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jueves, 9 de abril de 2009


REZAR POR UN CONSENSO

Nadie debería alegrarse que otro vaya preso. Dicen que la prisión es el infierno consolidado en la tierra.
Camino por la ciudad y todos los que se enteraron de las nuevas dejan percibir su alegría o tristeza. Otros, indignados, no quieren siquiera tocar el tema. Hay una revancha anidada en su corazón. Me pregunto: ¿Revancha de qué? Acaso ellos forman parte del problema; acaso a ellos los han condenado al purgatorio.
Porqué un ciudadano podría irritarse porque a otro, que algún día dirigió los destinos de su país como si se tratara de su chacra, sea sancionado -no por enriquecimiento ilícito o malos manejos-, sino por crímenes masivos, torturas, secuestro, etc, etc.
Acaso no hemos terminado de aprender que, un crimen de la envergadura que se ha demostrado cometió el japonés, nos debe empalidecer de estupor y vergüenza.
Lo que cabría en el ánimo de aquellos que algún día, engañados, admiraron su firmeza e indoblegable voluntad de hacer las cosas, es un profundo acto de meditación. Y si el dolor se asoma, porque siempre duele ver caído a un ser querido y admirado, quedan los recursos del consuelo, primero, y del desencanto, después.
Pero, si aun así, seguimos dolidos y reconvencidos que se ha cometido una injusticia debemos ir pensando que estamos rondando los feudos del fanatismo.
Ah, pero si comenzamos a ver a aquellos que no sufren a nuestro lado como enemigos y queremos destruir todo lo que transcurre en sentido contrario (sin contar nuestro naciente odio por los conversos), es que ya nos estamos volviendo locos de ira y de despecho.
Qué nos puede llevar a creer ciegamente en un hombre que se alucina un salvador y el estratega ideal, pese a las pruebas mostradas y enrostradas durante 15 meses de juicio trasmitido en vivo y en directo.
Qué más hace falta para ser convencidos que estuvimos al frente de un fiasco, de un ególatra capaz de maquinar cualquier cosa con tal de mantener la venda en los ojos de los menos esclarecidos e informados. Recordemos que el condenado ex presidente, en abierta conjunción de ideas con su admirado asesor, hizo que aprueben la reelección indefinida.
Es decir, de no mediar la cruda venganza de la despechada Pinchi Pinchi, hasta hoy hubiésemos tenido que soportar al “chino” manejando los hilos de la mafia que se descubrió cuando cayó el régimen y todos los miasmas afloraron.
Ahora, que todas las fuerzas fujimoristas son aglutinadas y movilizadas para presionar a la nueva instancia judicial que revisará la sentencia del ex dictador, debemos avocarnos a aligerar posiciones extremas que, de enfrentarse, a nada bueno puede conducirnos.
Mientras que esto sucede en un sector de la civilidad, en las esferas del poder mediático, varias avestruces empinan la cabeza nuevamente para cumplir su papel. Grandes empresarios televisivos reciclan sus valores y se alinean con la facción política –que según las encuestas- podría resultar vencedora en las próximas elecciones generales.
Periodistas van, periodistas vienen y la mafia retoma poder de chantaje y coacción política. A las mónicas y nicolases, se suman ahora los impredecibles betos y jaimes.
Un claro norte que se avizora es intentar disolver la condena contra Fujimori. Empujar a la Justicia y a la opinión pública que acepte una amnistía a su favor.
Para esto reclutan vía chantaje,a varios medios que ni en sueños veíamos alineados tras la causa del chino.
Estamos avisados.


EL JUICIO PENDIENTE

Por: Fernando Vivas -Periodista /El Comercio, 09 de abril de 2009
La perversión de Fujimori, indisociable de la de Montesinos, va más allá de los delitos tipificados en el Código Penal y se instala en el siempre atípico reino de la infamia: osó promover el transfuguismo congresal para que la corrupción política dejara de ser un conjunto de hechos preocupantes y se convirtiera en mayoría simple.
Y lo que hizo en ese poder del Estado, también lo hizo en el pueblo: promovió en la gente una actitud que, a primera vista, podía confundirse con el mero populismo, pero era algo peor, casi macabro. Esparció la idea de la democracia como refugio para los terroristas, como entelequia que no sirve para comer y, por lo tanto, para sobrevivir hay que mentir y hacer teatro como los concursantes de Laura Bozzo. Ese era su programa de cultura. Su programa de Gobierno lo fue adaptando, en el laboratorio de Montesinos, a cada coyuntura.
Fujimori, siempre de la mano de su asesor, provocó que retrocedamos emocionalmente a un territorio de engaños y envidias destructivas: con la prensa amarilla y la página de Héctor Faisal en Internet (¡también fue pionero de la infamia electrónica!) torpedeó honras; con su bancada congresal legisló para quitar prerrogativas al poder municipal; con las FF.AA. y el aparato del Estado hizo obra y manipulación selectiva para hacerse de ayayeros. Perpetró un intento de genocidio cívico y moral.
Sin embargo, no se le ha juzgado por esta infamia atípica, sino por tipificados crímenes de lesa humanidad y secuestro agravado. No hubo suficiente acopio de pruebas para desmenuzar la perversión indescriptible en tipificables situaciones de chantaje, peculado o asociación ilícita. Lo más cercano a ese proceso por corrupción monda y lironda se dará en mayo cuando se lo juzgue por otorgar US$15 millones de CTS a Montesinos y se dio en el 2007 cuando se lo condenó a seis años por violar la casa de Trinidad Becerra de Montesinos (la sospecha histórica es que de allí se llevó las pruebas que nos harían ver la película entera y saciarían por completo nuestra sed de justicia).
Ese es el gran juicio pendiente que reclama la historia para llegar a un consenso, pues aún son muchos los peruanos que creen que La Cantuta y Barrios Altos fueron simples daños colaterales en la lucha contra el terrorismo y no han asimilado el concepto de autoría mediata. Pero reaccionarían de otro modo si supieran a Fujimori, siquiera de cómplice o apañador, beneficiado con los fondos públicos. El duelo fujimorista se convertiría en fuerza democrática. Rezaré por ello en esta Semana Santa.

