lunes, 12 de septiembre de 2011


Entre el estilo K y el estilo H


Revista Ideele

Septiembre de 2011


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Mirarse en el espejo argentino puede ser un interesante ejercicio para ver las fortalezas, debilidades y posibles porvenires de una gestión que se estrena en el Perú.
Antes y después de que Humala tomara el mando se instaló una especie de modelofilia en la cabeza de los comentaristas. Quizás alentados por los temores del acá y del acullá, encasillar al mandatario en un esquema conocido podía servir para controlar daños y soliviantar pesares.
Venezolano, ecuatoriano, brasileño y boliviano son modelos que aún juegan en la balota. “Nosotros seguiremos el modelo peruano”, dijo al fin el Presidente del Perú, y agregó el famoso “ni calco ni copia” del Amauta, luego de haber invocado, también, al antagonista Haya de la Torre.
Para contribuir a la modelística presidencial, proponemos un esquema que ha sido poco mencionado y que a algunos podría sonar absurdo debido a las diferencias entre nuestras sociedades: el modelo argentino. No es que ellos tengan su tango y nosotros nuestro Tongo, sino que la propuesta humalista guarda relación con los fundamentos del peronismo histórico, revalorados en la era Kirchner. El peronismo es un fenómeno histórico bastante complejo y muy distinto a la emergencia del nacionalismo que propugna Ollanta Humala, sin embargo hay algunas características que se tocan en el presente.
Asomarnos al espejo argentino permite jugar con los pasivos y activos de un régimen que tuvo y tiene para todos los gustos. Néstor Kirchner  llegó al poder en el 2003 con un gran signo de interrogante como aura. Había sido gobernador de Santa Cruz, cargo en el que no se diferenció mucho de sus antecesores. Ni siquiera el haber desempeñado una labor pública daba muchas luces sobre él.
Néstor, un tipo introvertido y de aspecto sombrío, llegó casi por azar a la Presidencia en un momento en que Argentina se debatía entre la sobrevivencia y la muerte. La respuesta de la siempre irónica historia al grito del “que se vayan todos” fue sentar en el sillón a un curtido político de una de las más añejas organizaciones gauchas: el peronismo.
Kirchner reunía todas las condiciones para ser uno más en la fila de presidentes removidos. Por esa época un analista político comentó que Argentina parecía un casting de malos presidentes. Uno tras otro se sucedían dilapidando los restos de confianza y dignidad. Pero Kirchner sorprendió. En primer lugar, porque logró cumplir su periodo… Bueno, y más. Un logro notable en tiempos en que Argentina había dejado esa sana costumbre. Por esos años el problema en ese país no eran las eternas dictaduras militares, sino los fugaces gobiernos democráticos. Otro de sus logros fue concretar una extrañada estabilidad económica y política. Llegó cargando una mochila de resquemores e indiferencia y terminó imponiendo un inusitado estilo de gobierno. El estilo K no tardó en ser recurrente en los deschaves políticos argentinos.
Antes de que eso ocurriera, Kirchner tuvo que atravesar una ardua contienda en la que se enfrentó nada menos que con Carlos Saúl Menem. Allá, como acá, los poderes fácticos imponen a los candidatos determinadas condiciones para ser “elegibles”. Kirchner prometió mantener al ministro de Economía de Duhalde, Roberto Lavagna, y cumplió; al mismo tiempo que se reunía con expresivos líderes del bloque sur: Chávez y Lula.
El caso del ex comandante Ollanta Humala empata, entre otras cosas, en la parte de la mochila carga-temores. En el Perú conocemos bien la historia: Ollanta fue un comandante del Ejército que protagonizó una rebelión en el poblado de Locumba en contra del régimen de Alberto Fujimori, que por esa época ya fenecía. Luego sería vinculado al “Andahuaylazo”, una asonada protagonizada por su hermano Antauro contra el gobierno de Alejandro Toledo.
Históricamente podría establecerse un paralelo entre los orígenes del movimiento humalista y el peronismo, al que pertenecía el presidente Kirchner, salvando las distancias de tiempo y contenido. Ambos tuvieron al Ejército como incubadora, ambos fueron críticos del statu quo y ambos fueron portadores de un discurso nacionalista y populista. Con el devenir de los años los dos movimientos se institucionalizaron. En el caso del peronismo, hasta convertirse en una de las columnas del sistema en Argentina (con lo precarias y criticables que suelen ser las democracias en nuestro continente, hasta hace poco incontinente en forjar dictaduras). En el caso del nacionalismo todo está aún por verse, aunque hay que anotar que Ollanta Humala terminó siendo el candidato de la sociedad civil en las últimas elecciones. Y de momento no hay señales de que una de las mayores resistencias hacia Humala —la voluntad de patear el tablero— se haga realidad después de haber sido elegido.
Acá algunas otras anotaciones sobre dos experiencias que, a pesar de las diferencias de contexto, reúnen algunas coincidencias interesantes:
Apoyo de la sociedad civil Ollanta Humala no era el favorito de la sociedad civil peruana. Su pasado militar y su pesado familiar no aplicaban para los patrones de un sector en el que se valora más un liberalismo político y un pragmatismo económico. Humala dejó meridianamente claro que es conservador y, si se puede, hasta moralista, y que en lo económico aboga por una mayor participación del Estado.


