, como dijimos de 137, adjudicados a Sendero, pero es muy probable que militares participaran en la eliminación de testigos molestos.

Cuando el juicio pasó a Lima, Uchuraccay ya era un pueblo fantasma donde nadie quería vivir. Los comuneros vecinos les habían robado el ganado, saqueado su casas y, sobre todo, repudiado hasta el punto de que nadie quería decir que provenía de Uchuraccay.


En 1987 un Tribunal Especial condenó a tres comuneros a prisión por el crimen.

Uno murió en la cárcel y los otros salieron relativamente pronto y desaparecieron.

¿Y el pueblo? En 1993 una veintena de familias se animó a regresar bajo la protección del Consejo Evangélico y, lentamente, la vida volvió a la Comunidad que reconstruyó sus casas en otro lugar y hoy se dedica a tejidos de exportación. Es casi próspera.

Pero el proceso Uchuraccay sigue abierto en el Sétimo Juzgado de Procesos en Reserva de Lima porque hay acusados no habidos y la justicia no puede hacer desaparecer un caso tan sobresaliente.

Los campesinos asesinos o cómplices resultaron ser, al final, la parte más frágil del conflicto y pagaron con la vida su trágica equivocación. Porque los verdaderos responsables –civiles y militares- fueron protegidos, encubiertos y se libraron de todo castigo. Fue, una vez más, el triunfo de la impunidad.

FIN


lunes 12 de diciembre de 2011


Horas Difíciles


El recién estrenado régimen de Ollanta Humala acaba de tener su primera crisis, producto del acorralamiento social generado por la ola de protestas de esas masas que lo encumbraron al Poder. Para algunos, lo que viene sucediendo es un "dejavu" de los pasos que dio el sentenciado Alberto Fujimori, hace veinte años atrás cuando accedió sorpresivamente a la presidencia de la República. Primero, se deshizo del entorno que lo encumbró (los evangelistas y representantes de los gremios laborales), luego militarizó los órganos represivos del Estado so pretexto de combatir a la subversión. Lo que sucedió después y sus consecuencias para salud democrática del país son harto conocidas.

Existen cerca de 200 conflictos sociales latentes en el país que amenazan desestabilizar al gobierno y que requieren de vías de diálogo para desactivarlos. Sin embargo, Ollanta, asesorado por su entorno, a escogido la linea dura, la confrontacional, la vía represiva para consolidar sí o sí la macroeconomía. Las señales enviadas a quienes están moviendo los hilos de las protestas sociales es: o calman sus ímpetus -guiados por sus apetitos políticos- o sufren la arremetida de las armas legales y represivas del Estado.

Mientras tanto, las zonas cocaleras, asoladas por la violencia y la corrupción, se tornan inmanejables y las Fuerzas Armadas se ven atadas de manos porque no cuentan con los recursos logísticos para enfrentar una guerra irregular, que ahora, más que nunca, es financiada por firmas del narcotráfico y su nueva gavilla de sicarios que se autotitulan revolucionarios.

Hoy, las fuerzas armadas de los hermanos Palomino han emboscado nuevamente a una patrulla del Ejército peruano en la zona del VRAE. Los jóvenes soldados son enviados al matadero cada vez que se alejan de sus fortines a enfrentar los rezagos subversivos. Tal como lo cuenta la investigación de la periodista Mónica Vecco, el desmantelado y precario sistema de comunicaciones con que cuentan las Fuerzas Armadas en el VRAE, es producto de una seguidilla de negligencias y actos de corrupción que deben ser esclarecidos.

Así las cosas, por un buen tiempo, al Estado le tocará la penosa tarea de lamentar las bajas de soldados y policías, mientras que en la primera zona productora de cocaína del mundo le espera días de bonanza en la producción, acopio y comercialización de la ilícita droga. Es tal su dominio de la zona que se atreven a financiar celebraciones y espectáculos para disipar tensiones. Por ejemplo, para el próximo fin de semana han gestionado la participación de las Hechiceras de la Cumbia en un baile general en la zona de Pichari. Como para no creerlo.