El "Chinito" que encandiló por sus aparentes buenas intenciones,en realidad engendró en nuestra sociedad el cáncer de la desconfianza,a la vez que inculcaba la carencia de escrúpulos en los sectores populares cuando de conseguir objetivos se trata.

martes, 7 de abril de 2009


FUJIMORI de regreso al infierno

“También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en la política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.”
Max Weber, Politik als Beruf (1919)
Con esta cita, Mario Vargas Llosa abre su libro de memorias llamado “El Pez en el Agua” ,que trae a colación la mala experiencia que le tocó vivir en las elecciones presidenciales de 1990.
El condenado ex presidente Alberto Fujimori, también afirmó en su alegato final que había gobernado desde el infierno. Y es que él mismo se propuso tener como único consejero al diabólico Montesinos.
Cuando asumió el poder, con la –cuándo no- condicional ayuda de los apristas, Fujimori se apropió del proyecto liberal de Vargas Llosa. Lo ejecutó con un shock económico que mandó al manicomio a muchos, y luego, dejando intervenir al mercado, reguló la economía hasta casi sanearlaA la par, maquinaba con su principal asesor una lucha frontal y cruenta contra la subversión maoísta que hablaba de concretar un cerco militar a la capital. Implementó planes y estrategias de la mano de Montesinos.
Éste, a su vez, tramaba con antiguos amigos de cochinadas, afincados en las FF.AA, utilizar el Poder como mascarada ideal para cometer crímenes y delitos. Y claro, Fujimori para mantenerse en la cúspide se tuvo que entremezclar con la podredumbre. El infierno en las cumbres del Poder él mismo lo creó, guiado magistralmente por su oidor y consejero.
Al final de su gobierno de facto (1995) “el chino” había logrado inusitada adherencia popular y había conformado una estructura de Poder infranqueable. Vivía y dormía al lado de su oscuro asesor. Para entonces ya mucho olía mal.
Como ya se ha llegado a establecer, el dúo Fujimori-Montesinos ideó la conformación de un destacamento de la muerte, retomando a miembros del Ejército que anteriormente habían desempeñado misiones similares en los anteriores gobiernos de Belaunde y García.
Se calcula que este grupo, descendiente de los destacamentos “Escorpio” y “Rodrigo Franco”, mató a más de 50 personas solo entre 1991 y 1992.
Imaginamos convertidas en un infierno las habitaciones del SIN (donde vivían el japonés y Vladimiro) cada vez que ideaban planes siniestros para deshacerse de opositores en las universidades, para maquinar el asesinato del máximo dirigente de Construcción Civil, Pedro Huillca, y cuando esbozaban la estrategias de guerra sicológica para aterrorizar a los ciudadanos e intentar frenar los ataques de la subversión.
Todo un infierno en el que se desenvolvieron gustosos los siameses, chapaleando en la sangre de las víctimas de sus planes.
Llegó una etapa en la que el gobierno, ante las embestidas del terrorismo, replicaba con diabólica fiereza: dos de los casos emblemáticos son la masacre de los Barrios Altos y la Cantuta. Pero hubo muchas más que no han sido publicitadas.
Por ejemplo, en la Policía, existía una Unidad de Acciones Tácticas al mando del comandante “Juan Carlos” que salía todos los días a cazar supuestos subversivos por las calles de Lima. Entre sus crímenes más sonados esta el cometido contra 5 estudiantes de la Universidad Católica en Los Olivos,que por supuesto,nunca fue esclarecido.
Así, como los terroristas iniciaron el baño de sangre que casi sepulta a la Nación peruana, hubieron otros, como Fujimori, que desde la acera del frente, pretendieron combatirlos desatando una guerra infernal, contraviniendo el principio democrático de diferenciarse del enemigo que usa el crimen y el terror como armas.
Fujimori también tuvo su pacto con el diablo, empeñó su futuro político con una estrategia dual:una visible,humanitaria y respetuosa de los DD.HH y otra invisible que pisoteaba los principios y reglas de la guerra.
Ahora,a la luz de los hechos,podemos concluir que un combate al terrorismo, apegado a las leyes de la guerra, hubiera evitado la muerte de inocentes y el desprestigio de una política antisubversiva que encabezaba Fujimori y que evidentemente tuvo crudos resultados positivos..
Y más aun, hubiese asegurado tiempos de paz duraderos y los rencores post guerra también hubiesen sido menores.
La sentencia contra Fujimori nos deja una clara enseñanza: Nadie está por encima de la Ley y todos estamos obligados a respetarla.

FUJIMORI CONDENADO A 25 AÑOS DE CÁRCEL

En este vídeo de la cadena AlJazeera,Keiko,la hija del condenado Alberto Fujimori,confiesa los métodos que utilizó su padre para combatir la subversión que desangró nuestro país.También habla sobre la "eliminación de terroristas".
Este excelente descubrimiento estuvo a cargo de la periodista Mariana Sanchez Aiscorbe.

A esta revelación ,se suman los documentos secretos desclasificados (también en inglés) del gobierno americano sobre el accionar de Fujimori durante los años de guera contra el senderismo.