Pero las circunstancias terminaron convirtiendo a Ollanta Humala en su favorito. Días antes de la definición de la segunda vuelta fueron apareciendo numerosos comunicados de distintos gremios respaldándolo. Nunca las elecciones peruanas registraron un despliegue como ése. En las elecciones del 2006, más bien se podría hablar de una sociedad civil partida en medio de un debate a puerta cerrada. En esta oportunidad la toma de posición fue pública.
El sector profesional progresista, que durante la administración de García estuvo muy alejado del gobierno y que tuvo una mediana participación en el régimen de Toledo, en el actual Gobierno de Humala se ha convertido en su materia prima profesional. Salvando, claro, el tema del manejo económico, aspecto en el que Ollanta, como Kirchner, decidió mantener en el mismo camino que sus antecesores.
Si bien Néstor Kirchner empezó su era familiar con interrogantes pero sin mayor expectativa, fue dando de a pocos señales que mostraban una clara diferencia con Carlos Menem. Se ganó la confianza de un sector de la sociedad civil, en especial las ONG de derechos humanos y organizaciones de víctimas; también del gremio de trabajadores y profesionales. En ese aspecto superó con creces las expectativas que se tenían de él.
Hoy el apoyo a las organizaciones de víctimas de la dictadura de los años 1970 le pasa factura con el escándalo de las Abuelas de Mayo, pero en ese entonces fue un gesto importante que ayudó a subsanar la deuda histórica que tenía el Estado argentino con las víctimas de la guerra interna.
Apoyo a la causa de los derechos humanos Luego de la primera parte del gobierno de Alfonsín (en la que hubo algunos avances), la impunidad se apoderó del país. La Junta Militar argentina, una de las más crueles y sanguinarias de América Latina, pronto fue perdonada y beneficiada con leyes de amnistía y punto final.
Néstor Kirchner, contra todo pronóstico, se compró ese pleito. Derogó las leyes de amnistía que favorecieron a la dictadura y sus cómplices, y dio todo el apoyo al sistema de justicia para que actúe con probidad y eficiencia. Durante su gobierno no se volvió a saber de los zarpazos golpistas de los carapintadas. Las ONG de derechos humanos acompañaron y respaldaron al gobierno en este proceso.
La relación de Ollanta Humala con los derechos humanos es cuando menos singular. El ex comandante del Ejército ha sido acusado de violar los derechos humanos en la Base Militar de Madre Mía. El Informe de la CVR en el Perú menciona a un tal Capitán Carlos como el protagonista de múltiples vejaciones a la población. El tristemente célebre Capitán Carlos no sería otro que el actual Presidente de la República.
De momento, esos sucesos son historia pasada. La justicia peruana no ha logrado probarle nada, pero él tampoco ha podido demostrar fehacientemente su inocencia. Sin embargo, este mismo militar ha sido, desde su irrupción política, uno de los candidatos que más ha incorporado en su discurso el tema del respeto a los derechos humanos.
No solo eso. En su equipo político inicial, y que se ha mantenido hasta hoy, aparece gente ligada al movimiento de derechos humanos; incluso ex miembros de la CVR, como Carlos Tapia. Los últimos anuncios de Ollanta Humala ya como presidente han sido cambiar de nombre al Ministerio de Justicia por Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y crear un Viceministerio de Derechos Humanos. Además de poner énfasis en el plan de reparaciones a las víctimas de la violencia política, tema que descuidó ostensiblemente el anterior gobierno.
Si Ollanta Humala fue o no fue el Capitán Carlos, quizá nunca lo sabremos. Pero si la respuesta es afirmativa, a Humala le caería bien aquello de borrar con una mano lo que hizo con la otra. En este caso, sin embargo, la frase tendría una connotación positiva.
No está de más anotar que el primer gobierno de Juan Domingo Perón no fue ajeno a la caracterización de los demás gobiernos militares: mucha represión y violación de los derechos humanos, y que fue en su segundo gobierno cuando la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), destinada a eliminar a la guerrilla peronista argentina, inició sus siniestras labores.
Discurso progresista Ollanta Humala, como Perón, nunca se consideró socialista, ni siquiera de izquierda, lo que lo diferencia de los actuales líderes del ALBA, a pesar de que se le ha ligado insistentemente con ellos. Desde un punto de vista doctrinario, el socialismo de Chávez, Correa y Evo podría cuestionarse, y, de hecho, hay en sus países muchos políticos de vieja guardia y larga data que guerrean contra una franquicia socialista que según ellos no pertenece a sus actuales mandatarios.
Durante su primera gestión, Perón implementó una serie de políticas sociales que beneficiaron a los trabajadores. Sumadas a un discurso encendido y al papel de su esposa Eva Perón, abanderada de los “descamisados”, tuvieron fuerte impacto en los sectores populares. Aunque hasta ese momento no se le vinculaba a movimientos izquierdistas o revolucionarios: más bien se hacía hincapié en su relación con el fascismo. De hecho, el largo destierro de Perón fue en la España franquista.
Al finalizar la década de los 60 se empezó a gestar, apadrinado por Juan Domingo Perón, el movimiento de Los Montoneros, una especie de “peronismo revolucionario”; una guerrilla urbana de izquierda que tuvo su origen en el Movimiento Nacionalista Tacuara.
Hubo un tiempo en el que Ollanta Humala también fue acusado de fascista, sobre todo cuando se le vinculaba a su hermano Antauro y el discurso etnocacerista, que inflamaba la cuestión racial. De acuerdo con esa doctrina, la raza cobriza es superior a las demás. Posteriormente Ollanta deslindó con esas posturas y desarrolló el concepto del nacionalismo, término al que la izquierda y la derecha en el Perú, por diferentes motivos, le han tenido siempre alergia. Para los liberales y los izquierdistas ortodoxos el nacionalismo no puede ser otra cosa que un paso hacia el fascismo.
En la era Kirchner no ha habido una reivindicación abierta del nacionalismo, pero sí algunos gestos importantes, como la “Declaratoria de Mar del Plata” y otros en que ha primado un discurso de soberanía. Además de una política internacional alejada de las formas cortesanas con la que sus antecesores se vinculaban a los Estados Unidos, lo que les costó algunos wikilinks. Néstor Kirchner se jactaba de haber terminado de pagar su deuda externa y no deberle un peso al FMI. Sin duda, le inyectó una dosis de autoestima a un pueblo que de pronto se las vio con un déficit de su principal característica.
Ollanta Humala, por su parte, en la primera parte de su campaña hizo del discurso nacionalista su principal argumento de batalla. Inventó, junto a su principal ideólogo en materia económica, Félix Jiménez, el concepto de “economía nacional de mercado”, que nunca han sabido explicar del todo bien, pero que tiene que ver con un deslinde económico con la política de privatizaciones seguida por los gobiernos anteriores y muy acorde con el Consenso de Washington.
Centro-izquierda Actualmente la postura de Ollanta Humala ha virado hacia la centro-izquierda. Se podría considerar como una socialdemocracia en esos tiempos peruanos en que esa tendencia era declarada desierta. Lo más próximo a ella pudo haber estado representado por Perú Posible, pero su líder no parece haber tenido la talla ni la audacia como para hacerse del reto. Por buen tiempo el centro en el país yacía abandonado. Ni bien llegó al gobierno, Alan García lo dejó. Con una voracidad instantánea se hizo sitio en la derecha, una zona donde parecía que ya no cabía ni uno más, tal como señala Aldo Panfichi en su “Alan enterró al APRA popular”. Durante todo ese tiempo Alejandro Toledo emitió señales demasiado difusas como para captar una vacía tribuna intermedia.
Desde la centro-izquierda hasta el extremo le dejaron a Ollanta Humala el camino libre. El APRA histórico guarda muchas similitudes con el peronismo histórico, solo que uno tuvo un origen militar y el otro uno civil. El nacionalismo de Ollanta Humala, de raigambre militar, recogió las banderas que García terminó de arrojar. De ahí que las citas acerca de Haya de la Torre en su mensaje presidencial hayan sido algo más que retórica efectista.
El peronismo, un partido que ha acompañado gran parte de la vida republicana argentina, ha atravesado por diferentes momentos. Para situarnos en las últimas décadas, hubo un tiempo en el que representó los intereses de la derecha en su facción más privatizadora. Fue con Carlos Saúl Menem. Con la era Kirchner el peronismo estaría retomando las banderas históricas del movimiento, que, haciendo un símil con nuestro país, representaría las reivindicaciones por las que el APRA histórico tanto luchó.
El actual peronismo tampoco se ubica en una posición extrema. Tiene buena relación con el grupo del ALBA, pero sin ser parte de él. En Argentina, tanto el Partido Radical como el Justicialista (peronismo) se reivindican como institucionalistas, pero la política social de los últimos, sus posiciones políticas y sus variantes económicas, acompañadas de un discurso por momentos encendido, lo ubican más a la izquierda. A diferencia del APRA de García, que en su reacomodo se arreconchumó hacia la derecha dejando el centro desolado y a una izquierda con viada, el peronismo de los Kirchner dejó a la izquierda sin muchas banderas originales que agitar y sin bastiones sociales inconmovibles.
Tanto el peronismo como el nacionalismo son movimientos políticos de amplio espectro. Ambos tienen un sector de derecha, otro de izquierda y un centro que debe permitirse avanzar sin que se agudicen las contradicciones al interior de ellos. 
Matrimonio de poder La primera asociación que alguien podría hacer entre los Kirchner y los Humala viene del lado parental. Representan, ambos, un matrimonio con claras ambiciones políticas. La connotación negativa o positiva del término depende del lector. Los medios de comunicación han invertido, en el caso de cada país, los roles que le atribuyen a cada cual. En Argentina se decía que Cristina era un apéndice y aprendiz de su esposo. Que el cerebro de la facción peronista que ellos encabezaban era Néstor. Cuando el ex presidente argentino falleció, declararon la muerte en vida de la gestión de Cristina. ¿Qué hará ahora sin él?, se preguntaban algunos, y no se podía disimular un tufo machista.
Pero en el Perú, que no es un paraíso del antimachismo, el análisis del matrimonio ha tenido una connotación distinta. Se dice más bien que es Nadine Heredia quien lleva la voz cantante, y que es el cerebro del movimiento nacionalista. Son conocidas las crónicas de los periodistas que señalan que en cada entrevista o discurso Nadine está a la distancia dictándole la pauta con gestos. 
Círculo hermético Una de las primeras cosas que quedaron claras desde los primeros días del flamante Presidente peruano es que la era de los mandatarios extrovertidos había terminado en nuestro país. Ollanta Humala ha dejado clarito que no le interesa salir todos los días en medios de comunicación, ni tener una relación tan distendida con la prensa como su antecesor.
Pero su timidez no termina ahí. Si ya como candidato resultaba poco asequible, como Presidente ha reforzado este rasgo. En la época en que estaban definiendo el equipo ministerial, circulaba el rumor de que no había nadie en su entorno que supiera con certeza siquiera el nombre de quién sería el Primer Ministro. El núcleo duro era un binomio: el matrimonio presidencial.
Esta etapa tuvo momentos exasperantes, como mostró una carátula del periódico La Primera, que representa el ala izquierda del humalismo, en la que denunciaban que la derecha había prácticamente secuestrado al Presidente y lo tenía alejado de sus bases. Sin embargo, lo observado en ese momento, más que de una reorientación ideológica, hablaba de un estilo de gobierno que seguramente va a seguir generando conflicto. ¿Y abortando otros? Quizá. Un gobernante introvertido viene con hueso pero también con carne.
Claro que el estilo H parece que no tiene que ver con el plan H después de haber vivido dos periodos liderados por presidentes no necesariamente vinculados al trabajo arduo. Entre un presidente caricaturizado como licencioso y el otro inflado por intereses diversos, Ollanta Humala aparece como austero y chambeador.
Los Kirchner también representaron un enigma durante mucho tiempo en Argentina. Penetrar en su círculo resultaba algo muy complicado. Un presidente introvertido pero eficaz era algo que no le caía nada mal a una Argentina que apenas podía salir de la era Menem, quien se caracterizaba más bien por un estilo payasezco con pretensiones de play boy. Por el contrario, el estilo cerrado y austero de Néstor Kirchner fue parte del tan comentado estilo K.
Más bien, la personalidad de las esposas guarda una cada vez mayor similitud. Nadine, que en la etapa “polo rojo” parecía anhelar ser una Evita moderna, defensora de los descamisados peruanos, ha terminado siendo la silueta de Cristina Kirchner, tan glamorosa y extrovertida. La feria de vestidos que pasan por el despacho de la Primera Dama y sus reveladas ansias presidenciales calzan de manera especial con el perfil de la ex primera dama argentina y actual Presidenta.
Relación áspera con la prensa Se sospecha que la pésima relación de los Kirchner con la gran prensa argentina empezó cuando ésta se dio cuenta de que aquel hombre discreto, de pocas palabras y ceño fruncido, no pensaba replicar las fórmulas y formas que hasta ese momento habían hundido a Argentina en una de sus mayores crisis. Algo muy simpático y loable pero que, de facto, se peleaba con algunos sectores que hasta entonces, y a pesar de la crisis y el desfalco generalizado, no se habían “mojado”.
El diario El Clarín no tardó en declararle la guerra. Un conflicto que fue prolongado y que atravesó las tres gestiones del matrimonio. “Nunca se ha visto en Argentina cómo un periódico pueda ser tan insolente con un presidente”, comenta una activista de derechos humanos, en relación con los titulares de los periódicos sobre Cristina Kirchner. La Presidenta, que tampoco aguanta pulgas, no tardó en enredarse en un caso truculento. Se sospechaba que los hijos de los dueños de El Clarín habían sido en realidad hijos de montoneros adjudicados de manera ilegal al matrimonio. Se trataría de uno de los miles de casos de trata de niños perpetrados por la dictadura argentina a finales de los 70. El asunto está en litigio y no tardará en resolverse, pero la relación con la prensa no. Tanto el Ejecutivo como los grandes medios de comunicación sienten que tienen sangre en el ojo.
Ollanta Humala nunca tuvo un punto de ruptura con la prensa. Es que nunca lo quisieron, y es difícil que se rompa algo que nunca existió. Hablamos de la gran prensa, claro. Desde que emergió como hipótesis de candidatura, encarnó los temores más profundos de la clase empresarial, muy especialmente de los medios de comunicación. La vinculación con Chávez desde el 2006 tenía atada la restricción de la libertad de expresión y la amenaza de cierre de medios que estaba ocurriendo en otros países.
En las últimas elecciones bajó el tono de sus propuestas, y subió con ello la adhesión de algunos actores importantes. Pero la gran prensa se la seguía teniendo jurada. Precisamente uno de los puntos que generó mayor controversia es que en una de las partes de su plan de gobierno tomaba como ejemplo la experiencia argentina respecto de la democratización de los medios de comunicación.
Humala no era su favorito, y toda la antesala de las elecciones avizoraba una relación confrontacional. Sin embargo, la batalla fue tan dura que hizo retroceder al Presidente punto por punto. Los medios de comunicación serán intangibles, dijo, y aludía a la libertad de expresión, pero también a la propiedad de los medios existentes. Sin embargo, los dueños de estos medios aún no están tranquilos. Su aún contenida respiración se debe al debate de las licencias de la televisión digital que un obsequioso ex presidente les donó antes de terminar su mandato.
***
Cuando hablamos de los caminos posibles que tiene ante sí el presidente Humala y hacemos referencia a los transitados por otros países sudamericanos, no nos anima el papel de conejos que dan consejos. Por el contrario: pensamos que cada país y cada modelo, por mejor intención que haya tenido en sus orígenes, traen consigo un cargamento de frustraciones propias y ajenas que lo van contaminando.
Si hemos pensado en Argentina como referencia es por las similitudes en el discurso y en el ideario de los movimientos que lideran la gestión en ambos países. Por supuesto que las diferencias son onerosas, para gracia y desgracia. Ambas son sociedades de mucha explosividad social. Ojalá que el presidente Humala logre avanzar en el proceso de cicatrización de heridas.
Entre el estilo K y el estilo H, una seguidilla de emes va creciendo (mmm). Veremos qué pasa.