martes 6 de diciembre de 2011


Análisis de un acto obsceno



04 de diciembre de 2011
Fuente original La República
Escribe Jorge Bruce
Ni a Laura Bozzo se le hubiera ocurrido poner en escena el acto protagonizado ante las cámaras por el teniente Vergara de la PNP: comerse un billete de 200 soles, producto de una coima, mientras sus captores intentaban detenerlo. Miraba la escena en Youtube, a fin de redactar esta primera nota para las páginas de Domingo, cuya hospitalidad agradezco, y sentía una incomodidad creciente. ¿Era por lo grotesco de la imagen? Un rollizo policía motorizado, enfundado en su ceñido uniforme como un chorizo –por así decirlo– con botas y casco, forcejeaba con sus colegas de civil, mientras engullía la prueba de su corrupción: un billete extorsionado a un taxista, el mismo que lo había denunciado, harto de los abusos de este oficial que ya lo había asaltado antes.
Los otros, impotentes para detenerlo, repetían frases tan incongruentes como tautológicas: “¡Está masticando el dinero!”, “¡Está tragando, está tragando!”. Pero no se escuchaba grosería alguna, como sería de esperarse dada la intensidad emocional del momento, evidenciando su conciencia de la presencia de la cámara. Esa fue la pista para detectar el origen de mi reacción: si los policías se contenían –y por eso se les veía falsos e impostados como actores inexpertos– era porque se sabían observados. A mi vez, yo era uno de esos voyeuristas que gozaban contemplando esa obscenidad, a plena luz del día, en la puerta de una comisaría de San Juan de Miraflores.
¿Por qué obscenidad?
En psicoanálisis el dinero representa las heces. El carácter anal retentivo, por eso, es el de los avaros.
Simbólicamente, lo que estábamos viendo era a un hombre practicando la coprofagia: comer caca. Los excrementos humanos son una de las sustancias corporales más rechazadas por la civilización. De modo que ver a un sujeto, por añadidura uniformado, realizar esta trasgresión en público y ante cámaras tiene una violencia simbólica poderosa porque contraviene prohibiciones atávicas. De ahí que la coprofagia real en adultos sea un indicador de patologías severas.
No se trataba de cualquier billete, como efectivamente podría haber sido el objeto de un concurso humillante en un programa de la Bozzo (¡el que se coma un billete de 200 soles recibe otro igual!). El representante del orden intentaba desaparecer la prueba de su venalidad. En vano, pues lo estaban filmando y esto es acaso lo más interesante. ¿Lo hacía para cínicamente negar su corrupción? Conscientemente, puede que sí, como de hecho lo hizo, llegando al extremo delirante de denunciar a sus captores. Pero si traspasamos el sentido común nos encontramos con un síntoma social de mayor alcance.
Que quien encarna el imperio de la ley engulla el producto de la violación de dicha ley, ante la mirada de todos nosotros, espectadores pasivos de algo que sabemos sucede a diario, nos ubica en una posición patética. Porque lo que el teniente está masticando y tragando, como repetía esa versión limeña del coro en la tragedia griega, es la evidencia del verdadero funcionamiento de nuestro lazo social: casi todo el mundo paga coimas. Un amigo me contaba que dio veinte soles a un policía, quien le exigió: “dóblalo”. Mi amigo le dio veinte más. El agente tuvo que explicarle con gestos que doblara el billete para que no sea tan visible. Sin saberlo, Víctor Raúl Vergara intentaba negar la vergüenza de reconocernos en nuestra hipócrita moralidad. Eso era lo más obsceno del acto: ser un acto fallido que revela nuestro inconsciente.

viernes 25 de noviembre de 2011


La Gran Decantación


Foto de El Comercio
Fuente original Desde el Tercer Piso
Escrito por José Alejandro Godoy
25 de noviembre de 2011
Si en mi columna de ayer (disculpen la autocita) señalé cómo el flanco izquierdo iba a ocupar un rol menor durante el gobierno, hoy la situación ha escalado un nivel más.
En la edición de hoy del diario La Primera, Carlos Tapia hizo pública la carta de renuncia a su puesto como asesor político de la Presidencia del Consejo de Ministros. Una misiva bastante fuerte dirigida a Salomón Lerner Ghitis y que resume La República:
Según indica en la misiva, la renuncia habría sido solicitada originalmente por el propio presidente de la República, Ollanta Humala, quien habría asegurado que “o te vas tú o se va él”, en referencia al Premier.
Tapia García continúa agradeciendo el gesto de haberlo nombrado asesor político del consejo de ministros y sin embargo, en otra parte de la misiva denuncia un acto grave: seguimiento.
“Espero que, con mi alejamiento, los agentes de inteligencia, que me han hecho un seguimiento permanente, podrán dedicar su valioso tiempo a hacer las tareas propias de su actividad”, denuncia.
Esta acción de seguimiento sería asignada por el propio jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, a quien además critica de la siguiente manera: “Siempre me ha llamado al atención que la jefatura de la DINI se le encargue a un ex capitán del ejército, quien en los últimos años ha hecho labores de seguridad e información para compañía minera”, agrega.
En el siguiente párrafo dirige sus palabras hacia “un asesor brasileño”, quien habría sido una pieza vital en el triunfo de Ollanta Humala en al segunda vuelta:
“Considero muy dañino para nuestro proyecto político y para el propio liderazgo de Ollanta, la presencia de un asesor extranjero, que quizás fue necesario para ganar la segunda vuelta, pero ahora goza de un gran poder entre las sombras y es útil para operaciones políticas de todo tipo”
Varios comentarios sobre esta carta que es dinamita pura:
1. EL DETONANTE: Según Tapia, lo que provocó su salida es una entrevista brindada a Ideele Radio el martes, en relación con el conflicto social alrededor del proyecto Minas Conga. Tapia allí se refirió en términos muy fuertes a algunos defensores de empresas mineras:
“No puede continuarse una explotación minera como se ha venido haciendo en los últimos veinte años en el Perú, porque está demostrado que en los estudios de impacto ambiental, lobby que se hacen, la corrupción vigente, en la cual muchos felipillos de las empresas mineras, son portavoces, y por lo tanto, creen que llegando a acuerdos con dos, tres o cuatro funcionarios y cumpliendo tales y cuales trámites burocráticos, tienen legitimidad para pedir el apoyo de las Fuerzas Armadas, de la Policía para que definan sus intereses malamente conseguidos, eso tiene que terminar”, apuntó.
Pero también, curiosamente, dijo esto sobre el tema Conga:
“Creo que la misma propuesta del presidente del Consejo de Ministros de llamar a los alcaldes para conversar, sino se puede ahora porque se señala que no van a venir muchos alcaldes porque están preparando el paro, que se sea después del paro, pero que haya ese evento, pero que no se suscriba únicamente a Conga, que Conga sea el símbolo de que por fin los peruanos, el Estado y las empresas mineras nos ponemos de acuerdo para llevar a buen curso las potencialidades de la minería en el Perú y en el desarrollo de los pueblos”, señaló.
De hecho, más que un extremista, Tapia ha procurado buscar algún vehículo de entendimiento entre las tres partes en el tema minero. De hecho, él propuso un Pacto Nacional Minero que permita darle viabilidad a la inversión en este sector, salvaguardando al medio ambiente y la relación con las comunidades. Y esta es la línea que ayer Ollanta Humala utilizó en un discurso dado ayer. De allí que no se entiende lo ocurrido.