miércoles, 7 de septiembre de 2011


Puno y el descontrol total

Transcribo un resumen de la carta de Martha Giraldo, una antigua militante izquierdista de Puno, que fue poco difundida en vísperas de las últimas elecciones presidenciales y que grafica el atraso de la zona aymara y su negativa al desarrollo contemporáneo.


Gastón Acurio afirmó que ser empresario es “un privilegio, un honor y una responsabilidad”; y efectivamente así es, pero en Puno, reconocerse empresario es un acto de estoicismo, porque hay que resistir epítetos como “testaferro, explotador, miserable, vende patria”.
No es casual ni fruto del abandono estatal y/o privado que no haya inversiones productivas en la región (a excepción de algunas mineras y hoteles). No se puede invertir en Puno, no se puede comprar tierras, no se puede instalar industrias porque fracasan frente a la competencia del contrabando, no hay mano de obra calificada, no hay proveedores primarios de calidad y formales. (...) Puno es una zona emisora de gente emprendedora, laboriosa y triunfadora, ¿dónde no hay puneños exitosos sobre todo como comerciantes?
En este panorama, ya desmotivador y preocupante, en el que es frecuente que la emergencia sea por frío, sequía o inundación, se grita a todo pulmón: ¡No a las concesiones mineras, petroleras, hidroeléctricas! ¡No a la presencia de empresarios foráneos! ¡No a las empresas chupa sangre! ¡No al turismo que sólo beneficia a las grandes cadenas chilenas! ¡No a todo!
¿Qué papel juegan los medios? A la radio acceden todos, en el campo y las ciudades. Existe infinidad de emisoras que en muchos de sus programas (en quechua y aymara especialmente) difunden como “noticias” afirmaciones alucinadas; la TV da cabida a dirigentes, líderes, profesionales que sin rigor ni objetividad dan por ciertas dichas afirmaciones y elucubran análisis y teorías de despojo, venta, saqueo, entreguismo de parte de empresarios y funcionarios. Hace 25 años me propuse, por salud mental y tranquilidad espiritual, no escucharlas, pero, desde que vine a Suasi no puedo evitarlas, porque quienes colaboran conmigo las tienen encendidas. No me sorprende el impacto en el alma, corazón y pensamiento de miles de profesionales, comerciantes, contrabandistas, narcotraficantes, etc.
Saben de mi entrañable identificación con Puno, pero desde tiempo, siento que con muchas de sus gentes, menos cosas me unen; respeto las diferencias culturales, pero también creo que hay valores universales como la verdad, el respeto, la tolerancia, la alegría por el éxito ajeno, el cuidado de niños y ancianos, la amistad sincera. El aire está enrarecido y no por la altura, racismo y odio increíbles son lo que he visto y he escuchado en rostros de personas que creía amigas y eso me lacera el alma.

MÁS

Tres parágrafos enviados desde Puno

La República
Por Mirko Lauer

Cito, muy levemente retocados, algunos comentarios escritos y difundidos a mediados de mes, antes de que la sangre llegara al río, que me hace llegar mi amiga Martha Giraldo Alayza sobre la situación en Puno, donde ella vive.
Hay un gran contrabando, de tales volúmenes que se distribuye hasta Arequipa, Lima, Cusco, Madre de Dios, Abancay, que cuenta con soporte logístico de almacenes, camiones, buses, camionetas, talleres de reparación, tiendas de repuestos, seguridad, etc. y del que todos los ciudadanos de Puno nos servimos alegremente en la medida de nuestras necesidades (por ejemplo, licores, galletas, chocolates, sábanas, artefactos, caprichos para el buen comer y vivir); minería informal descontrolada (quebradas amazónicas y al pie de glaciares en Ayapata, Coaza, Sina, Limbani, Phara, Patambuco, San Gabán, Ananea/ Rinconada, solo aquí se calculan  más de 30 mil extractores y que se proveen de explosivos, botas, cascos, mamelucos, gas, combustible, linternas, miles de celulares, vía el contrabando), cocales en expansión en los valles de Sandia, San Juan, San Ignacio, San José, Putina Punko, San Gabán, Ayapata, Coaza, es vox populi que ahora se transforma en cocaína  y se  exporta hacia Bolivia.
Una compleja, desigual y tensa convivencia entre un pequeño sector empresarial formal y una gran masa de hábiles y avezados productores y comerciantes informales, ilegales, a los que el Estado no ve, no siente, no huele.  
Gastón Acurio afirmó en TV que ser empresario era “un privilegio, un honor y una responsabilidad”; y efectivamente así es, pero en Puno, reconocerse empresario es un acto de estoicismo, porque hay que resistir epítetos como “testaferro, explotador, miserable, vendepatria”.  Estos calificativos son endilgados a los mestizos formales, sean locales o venidos de fuera. Los miles de empresarios informales simplemente no son empresarios, son parte del pueblo sufrido y excluido del sistema, aunque movilicen millones de dólares en mercadería ilegal, tengan flotas de buses, camiones, tráilers, maquinaria pesada, usufructúen yacimientos mineros informales, cocales, cafetales, tiendas y mercados, casas de cambio, cientos de tiendas de computadoras y teléfonos, inmensas ferreterías, no solo en Puno, en Arequipa, Tacna, Moquegua, Madre de Dios, Cusco, llegando incluso hasta La Paz, Río, Sao Paulo. Ser quechua o aymara, es garantía de contar con una patente étnica para todo lo permitido, legal pero también y sobre todo, para lo ilegal e informal que se pueda hacer. El normal, tradicional y ancestral intercambio fronterizo, ha devenido en economía paralela que mueve millones, corrompe y ejerce presión a todo nivel, de la misma forma que los grupos mineros informales y cocaleros.
No es casual ni fruto  del abandono estatal y/o privado, que no haya inversiones productivas en la región (excepción de algunas mineras y hoteles), no se puede invertir en Puno, no se puede comprar tierras, no se puede instalar industrias porque fracasan frente a la competencia del contrabando, no hay mano de obra calificada, no hay proveedores primarios de calidad y formales. Siendo la mayor zona productora de fibras y lanas, ni una sola planta que las lave y las industrialice, ¿por qué? Ni una planta de beneficio de carnes, siendo la primera región productora de carne de res y ovino.
En Puno, tanto en el campo como en la ciudad, entre aymaras, quechuas y mestizos, la circulación de rumores y afirmaciones alejadas de la verdad es increíblemente profusa, ni la típica chismografía limeña se puede comparar y solo para que se hagan una idea, unas cuantas perlas: “Toda el agua es propiedad privada de García Pérez, que la vende al mejor postor y que es socio de las empresas que compran”; “El lago Titicaca está vendido a los chilenos”; “Los hoteles Libertador son propiedad de Fujimori y sus socios chilenos”; “Casa Andina, cadena hotelera chilena”; “La isla de Suasi ha sido vendida a los chilenos”; “Desde Suasi se bombea agua al norte de Chile”; “Las empresas mineras pagaron canon solo en la época de Toledo”; “García para incentivar la inversión extranjera, ha exonerado de impuestos, canon  y regalías, a todas las empresas extranjeras”; “Todo el Perú está concesionado y vendido para la explotación minera”; “Las empresas mineras llegan de golpe y porrazo a tomar posesión de las tierras de los campesinos, y los comuneros súbitamente se enteran que no son más dueños de ellas”; “Los canadienses de Santa Ana, nunca realizaron la consulta previa y no lograron la licencia social”.

sábado, 3 de septiembre de 2011


¿Derecha sodomizada?


Fuente Diario 16
Escrito por Juan Carlos Tafur

No deja de sorprender el creciente grado de virulencia e intolerancia que muestra un sector de la derecha peruana. Actúa y sobrerreacciona frente a cualquier atisbo de lo que ella considera una alteración del statu quo con una intensidad que, creemos, no se basa en razones ideológicas (basta escudriñar un poco las argumentaciones respectivas para percatarse que no hay, precisamente, muchas ideas detrás de sus pasiones encendidas).

Las cuotas de racismo, clasismo, homofobia y discriminación general frente a quien piense distinto son tan altas que ameritan un análisis psicológico más que político. Hasta en el plano religioso es sorprendente el crecimiento de las órdenes ultraconservadoras y, lo que es más preocupante, su poco devota agresividad.

Los traumas políticos, sociales y económicos sufridos durante el velascato y el primer gobierno de García –sumados, sin duda, a los pavores del los tiempos del terrorismopodrían ayudar a explicar mejor este fenómeno.

Un sector de la derecha peruana parece haberse sentido víctima de una suerte de “abuso ideológico infantil”, de “sodomía intelectual”, que le ha generado traumas imborrables y que la hacen temer, con genuina preocupación, que el riesgo de una reedición de tales hechos pueda volver a ocurrir. Los que eran jóvenes o niños durante el velascato hoy tienen alrededor de 50 años.

Los que eran jóvenes o niños durante el velascato hoy tienen alrededor de 50 años. Los que lo eran durante el primer aprismo, hoy bordean los 30. Y los “hijos de Sendero” frisan los 20.

Tres generaciones han sido marcadas a sangre y fuego por hechos sin duda fuertes y sobrecogedores, pero que deberían ser superados. Quizás ello explica el grado de virulencia de muchos que se sienten en la necesidad de vengar lo ocurrido y, atrapados en el pasado –como sucede con todo trauma- son incapaces de ver el presente y el futuro con algo más de realismo y sensatez.

Si fuera posible, habría que echar en un diván colectivo al país y ver si se logra liberar de esas ataduras a muchas personas retenidas en una telaraña de odio, venganza, afán justiciero cuya lejanía de la realidad los convierte en agentes opuestos a cualquier cambio.

Si aspiramos a la constitución de una derecha liberal o siquiera más moderna, que acompañe el desarrollo del país sin hacer del capital un fetiche sagrado –la economía no lo es todo, pues-, deberá producirse un efectivo proceso de autoanálisis que logre desterrar la subsistencia de este espacio retrógado en nuestra sociedad. El futuro es promisorio y se necesita para su construcción de la participación, así sea crítica, de todos los sectores ciudadanos. Y la patología derechista conservadora debe ser la primera en ser extirpada para lograr que ello ocurra.

La Columna del Director
03 de septiembre de 2011
Escrito por Juan Carlos Tafur


lunes, 29 de agosto de 2011


Cruzando los límites


Pocos se han puesto a pensar en las consecuencias de una frenética cobertura mediática, que ha convertido la desaparición del joven Ciro Castillo en el cañón del Colca en una novela, de cuya exposición pública los medios intentan obtener cada vez más ventas.

Cada día se sueltan argumentos, supuestas contradicciones y retardados testimonios de testigos y "topos" (rescatistas de origen mexicanos) que hacen más intrincado un desenlace apegado a la realidad. Lo más grave es que se viene alentando un linchamiento público contra una implicada, que pese a haber cometido graves errores por malos consejos de su entorno, no merece ser estigmatizada antes de haberse comprobado, siquiera, si Ciro está vivo o muerto.

En adelante, el papel de la prensa en su cobertura de éste hecho es vital para resguardar honras y evitar que hordas de exaltados se vuelvan en histriónicos protagonistas, tuerzan las investigaciones y torpedeen un final de justicia que esperan los familiares del desaparecido.

Más sobre el tema:
Ese periodismo que juzga y condena- por don Juan Gargurevich

viernes, 19 de agosto de 2011


Sancho en los Cocales

Por Gustavo Gorriti
Fuente Caretas

La gente prefiere que la comparen con el Quijote antes que con Sancho aun en los casos en que cada acto de su vida, en la vigilia y en el sueño, sean un sufragio a la filosofía del señor Panza. Pero el otro día un artículo de homenaje le hizo al fin justicia al exgobernador de la Ínsula Barataria y, a menos que yo haya entendido mal, nuevo responsable de Devida.
El autor del artículo, escrito con afecto y claros conceptos, aunque quizá con menos afinada puntería literaria, fue Hugo Cabieses, flamante viceministro del (Medio) Ambiente y antes de eso conocido sobre todo como un ‘cocólogo’ coherente, con valentía intelectual, coherencia de pensamiento y capacidad polémica.
“Ladran, Sancho…: sobre coca y drogas” fue el título de una apología al nombramiento de Ricardo Soberón como nuevo presidente ejecutivo de Devida.
La nota está, como he dicho, bien escrita y razonada. Cabieses lo hace con rigor y precisión mientras defiende y respalda a Soberón, a quien llama “mi amigo y compañero de mil batallas por cambiar los paradigmas actuales sobre drogas”.

Hacia el final del artículo, empero, el recuerdo de ataques y descalificaciones calumniosos, la alharaca ante su nombramiento llevaron a un emocionado Cabieses a terminar así su nota: “Ladran Sancho Ricardito… señal que avanzamos. Suerte querido amigo y compañero¡!!!”.
Este martes 16 telefoneé a Sancho Ricardito para conversar sobre sus avances y, si quedaba tiempo, sobre los ladridos.
Soberón acababa de terminar, precisamente, una reunión con la embajadora de Estados Unidos, Rose Likins. El nuevo jefe de Devida demostró que aprende rápido el lenguaje burocrático: “Pasamos revista a todos los temas de interés en ambas partes”, me dijo.
Como a esas horas, los equipos de erradicación anticoca del CORAH recibían la orden de suspender su trabajo y replegarse a Tingo María, me imagino que la revista no fue aburrida.
Le pregunté a Soberón sobre el tema de la erradicación forzada de cocales. Su respuesta fue clara y, en mi opinión, razonable.
“Nos afirmamos”, dijo, “en la necesidad de reducir las áreas bajo cultivo… hablamos de reducción, no de erradicación”, añadió.
¿Cómo se reduce sin erradicar? De hecho, hay formas (en el pasado, la interdicción aérea redujo áreas con una velocidad y eficacia que jamás logró la erradicación), pero Soberón se refirió a métodos consensuados de reducción, que incluyan la erradicación bajo ciertos criterios. Por ejemplo, la erradicación de cocales en parques nacionales, cerca de pozas de maceración y la que exceda “el rango aceptable” en cada microcuenca.
“En mi gestión va a haber diálogo”, enfatizó Soberón, “con participación de las organizaciones (cocaleras) y mecanismos distintos al de la pura erradicación”. ¿Cuáles, por ejemplo? “El empadronamiento, registro y catastro de cocaleros y cocales… los cocaleros reconocen la necesidad de reducir”, dijo Soberón.
Yo encuentro que esa posición es racional. Claro que del principio a la aplicación eficaz hay una buena distancia, pero no debería ser difícil entender que la reorientación estratégica de la lucha contra el narcotráfico, luego de décadas de consistente fracaso, es indispensable.
Por eso, el repliegue de los equipos del CORAH no debe significar alarma sino más bien un cauto optimismo. En lugar de seguirle dando cabezazos a la pared, se debe pensar en alternativas más eficaces.
Soberón enfatizó las obvias “fisuras” en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, “en el lavado de dinero, el control de insumos”. Insistió, además, en la necesidad de mantener en su puesto a la aguerrida procuradora antidrogas Sonia Medina, ayudándola a “mejorar su capacidad operativa”.
Pero, si la política general respecto de la coca y cocaleros de un lado, y contra los narcotraficantes del otro, parece estar bien encaminada (aunque es en los detalles de su aplicación donde tendrá éxito o fracasará) globalmente, en otros aspectos estrechamente vinculados (lucha contra el crimen organizado y contra la corrupción), el Gobierno metió la pata.
Justo el día en el que la Dirandro, la Dirección antidrogas de la Policía desbarató una organización internacional de narcotraficantes, capturó 896 kilos de cocaína y detuvo a tres colombianos y un peruano vinculados con ese inmenso cargamento, el Gobierno sacó de la Dirección a su experimentado jefe, el general PNP Carlos Morán y lo reemplazó por un oficial sin experiencia y a quien le queda poco tiempo en el servicio activo: el general Francisco Pasco.
Ese cambio, de singular torpeza, se dio dentro de un proceso general de reasignaciones de comando, en el que no todas las decisiones son malas. Alguna, como por ejemplo el nombramiento del general Eduardo Arteta como nuevo jefe de la VII dirección en Lima Norte, tendrá un impacto positivo en la seguridad ciudadana. Pero aciertos como ese no mejoran las simultáneas y preocupantes necedades.
El general PNP Eusebio Félix Murga, por ejemplo, ha sido nombrado de nuevo como jefe de la Dinincri. Félix era un policía experimentado en la investigación criminal hasta que se le ocurrió incursionar en las pesquisas paranormales. Sus mejores detectives se lanzaron a perseguirpishtacos y capturaron un ridículo monumental. Ahora, no queda claro si Félix se va a rodear de detectives o exorcistas; si añadirá o no subdirecciones de seguimiento de pishtacos, avistamiento de jarjachas y captura de almas en pena.
Pero nada gana en pura torpeza a la remoción de Morán de la Dirandro. ¿Por qué? Porque si bien en la mayoría de los casos, (en seguridad ciudadana, por ejemplo), el saber policial es general, y basta un buen conocimiento global de la disciplina para lograr el éxito a través de su aplicación diligente, honesta y con sentido común; hay unos pocos casos en los que la especialización y un conocimiento profundo del área sí importan, y mucho. Ese es el caso de la lucha contra el crimen organizado en general y el narcotráfico en particular.
Veterano analista del GEIN, Morán ha tenido una participación central en casi todas las investigaciones más importantes contra el narcotráfico, desde los casos contra Fernando Zevallos y los Sánchez Paredes en adelante. Intervino en varios otros , como el de BTR o la captura del espía Víctor Ariza, por ejemplo.
Con esa larga experiencia, Morán, que asumió el mando de la Dirandro este año luego de trabajar por largo tiempo dentro de ella, avanzó estos meses en la integración de múltiples fuentes de inteligencia, para poder procesarlas con rapidez y actuar de inmediato. Por obvio que suene, se trataba de un esfuerzo inédito de integración, en el que la Dirandro jugaba un papel clave.
Ahora, remover al director de orquesta de ese esfuerzo en proceso de despegue, pareciera indicar una vocación por la necedad o un mal escondido deseo de fracaso. Sea como fuere, no huele bien. Nada bien.
Hay otros nombramientos hechos o en proceso de materializarse, de gente vinculada hace poco, por deshonestidad o por soberbia, con casos de evidente corrupción. Debo hacer verificaciones adicionales antes de mencionar nombres, pero espero terminarlas pronto. Adelanto que alguna de la gente que presiona ahora para lograr algunos de los nombramientos más cuestionables, ha circulado en el pasado con la supuesta bandera anticorrupción.
 (Gustavo Gorriti)