2. LAS FORMAS: Hay también un tema complicado aquí. Independientemente o no que se pueda estar de acuerdo con Tapia o con Humala, lo cierto es que el ingeniero rural fue una persona que se la jugó por el proyecto político nacionalista incluso cuando varios de nosotros señalábamos que era un error hacerlo. Y, de hecho, Tapia tuvo tareas de vocería y, posteriormente, de contacto con las organizaciones de izquierda, durante los 5 años en que el hoy Presidente era opositor. Que Humala le pida la salida por interpósitas personas es algo que le deja mal sabor de boca al hoy ex asesor. Feo que le hagas eso a una persona que puso su prestigio y trabajo para espantar cucos.
3. LA PRECARIEDAD DE LA IZQUIERDA: El sector de izquierda que acompañó a Ollanta Humala recién se percata de cuán frágiles eran sus vínculos con el Presidente de la República. Finalmente, parecen haberse dado cuenta que, más allá de algunos puestos gubernamentales, su programa no es el que se aplicará, que se harán pocos cambios graduales y que, peor aún, al haber apostado durante varios años a la imagen de Humala, perdieron tiempo en fortalecer sus propias organizaciones. Y allí ya dependerá de cada individualidad ver si se quedan o no en el gobierno.
Al final, creo que este sector pecó de ingenuo y creyó que la Hoja de Ruta era un camino táctico para luego aplicar La Gran Transformación (igual error cometió el sector de derecha más extrema).
4. LA DINI: Esto da para una línea de investigación completa. Tapia señaló esta tarde en RPP que le hicieron escuchar un audio de una conversación suya grabada. El ex asesor le ha echado el pato del presunto espionaje a Víctor Gómez Rodríguez, el jefe de la DINI, quien, como señala Tapia en su carta, ha sido jefe de seguridad de Antamina y de Southern Perú.  Hasta el momento, nadie en el gobierno ha aclarado este tema. Y la única voz ha sido la de la congresista oficialista Rosa Mavila pidiendo una investigación al respecto.
Ojo que una deuda pendiente de la década pasada fue reformar los servicios de inteligencia, cuestión en la que Toledo y García, por motivos distintos, no pusieron énfasis. Por ello, he aquí algo que, si no demoran en aclarar, le va a caer como una rueda de nieve al gobierno, sobre todo, porque el denunciante no es precisamente Aldo Mariátegui, sino una persona afín al régimen.
5. FAVRE: El asesor brasilero no era precisamente querido desde hacía tiempo en el sector más zurdo del gobierno. Ayer hicimos referencia a la columna de Raúl Wiener. Hoy citamos el artículo de Carlos León para Dedo Medio, en el cual, se señala la desesperación del sector zurdo cuando se percatan de su desplazamiento por los brasileros:
Entonces empezó el viento tibio, incipiente, lleno de voces del pasado. “¡A él lo vi en Alianza Revolucionaria de Izquierda! ¡Favre era trotskista! ¡De los que dividió a la izquierda!” recuerda uno con rabia, pero hacerlo ya era en vano. Da vergüenza mirar los sillones, las alfombras, el cuadro colgado en la pared con la foto de un Ollanta más joven y flaco, destacaba el polo rojo que nunca antes había parecido tan pálido como ahora. Pensaban, “y ahora qué”. Tampoco tenían a dónde irse, había que seguir no más, caballero.
Dicho esto, hay algunos temas que el gobierno deberá aclarar en relación con Felipe Belisario Wermus, conocido aquí como Luis Favre. ¿Está asesorando al gobierno formalmente? ¿Cuál es la relación que tiene el Estado con la empresa FX Comunicao Global? ¿Y cual es el peso real de Favre en el gobierno? Sobre este último punto, el comunicador brasilero ha dicho vía Twitter:
Tant va la cruche à l’eau qu’à la fin elle se casse. El pez por la boca muere. Ladran Sancho etc.
Y estas preguntas se hacen mayores considerando las cercanías de este gobierno con el PT, así como las cercanías del partido de gobierno en Brasil con empresas que tienen intereses en el país. Cuestiones que, por cierto, no se dicen solamente ahora.
El gobierno está en una etapa de definiciones y, probablemente, ello llevará a ajustes en el elenco. Sin embargo, las formas y los métodos empleados también pesan mucho y, si los mismos no se cuidan, no solo se dejarán resentimientos en el camino, sino también una mala imagen o sospechas que no son buenas para ninguna democracia, por más frágil que ésta sea.