Más sobre el tema:

¿Una República cocalera? - por Fritz Du Bois
Alerta Blanca - Caretas




miércoles, 10 de agosto de 2011


Ergo: Judio Lerner manda y el "cachaco" obedece

Estracto de columna de opinión de Luis Rey de Castro


01 de junio de 2011


"...Un cachaco es un militar adecuadamente deformado desde jovencito, al que se enseña a no pensar. Sus instructores le dicen y repiten: "Obedecer automáticamente, sin dudas ni murmuraciones... Primero disparas, después preguntas... Tus jefes saben por qué te dan las órdenes: tú simplemente, cúmplelas a rajatabla... Las discusiones filosóficas sobre el bien y el mal están hechas para civiles, no para militares. A los civiles les encanta perder el tiempo, discutir, cuestionar. Los militares no podemos perder el tiempo porque tenemos que ganar la guerra, la que sea...", le dicen.

El verdadero cachaco se acostumbra desde muy jovencito a ser un  robot: capaz de actuar sin pensar, de leer sin entender, de obedecer sin preguntar, de disparar sin cuestionar: balas o decretos-leyes, si logra encaramarse en el gobierno de un país.

Tuvimos una excelente muestra hace poco, cuando los cinco principales candidatos a la primera vuelta se reunieron para debatir programas, ideas, principios y responder preguntas. El cachaco perfecto parecía un muñeco de cuerda: leyó los textos que le habían preparado, no supo hacer preguntas, ni mucho menos, contestar las que recibió. Penoso, pero auténtico.

El cachaco es un sujeto que cuando tiene suficientes galones como para "comandante", no entiende ni sabe explicar cómo se levantó a 40 soldaditos de un cuartel en Tacna, se robó dos autobuses de la Southern en Toquepala, asaltó una mercantil en el campamento minero y luego fue a esconderse en Tarata, a la espera de que su "golpe militar" derrumbara al gobierno de entonces... coincidiendo curiosamente con el día en que Vladimiro Montesinos dejaba el país en lancha y toda la atención pública estaba puesta en Tarata. El "golpe" no derrumbó nada, pero el cachaco fue premiado con un cargo diplomático en la embajada peruana de París. ¿Se imaginan al cachaco de "diplomático"...? Como es lógico, aprueba, aplaude y convalida el cretinismo de su hermano, el otro cachaco: el que organiza una matanza de policía en Andahuaylas y termina en la cárcel.

El cachaco  incapaz de redactar un documento y cuando lee los que le escriben se advierte su enorme dificultad en entender lo que está leyendo. Es obvio que no lo fueron Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte y alguno más.
Gracias al subdesarrollo mental, en  ciertas repúblicas latinoamericanas el cachaco termina siendo Jefe de Estado, entornillado durante décadas en el sillón presidencial. ¿Nos hemos olvidado de Manuel Odría y Velasco Alvarado...?"
Foto: César Revilla

viernes, 22 de abril de 2011


ENTRE LAS DUDAS Y LAS PRUEBAS

viernes 22 de abril de 2011

Blog de Gonzalo Gamio

Escribe Gonzalo Gamio Gehri



La frase de Steven Levitsky en torno al terrible dilema que plantea la segunda vuelta ha dado en el clavo. Sobre Humala tenemos dudas; en torno a Keiko, pruebas. Las declaraciones de Martha Chávez en las que desliza amenazas contra César San Martín y en las que señala que los familiares de las víctimas de La Cantuta básicamente no tendrían de qué quejarse (así como las inaceptables alusiones de Keiko Fujimori al corrupto régimen de su padre como el “mejor de la historia”, que ha contestado muy bien la revista Caretas) muestran claramente que el fujimorismo no sólo no ha cambiado ni está dispuesto a formular autocrítica alguna, sino que mantiene su actitud cínica y autoritaria frente a los derechos humanos y a la autonomía de los poderes. Ante la ausencia de condiciones y de trayectoria de la candidata de Fuerza 2011, habría que temer que las líneas de la administración del Estado se decidan en la DIROES (¿O quizá en la Base Naval?). Lo que sorprende es que buena parte de nuestra “clase política” y de la dirección de la empresa privada y los medios de comunicación estén dispuestos a hacerse de la vista gorda frente a esta situación. Le temen más a las dudas que a las certezas. Mucha gente de estos sectores estaría dispuesta a sacrificar de buena gana la dignidad nacional entregando el Estado a la cúpula mafiosa que otrora lo saqueó en nombre de la presunta perspectiva de la “estabilidad económica”. La defensa de la ortodoxia del mercado pesaría más – ante sus ojos - que los principios de la ética pública y el respeto de los derechos fundamentales.

El despido de dos periodistas de Canal N para hacer posible que la línea editorial de este medio apoye el retorno del fujimorismo (en convergencia con el punto de vista conservador que ha logrado imponer poco a poco la nueva administración de El Comercio) va en esta dirección. Ya IPYS se ha pronunciado negativamente sobre esta decisión que atenta contra la libertad del trabajo periodístico. Este hecho constituye una vergüenza, máxime si recordamos el importante compromiso asumido por el Canal N con la defensa de la democracia, pues fue el primer medio en cubrir las marchas ciudadanas contra el régimen autoritario de la dupla Fujimori - Montesinos y en publicar el vídeo Kouri – Montesinos.

Las declaraciones de Mario Vargas Llosa en torno a su decisión de votar por Ollanta Humala ha generado duras y extrañas reacciones. Su hija Morgana ha denunciado ser víctima de amenazas (¿Provenientes de qué sector político? ¿Del mismo grupo, acaso, que atentó contra el monumento El ojo que llora?). Ha recibido innumerables y poco sutiles críticas de parte de políticos, empresarios y periodistas cada vez más próximos al fujimorismo, como José Barba Caballero, Julio Favre o Aldo Mariátegui. Por su parte, Delgado Aparicio ha escrito un artículo deplorable, cargado de mala intención y calificaciones, contra la persona de Vargas Llosa. Trelles, más astuto y relativamente más cauto, ha acusado de intolerancia al escritor; curiosamente, el nuevo vocero del fujimorismo ha indicado que un eventual triunfo de Humala pondría en serio peligro las libertades de prensa y de expresión, cuando el régimen de Fujimori compró conciencias y líneas editoriales de diversos medios de comunicación, y persiguió al periodismo independiente, como ha sido demostrado. Los fujimoristas apuestan porque los ciudadanos no hagamos memoria sobre lo que vivimos hace algunos años.

Los crímenes perpetrados desde y en el fujimorato están exhaustivamente documentados. Alberto Fujimori ha sido condenado por homicida y su condena ha sido ratificada. El entorno de la candidatura de su hija es el mismo que rodeó a quienes detentaron el poder en los noventa ¿Podemos cerrar los ojos ante esa realidad? ¿Podemos poner entre paréntesis los principios y valores que ese régimen pisoteó, en nombre de una hipotética ‘eficacia’ en el manejo futuro de la economía? Son preguntas que no debemos evitar formularnos cuando meditemos en torno a cómo votar.

jueves, 21 de abril de 2011


"Ignorantes": interesante debate sobre la realidad económica de la mayoría de peruanos

21.4.2011

Fuente Blog Puente Aéreo 

Escribe Gustavo Faverón


La realidad, las estadísticas, el Perú de los pobres

Una pregunta clave en la situación política actual es: ¿hasta cuándo pensamos los peruanos utilizar ciertas cifras macroeconómicas como justificación para seguir conviviendo con (o dando la espalda a) la evidente pobreza del país?

El Perú crece sostenidamente desde los tiempos del primer fujimorismo, sobrepasando el 6% anual en promedio durante toda la década pasada, con picos como el 9% del año 2010, y triplicó su Producto Bruto Interno entre el inicio de la década y el final.

Hay diversas maneras en que un país puede hacer eso: una es la diversificación industrial, mejoras en las condiciones laborales que generen un mercado de trabajo estable y una especialización obrera que marche a la par con la aspiración de la versatilidad de las industrias.

Otra es mantener la mano de obra en niveles paupérrimos, dentro de un mercado laboral inestable, sin reglas claras, mayoritariamente informal, sin sombra de estabilidad, para que la producción interna sea barata y así la clase empresarial pueda construir, sobre esa base, su capacidad de exportar a precios módicos, o, como suelen decir, a precios "competitivos".