martes 22 de noviembre de 2011


Gobernar no es tan fácil


13 de noviembre de 2011
Escribe: Fernando Rospigliosi

Ollanta Humala y su gente había prometido manejar y terminar con  los conflictos sociales. La receta: prevención y diálogo. Creyeron descubrir la pólvora.
Una de las constataciones más preocupantes de estos cien primeros días, es la falta de liderazgo del presidente Ollanta Humala. Lo que ha ocurrido con el vicepresidente Omar Chehade es una muestra clara de ello. En el mal tratamiento de los conflictos sociales es también patente esa carencia de liderazgo.
La hora de los conflictos
Aunque era evidente que si ganaba Humala los conflictos aumentarían, muchos estaban empeñados en creer lo contrario. Las razones para el incremento de la conflictividad social están a la vista.
En primer lugar, los promotores de los conflictos han votado por Humala. Es natural que sientan que ha llegado su hora. Sus expectativas eran inmensas, no solo por el entusiasmo que despierta una campaña electoral, sino porque tenían razones para pensar que Humala en el gobierno les daría lo que pedían.
Humala y sus partidarios habían alentado en el quinquenio precedente cuanta movilización encontraban en el camino. Específicamente, el candidato presidencial se había pronunciado en Cajamarca contra la minería, como se han encargado de recordarle ahora.
En segundo lugar, el gabinete presidido por Salomón Lerner se comprometió a respetar la política económica y la inversión privada, en particular la minera. El acuerdo alcanzado con los representantes de ese sector para elevar los impuestos en 3.000 millones de soles al año, da por sentado que los proyectos mineros se incrementarán en el próximo quinquenio.
La contradicción entre ambas posiciones –las dos presentes en el gobierno– es insalvable.
En tercer lugar, el gobierno carece de la capacidad política para manejar los conflictos. Sus principales funcionarios, empezando por el presidente de la República, no los entienden. Y, peor todavía, carecen de los operadores políticos para intervenir adecuadamente. Así, las cosas terminan siempre recayendo en manos de la Policía que, además, es claramente impotente para imponer el orden. (El ministro del Interior está escondido).
Humala y Lerner dicen que el proyecto Conga seguirá adelante. Pero en Cajamarca, los congresistas humalistas y el gobernador nombrado por el gobierno se suman a las movilizaciones contra la minera. Nadie defiende la posición del Ejecutivo, ni trata de persuadir a la opinión pública de sus beneficios, ni de contrarrestar la propaganda antiminera.
En Andahuaylas, una huelga que empieza con justificada razón contra la minería informal, se convierte en una asonada contra toda la minería. Igual que en Cajamarca, nadie explica, convence, persuade.
Al final, cuando las cosas ya están fuera de control, mandan a dos ministros que no tienen ninguna experiencia en manejo de conflictos. Van a negociar, además con las carreteras tomadas. Y para colmo, lo hacen en la ciudad que es el centro de la revuelta, con la muchedumbre acechándolos. No es de extrañar que todo haya terminado en un desastre, con los ministros huyendo despavoridos y la turba apropiándose de la ciudad.
Para colmo, firman desde Lima un acta donde se comprometen a abogar por el fin de la minería en dos provincias. Una capitulación inútil, además, porque no ha logrado tranquilizar a los revoltosos que se sienten vencedores. Como es obvio también, esta derrota del gobierno va a incentivar nuevas revueltas en otros lugares del país.
¿Esa es la prevención que anunciaban? ¿No era que los humalistas sí sabían dialogar a diferencia de los anteriores?
Tienen que decidir
Los nuevos gobernantes todavía no parecen haberse dado cuenta que han sido elegidos para gobernar. Concretamente, en el caso de los recientes conflictos sociales, pretenden jugar el papel de facilitadores: se sientan en la mesa para que las empresas y los que están en contra de la minería expongan sus puntos de vista, tratando de acercarlos. Absurdo. Ese no es el rol del gobierno.
Tienen que dialogar, pero con una posición definida, tratando de persuadir a los que no están de acuerdo y haciéndoles ciertas concesiones, pero sin abdicar de su objetivo central.
Si el presidente y su entorno son conscientes que la minería es indispensable para el desarrollo del país, tienen que apoyarla y movilizar a sus operadores políticos con ese propósito. Y cesar a los enemigos de la inversión privada que ocupan cargos claves en el Estado, que están saboteándola.
Si hay empresas que no respetan las normas medioambientales, tienen que sancionarlas o cerrarlas, pero si actúan de acuerdo a la ley, respaldarlas.
O, si Humala vuelve a sus propuestas originales, que lo diga ya, que dé la razón a los antimineros y prohíba la minería en todo el país. Si este es el caso, que despida a Lerner y Miguel Castilla, y que nombre a Javier Diez Canseco y Félix Jiménez para reemplazarlos. Y que traiga de Cajamarca al presidente regional Gregorio Santos y lo nombre ministro de Energía y Minas. O al padre Marco Arana.
Pero que se defina de una vez, que asuma el liderazgo.