Esta segunda variante, que es la peruana, es enteramente incapaz de conseguir una industrialización real, porque tiene que reducirse a labores primarias, a la extracción minera o al cultivo agrario (un tercio del trabajo en el Perú), sin añadidos, sin otro fin que la exportación de materias primas y uno que otro producto de fácil factura.

¿Qué hace el modelo económico peruano para pensar en el futuro (quiero decir con esto: pensar en un futuro distinto, en el que la gran mayoría de los peruanos dejen de ser obreros precarios o permanentes cachueleros, perpetuos desempleados o pasajeros subempleados, para que la industria nacional se diversifique y crezca, y la masa laboral salga del estancamiento)?

La respuesta es, básicamente, nada: nuestros sucesivos gobiernos han decidido la inacción absoluta en favor del mantenimiento de las cifras macroeconómicas. En lugar de enfrentar la pobreza activamente, se ha optado por declarar, desde la total inmovilidad, que el crecimiento de la economía, por sí solo, aliviará la pobreza, la reducirá y eventualmente la eliminará. Lo que no se dice es cuándo.

El economista chileno Roberto Pizarro, ex decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ex ministro de Planificación de su país, calcula que, al ritmo de crecimiento que lleva el Perú desde hace una década, la pobreza peruana sólo será reducida de manera significativa (de la única manera significativa en que cabe pensar, es decir, hasta volverla minúscula y marginal, insignificante) en un plazo de 80 años, empezando a contar desde ahora, sin que se baje nunca del 5% anual de crecimiento. Que alguien me dé un ejemplo en todo el mundo de un país que haya mantenido ese ritmo partiendo del subdesarrollo: no existe. Es decir, esos 80 años no son sólo un plazo larguísimo; son un plazo imaginario, un engaño.

Eso no es un cálculo puramente basado en porcentajes y en el PBI: Pizarro considera además, por ejemplo, un hecho mucho más relevante que la tasa de crecimiento: el dato escalofriante de que el Perú invierte anualmente en ciencia y tecnología el 0.2% de su presupuesto anual (que probablemente alcanza apenas para cubrir las planillas y la operación mínima de los implicados). El Estado peruano, no importa detrás de cuál de sus máscaras temporales, ha elegido que el Perú sea para siempre un país sin inteligencia propia, un extractor y un vendedor nunca capaz de crecer en otras direcciones, de desarrollarse, de luchar realmente contra el mantenimiento de su status quo.

El punto central es este: no importa cuántas veces la derecha peruana sostenga que la marcha del crecimiento económico va a solucionar por sí misma la pobreza; en realidad, la riqueza que se genera en el Perú no tiene ninguna vía de distribución hacia manos que no la poseyeran desde un principio, y, mucho peor aun: todo el modelo peruano se construye bajo el supuesto (silenciado, jamás confesado) de que siempre habrá pobres dispuestos a trabajar por nada para que los precios de nuestros productos sean eternamente "competitivos".

Un ejemplo tosco: imaginen un hogar de la clase alta limeña, en la que los dueños de casa ven duplicados o triplicados en unos años sus ingresos, digamos, de doscientos cincuenta mil dólares anuales a medio millón o tres cuartos de millón de dólares, y entonces les dicen a su empleada doméstica, a su jardinero, a su chofer, que hay que celebrar porque las cosas van bien y que como resultado, no les bajarán el salario o, incluso, les aumentarán unos veinte dólares más al mes. Eso sí: nada de seguro social ni cosa parecida, porque entonces pueden irse buscando otra casa donde trabajar.

Aunque a los limeños de clase media y alta esto les resulte una revelación inverosímil o insoportable, hay que decirlo, a riesgo de herir sus frágiles susceptibilidades: no importa cuántos restaurantes nuevos haya en la avenida La Mar, ni cuántos empleados miraflorinos puedan comer en ellos una vez por semana, ni cuántas boutiques vendan carteras importadas, ni cuántos celulares pueda cargar uno en el bolsillo: eso no desaparece las multitudinarias casuchas de esteras a lo largo de casi toda la costa limeña, ni los pueblos sin agua ni luz en la sierra, ni las ciudades tugurizadas de la selva, ni los insalubres poblados provincianos de la costa norte, ni le da atención médica ni educación a los necesitados.

Un ejército multitudinario de trabajadores baratos, sin estabilidad, sin preparación, sin conocimiento añadido, con sueldos innegociables (la alternativa es el desempleo), le da a los industriales peruanos, a los seudo-empresarios peruanos, la tranquilidad de los bajos costos, pero cuando eso es la base fundamental del sistema, aparece la obligación de mantener esas condiciones estancadas: la prosperidad peruana no va a sacar a los pobres de la pobreza porque se edifica sobre esa pobreza, la necesita, no sabe operar sin ella.

Gallup acaba de presentar un mapa mundial de la prosperidad, o mejor, de la impresión de prosperidad, de la población en cada país del mundo. La idea es sencilla: las encuestas son extensas en cada país y las preguntas son simples: ¿cree usted que está prosperando económicamente en este momento?, ¿cree usted que prosperará económicamente en el futuro inmediato?

Perú, Bolivia y Ecuador ocupan los sitios más bajos en toda América, con, respectivamente, un 27%, 26% y 24% de encuestados que declaran estar prosperando o tener esperanzas de prosperar pronto. En el caso peruano un 9% declara estar "sufriendo" (en el lenguaje de la encuesta eso significa que su situación empeora) y el resto, un 64%, dice estar luchando por mantenerse en la misma situación, sin certeza de que eso pueda suceder.

Por supuesto, se pueden hacer estudios mucho más sensibles y detallados, pero no hay que descartar las cifras de Gallup. ¿Por qué hay una discrepancia tan grande entre el discurso oficial (del Estado y del Perú oficial) sobre las maravillas del crecimiento económico, por un lado, y, por otro, la sensación general de ese 73% de los peruanos que no cree que la prosperidad de las estadísticas se esté traduciendo o se pueda traducir en una mejoría para sus situaciones personales? ¿Es que no ven cuántas tiendas nuevas hay en los centros comerciales? ¿Es qué no ven cuántas casas nuevas hay en Asia? ¿Es que no ven qué bien le va a Gastón?

Bueno, quizás eso es. Es que no lo ven, no tienen acceso a ello, no saben de qué prosperidad les están hablando. O, como prefieren decir tantos limeños: seguramente "son ignorantes" y no comprenden.


6 comentarios:

Jorge Frisancho dijo...
Gustavo, bien, pero ese no es el "modelo peruano"; es, simplemente, el modelo. Así —en términos de la relación entre rentas del capital y valor del trabajo— todas las economías "en desarrollo", como la china y la india. Y esa es la situación cada vez más declarada en los centros "desarrollados" del capitalismo, donde la situación laboral de grandes sectores de la población es cada vez más inestable, cada vez más precaria, cada vez más temporal, cada vez menos"empoderada". Esa dinámica es global —de hecho, es parte consustancial de la globalización como proceso económico.
Anónimo dijo...
Estas son, a grosso modo, las cuatro posibilidades de Ollanta Humala: a.)Respeta la democracia y maneja mal la economía. (Es decir, a lo Allende). ES PROBABLE. b.)Respeta la democracia y maneja bien la economía (A lo Lula o Bachelet). ES POCO PROBABLE. c.) Se convierte en dictador y maneja mal la economía. (A lo Velasco o Chávez). ES PROBABLE. d.) Se convierte en dictador y maneja bien la economía (Humala no es admirador de Pinochet, precisamente). IMPOSIBLE. En verdad, el único antecedente de un gobierno socialista ha sido la dictadura de Velasco, quien contribuyó a estancar la economía del Perú por (¿20, 30 años?). Luego, Belaunde y García tomaron la posta, con los resultados que ya conocemos. En los 70's, Allende hacía lo mismo en Chile: destruir la economía de dicho país. Así pues, vemos que los socialistas/izquierdistas jamás han sabido administrar nada aquí en el Perú (los casos recientes de Brasil y Chile son distintos). Lo único que podría arreglar un poco la situación es lo que ocurre ahora: que funcionarios de Toledo se hayan pasado a trabajar con Humala. Algunos estúpidos hablan de oportunismo. Es al revés: esos técnicos de Perú Posible son quienes pueden moderar y traer sensatez a los desvaríos chavistas del plan de Humala. Por el momento, ese es un signo alentador. Ojalá siga así.
Anónimo dijo...
En el análisis que hace usted señor de la realidad peruana acusa sin mayor piedad a la clase arriba de la pirámide y en especial a los empresarios sin dejar de mencionar que el Estado tiene su cuota de responsabilidad al presupuestar sólo el 0,2% del presupuesto para avance tecnológico, una de las claves de nuestro lento ritmo de crecimiento. El mercado peruano es muy pequeño señor para que hayan empresarios peruanos dispuestos a correr con el costo de producir tecnologías propias, ergo marcas propias, que puedan expandir a otras latitudes sus productos y, por esta vía, crear más puestos de trabajo especializados. El Perú es uno de los países con menor inversión en tecnologías y eso se traduce en los bajos costos laborales. No olvidemos de que en realidad somos un país pobre desde siempre excepto por una década de crecimiento, no gracias a nuestras habilidades, sino al contexto mundial que requiere de mayores recursos de todo tipo, por lo que nos hemos beneficiado de comodities con precios altos. Los mayores recursos son solicitados por países que no son precisamente del primer mundo (en crisis) sino de aquellos que han confiado en la globalización y han adaptado sus economías a ésta con cambios de segunda o tercera generación en sus economías como debieron hacerlo los gobiernos a partir del 2000 y que ahora promete uno de los candidatos a la segunda vuelta.
gerardo cailloma dijo...
Una aguda visión de la burbuja que hemos vivido en los últimos años. No ha habido intento alguno por querer desarrollar algún tipo de industria en nuestro país, salvo que la se trató de impulsar (con muchos errores) en los años del primer gobierno de Belaunde y en la primera fase del gobierno militar (Velasco, en otras palabras). Obedecía a un plan Cepal para una industrialización básica (incluso autos, y la zona indicada para esto era la ciudad de Trujillo, para lo cual se iban habilitando los parques industriales y la cercanía de la siderúrgica de Chimbote)y que tenía por motor al creación de mercados internos de consumo a través de los pactos de integración (en este caso, el agonizante Pacto Andino). Esto cayó en el olvido y todo ese plan se desarticuló: recuerdo que cada país grande del Pacto, Chile, Venezuela, Perú y Colombia, estaban destinados a la fabricación de automóviles y autopartes de ciertas marcas; a Perú le tocó VW para los pequeños, Dodeg para los sedán; Toyota y Datsun para los demás tipos de autos y camiones, Volvo. Chile lo iba a hacer con Citroën, Colombia con GM y Venezuela con Ford. Se desmanteló el proyecto por nuestra "incapacidad" (países tercermundistas) y por intereses políticos. El problema fue (y se acentuó mucho más en el primer gobierno de AGP) fue la corrupción que se generó en el entorno. Esto engarzaba con la aparición de las grandes escuelas técnicas, tipo SENATI, que proveían material humano para la elaboración, ensamblaje y posterior creación (¿lo hubiéramos logrado?) de tecnología, meta que quiere lograr Brasil. Este proyecto queda como un fracaso y del cual no he oído hablar a técnicos, educadores y planificadores macropolíticos, sino a economistas liberales, comerciantes y políticos. Por la desacreditación de este proyecto y por la consciencia (o inconsciencia) colectiva, hemos aceptado nuestra incapacidad de ser un país manufacturero a ser un simple país extractor. Con ese eslogan "Cómprale al Perú" han tratado de reinvindicar algo nuestra psique colectiva de incapacidad. ¿Qué viene después? Mucho camino. No sólo mejorar la calidad de vida de millones de peruanos, sino de mejorar la visión que tenemos nosotros de país: es interesante tener la mejor papa del mundo, pero mucho mejor sería tener las curas de toda posible plaga o epidemia que surjan en el mundo de este tubérculo. Pregunta: ¿Cuánto se invierte en investigación en el Centro Mundial de la Papa que queda en Lima, no inversión que venga de fuera, sino la estatal o privada - hay muchas empresas que aprovechan esta imagen y no colaboran en nada-? Somos un país extractor; cuando se acabe eso, ¿qué nos pasará? ¿se repetirá la triste historia de la bonanza del guano que fue reemplazado y las pingües ganancias regresaron a su origen, esto es, a la mierda? Pero el desarrollo macroeconómico de esa época fue "fantástico" y Lima vio creer palacetes por todo lado. La historia enseña. De vez en cuando vale la pena regresar a ella para aprender. otra observación, los cursos de historia son reemplazados por los de cómputo. Interesante, ¿no?
Anónimo dijo...
Por favor!! si MVLL no hubiera hecho el llamado para votar por Humala sino por Keiko estarias hablando lo mismo? Y no es posible que solo en estas etapas electorales te acuerdes de los "pobres". Tanta hipocrecia. Cuidado que tus amigos escritores y lectores todos los cuales deben ser subcriptores de El Comercio se van ha molestar y ya no te compraran tu proxima novela ni te invitara a sus reuniones...
El Cordero Estepario dijo...
Señor Faverón, cae usted en los tópicos más grandes entre los que cuenta la artillería socialistoide. ¿cree usted que un producto será "competitivo", en el primer mundo, con trabajadores pauperizados y sin estándares de calidad???? ¿cifras imposibles de alcanzar? ¿que cuál país ha mantenido el crecimiento? y dígame usted: ¿qué país, con estructura socialista, SÍ ha salido del subdesarrollo??? La analogía de la patrona y la empleada (permítame) es muy patética!! (usted lo llamó "tosco") comparar los bienes de uno y otro, resulta siempre caprichoso. Lo que debe comparar señor, es cómo vivían esa gente en sus cerros en los 80 y cómo viven ahora. Yo lo sé, he visto, como usted dice, gente viviendo en esteras, y ahora siguen viviendo en el cerro, pero en casa de material noble. y los celulares y artilugios electrónicos lo tienen hasta gente muy pobre. Y no estoy cayendo en la inocencia de decir, que con un celular la gente es más feliz. sólo que hoy es más accesible. siempre habrá cosas de qué quejarse. Por supuesto que hay gente que mejora, y son muchos mas allá de los gastón, y los de Asia, mi vecino que logró comprarse un carro por ejemplo, con mucho esfuerzo y sin la ayuda del estado, que es así como siempre se progresa. Pero eso no sale en prensa, a nadie le interesa. Es un horror decir que la prosperidad peruana, no "saca de la pobreza" porque es su base (pensé que leía a Rodolfo Ybarra) y ¿quién los va a sacar, entonces? ¿Robin Hood? ¿cómo el estado puede sacar de pobre a alguien? ¿como puede "diversificar" las industrias? ¿creándolas, poseyéndolas? ¿el estado generando inteligencia? Lo importante no es el "cuando" sino el "CÓMO" PD: Para su tranquilidad, no soy fujimorista, y estoy de acuerdo que la mayoría de ellos son gente impresentable que defendieron una corrupción monstruosa.

martes, 19 de abril de 2011


Los Fujimori

19.4.11


Fuente Puente Aéreo

¿Un país gobernado desde la cárcel?


La mayor dificultad que enfrenta uno al escribir sobre Keiko Fujimori como candidata presidencial radica en la ostentosa vacuidad del personaje, lo hueco de su discurso, lo bochornosamente superficiales que son cada una de sus frases.

En algún momento, uno deja de preguntarse cómo una persona tan anodina puede estar tan cerca de la presidencia de un país y empieza a preguntarse cómo hacen los ciudadanos de ese país para aguantar la risa ante lo ridículo de la situación. Luego, claro, uno entra en cordura y recuerda que nada de esto es digno de risa.

Keiko Fujimori, por un lado, representa al colectivo más dañino que haya alcanzado el control político del Perú en toda su historia, el más corrupto, el que más profundamente banalizó los problemas del país para usarlos como tapadera del largo delito que fueron los once años del gobierno fujimorista.

Por otra parte, el fujimorismo en sí es el síntoma y la vía de escape de zonas de la sociedad que prefieren tres cosas: pefrieren el patronazgo antes que el abandono (desde la perspectiva de los más pobres); prefieren el clientelaje a la imaginación productiva (desde la perspectiva de quienes quieren medrar sin obligaciones); prefieren la paz brutal de las armas a la difícil paz de las leyes (éstos los hay en cada clase social, pero abundan entre quienes creen que sólo los peruanos de la ciudad y, sobre todo, de la clase media hacia arriba, merecen una plena ciudadanía).

Keiko Fujimori no sólo representa al fujimorismo como candidata y princesa heredera. También lo representa porque encarna esa forma de maldad trivial que el Fujimorismo ha querido desde siempre hacer rasgo de la nación: el orgullo de la impunidad, la mentira como único lenguaje, la mediocridad intelectual como requisito universal, la moral lumpen como reemplazo del sentido común.

En sí misma, Keiko Fujimori es un cero a la izquierda que el Perú no merece como presidenta: su elección sería la coronación final del principio básico del fujimorismo: que el país es insignificante, secundario, que la política como pacto y debate no tiene lugar entre los peruanos, que la inteligencia es inútil y estorba, que la limpieza ética y moral es accesoria y dispensable. La elección de Kenji Fujimori, su voluminosa victoria electoral, es un primer anuncio de que ese modo de ver al Perú está imponiéndose.

Alberto Fujimori llegó a la política peruana retratándose como un trabajador honrado, hijo de migrantes humildes, un modernizador ferviente con la fe puesta en la tecnologización, un maestro universitario que traía consigo la laboriosa dedicación del académico y que, sin embargo, era uno más del pueblo.

Veintiún años más tarde, el fujimorismo es, en la imaginación de muchos peruanos, un agente del orden, una mano de hierro, el sentido común encarnado en el fusil y la ametralladora, una maquinaria que garantiza la prosperidad económica y que, por ello, tiene una especie de derecho natural al latrocinio: crea condiciones para la riqueza y por tanto hay que perdornarle que aproveche la coyuntura para el doloso beneficio de sus líderes y sus funcionarios, es decir, para el robo. El fujimorismo es la imposición del lumpen (dentro de toda clase social) y su principio es el pragmatismo autócrata sin rendición de cuentas, sin conciencia, sin necesidad de justificación moral, lo que, en desmedro de la jungla, solemos llamar "ley de la selva".

La campaña de Keiko Fujimori hasta este punto ha tenido dos objetivos políticos: maquillar de juventud y relativa inocencia la sucia trastienda de la dictadura de los noventas y convencer a dos tipos de votante: por un lado, los que no recuerdan o no vivieron o no sufrieron los crímenes; por otro lado, los que con un simple empujón están dispuestos a fingir que no recuerdan, o que perdonan, porque, finalmente, el garrote de la dictadura cayó sobre espaldas ajenas.

Pero tiene un objetivo superior, para el cual se ha preparado a Keiko Fujimori desde hace una década: rescatar de la cárcel a los rateros y a los demás criminales, y reponer en el poder a la misma banda de delincuentes que nos gobernaron durante once años, incluyendo al jefe mayor, su padre, quien evidentemente no será espectador inmóvil del triunfo de su pupila: para ese momento la ha formado, para el momento en que le permita (a él) regresar.

Y ninguno de nosotros sabe cuán amplia será esa mano liberadora: ¿saldrá sólo el capo, saldrán los demás? ¿Saldrá Montesinos? ¿Cómo lidiará Fujimori ahora con su alter ego, Montesinos, sabiendo que él conoce todos los secretos que podrían rematar su carrera criminal (que otros llaman carrera política) de una vez y para siempre? ¿Alguien es tan ingenuo como para suponer que en estos años, en las audiencias públicas, Montesinos se ha deshecho de esos secretos, que son todo el capital de manipulación que le resta en la vida?

Al juzgar a Fujimori, encarcelarlo, encontrarlo culpable, el Perú dio un ejemplo mundial: un mandatario sí está obligado a rendirle cuentas a la nación, no importa cuán omnímodo haya sido su poder. Liberar a Fujimori sería decidir, al cabo de unos años, que ese esfuerzo de recomposición moral fue inútil, que fue innecesario o careció de importancia.

Cuando se eligió a Alan García empezó a establecerse en el Perú el reino del absurdo: un país que decide que el peor gobernante de su historia merece una segunda oportunidad, por encima de cualquiera que aspire a la oficina presidencial. Ahora, algunos se aprestan a refrendar la idea, devolviendo el poder al mismo elenco de personajes funestos que conformó el más corrupto de nuestros  gobiernos, bajo la falacia de que Keiko Fujimori no tiene por qué repetir los errores del padre.

Pero Keiko Fujimori no cree que esos errores hayan sido tales, o que hayan sido significativos, y juzga que el gobierno de su padre fue "el mejor de la historia del Perú". Una vez que ella ha declarado eso, no tenemos por qué dudar de su afirmación: ese es el gobierno que ella quiere repetir, para eso ha convocado a las mismas personas. Cuando ella se siente, si es que se sienta, en el sillón presidencial, ya sabremos quién le dictará las órdenes al oído. El Perú está a punto de ser gobernado desde la prisión (aunque ese escenario será pasajero), por un criminal. ¿Eso es lo que queremos?

jueves, 14 de abril de 2011


Las dudas y las pruebas


14 de abril de 2011
Fuente IDL reporteros
Escrito por Gustavo Gorriti 



La mañana del día en que fue asesinada, 7 de octubre de 2006, la gran periodista Anna Politkóvskaya habló por teléfono con su madre, Raisa Mazepa. Esta le leyó un epígrafe que impresionó a Anna: “Hay años borrachos en la historia de los pueblos. Tienes que vivir a través de ellos, pero nunca podrás vivir verdaderamente en ellos”.

Estuve fuera del Perú durante las elecciones del domingo 10, pero las seguí a través de internet. Para mí como, me imagino, para todos aquellos que lucharon contra la dictadura de Fujimori y Montesinos, los resultados fueron profundamente decepcionantes. Otra vez la autodestructiva embriaguez se apodera de nuestra historia.

Las encuestas realizadas y filtradas en los días previos ya describían ese escenario, pero cabía aún la posibilidad de un golpe de opinión que llevara a la presencia de un candidato inequívocamente democrático en la segunda vuelta. Al final, no hubo siquiera un tic de opinión.

En esta campaña tuvimos a un líder democrático el año dos mil que tuvo vergüenza de hablar sobre la democracia y la corrupción el 2011, hasta que se vio con la soga al cuello. Y aunque dicen que nada aviva tanto la inteligencia como la sombra del cadalso, también es cierto que el público que asiste a las ejecuciones confía poco en la sinceridad de las últimas palabras. 

Hubo también el exalcalde que encontró la elocuencia solo el día de su derrota para proclamar conmovido los magníficos resultados que la campaña tuvo para él como terapia familiar. Bueno, todos sabemos que las terapias no son baratas, pero creo que ni todos los sicoanalistas juntos de Beverly Hills hubieran costado tanto como este nuevo tipo de  psicoterapia que ya no es de grupo sino de país.

Y hubo también el tecnopolítico que comparte siglas con la pistola Walther, estilo de risa con el guasón y asesor con Alan García. Creció a expensas del expresidente y cuando, con el peligro a la vista, en 3D, les pidieron unir candidaturas para salvar la democracia, ninguno estuvo dispuesto. 

Todos perdieron. Nosotros –los millones de peruanos que creemos que la democracia es condición vital de gobierno–, también. Ellos merecen su derrota. Nosotros, no.Y ahora, ¿qué?

Los bribones ya celebran y veo personajes apenas dignos de un prontuario que pronto disfrutarán de inmunidad. Los penales se preparan para descargar parte de su contenido más séptico en los estamentos de la influencia y el poder.

Así que, dentro de lo malo hay que evitar lo peor.

¿Cuáles son las alternativas? Hay tres: viciar el voto, votar por Humala o votar por Fujimori.

La primera es solo una alternativa de último recurso. De manera que primero hay que resolver la disyuntiva: ¿Votar por Humala o votar por Fujimori?

Respondo con una frase de Steven Levitsky, el académico de Harvard que se encuentra este año como profesor visitante en La Católica: “Se puede tener dudas de Humala, pero de Keiko [Fujimori] tenemos pruebas”.

La Fujimori buscó presentarse como una versión gentil, democratizada y desinfectada de su padre. Pero en los tramos finales, para galvanizar a los suyos, se reveló tal cual. Su padre, dijo, había sido “el mejor presidente en la historia del Perú”. Y los fujimoristas que festejaron su pase a segunda vuelta lo entendieron perfectamente, coreando el “¡chino, chino, chino!”, hasta cuando ella pidió aplausos para su madre, Susana Higuchi.

Debo decir que no tengo nada personal contra Keiko Fujimori. Respeto su valor al quedarse en el Perú luego de la huida de su padre y respeto también su devoción filial. Sé que ella influyó en él el año dos mil para que rompa con Montesinos. Cuando se casó y mucha gente la hostigó, escribí exigiendo que se la deje en paz y le deseé ventura en su matrimonio. Ella respondió con una carta personal muy gentil. Ojalá las cosas hubieran quedado ahí.

Pero ella es ahora la dirigenta formal del fujimorismo (el real es su padre) y representa por eso a la mafia cleptócrata de los años noventa, a la que llama “el mejor gobierno de la historia del Perú”, con la misma aparente convicción con la que repetirá en la segunda vuelta que el kimono de esa yakuza es igual a la toga de Pericles.

Así que, está fuera de toda duda que, de ninguna manera, bajo ninguna circunstancia se debe votar por Fujimori. No. Y no solo eso. Hay que hacer todo lo legalmente posible para que la mafia criminal que gobernó el país en la década del noventa, no vuelva al poder ni ahora ni jamás.

¿Y qué hacer con Humala?

Como recordé la semana pasada, yo hice una activa campaña editorial el 2006, siendo codirector de La República, para que se vote en contra de Humala y a favor de García. Consideré entonces que Humala era un peligro para la democracia. Ya dije que me dejó un sabor amargo haber llamado a votar por García, pero sigo considerando que hacerlo fue, pese a todo, una decisión correcta.

¿Ha cambiado Humala en estos cinco años? A primera vista, sí. Ya no es el Humala estridente, vinculado a ese extraño fascismo andino que es el “etno-cacerismo”. La imagen que proyecta ahora no es la de Chávez ni la de Morales sino una que está en la vertiente de Lula, Dilma, Tabaré, Mujica.

¿Puede mentir Humala para llegar a la presidencia? Por supuesto. Fujimori no tiene el monopolio de la mentira. ¿Puede deshacerse de la gente respetable que lo rodea ahora unos meses después de asumir la presidencia, como lo hizo Fujimori con quienes lo acompañaron al principio? Sí, puede.

Puede hacer eso y mucho más.

Pero ¿le conviene engañar a medio mundo y dar luego el gran salto hacia atrás con un gobierno belicista y represivo de militares y milicias antauristas? ¿o le conviene hacer un gobierno como el de las izquierdas democráticas del continente sabiendo que en la coyuntura actual ese régimen sería, casi con seguridad, exitoso y pura ganancia para él como gobernante?

Si la lógica y el cálculo de costo/beneficio tienen algún peso, la segunda alternativa –la izquierda democrática– debería ser su obvia opción. Pero, si hay una convicción dogmática oculta (como la del llamado etno-cacerismo), entonces la sinrazón atropellará la lógica, la conveniencia y el beneficio. Y todos sufriremos, quizá terriblemente, antes de liberarnos de la locura.

Humala sabe que sin el voto de los peruanos identificados con la democracia, no podrá ganar. Él solo podía ganarle a Fujimori, y Fujimori solo podía ganarle a él.

Por eso, en estas semanas ambos se proclamarán más demócratas que Jefferson y Lincoln juntos, pero por lo menos uno de los dos mentirá. Y esa es Fujimori.

¿Y Humala?

Dudar de él no solo es legítimo sino necesario. Pero dudar no significa descartar.

Por lo dicho, en su caso no bastan las afirmaciones de respeto a la democracia. Se necesita garantías.

Garantías firmes. Compromisos bajo juramento público, explícitos y detallados, punto por punto, de respeto y fortalecimiento de la democracia y los derechos humanos en los cinco años de gobierno, sin reelección posible. Ese documento debería firmarse y jurarse teniendo como testigos a algunas de las personas más ilustres y respetables del país: Mario Vargas Llosa, Javier Pérez de Cuéllar, Fernando de Szsyslo, Julio Cotler.

Si eso ocurre, habría que votar por Ollanta Humala, para prevenir un peligro mucho mayor. Y si aquellos que movilizamos el país en la lucha por la democracia el año dos mil, hacemos campaña y votamos por Humala, él ganará aunque la mayoría de los medios tradicionales le haga la guerra.

Es verdad que incluso en ese escenario, hay riesgo. Las cosas pueden salir bien, o no. Pero mejor eso que darle el gobierno a la yakuza y a las versiones criollas de Capone, Luciano y Genovese.