jueves, 14 de abril de 2011


Hasta Aquí Nomás

 

14 de abril de 2011
Caretas
 

Hasta los últimos días de este proceso, Keiko Fujimori y la gente de Fuerza 2011 habían logrado mantener una cierta distancia con el pasado más oscuro del fujimorato. Algo parecía prometer su juvenil candidatura, acompañada como estaba con una figura como Jaime Yoshiyama, tan humillado por Montesinos, y, entre bambalinas, por el buen hermano Santiago.

Pero a partir de su manifestación de cierre de campaña, Keiko no solo ha dado vivas filiales a su encarcelado padre sino que lo ha subido al estrado en calidad de prócer nacional y proclamado reiteradamente a su régimen como el “¡mejor gobierno de la historia del Perú!”.

¿Cómo? Aquí debe frenarse este sushi.

Esa candidatura implica ahora un humillante agravio a la Nación que se debe rechazar, y la proyección es peor.

¿Puede tener algún lugar ejemplar en nuestra historia el Presidente de la República que fugó del país de Grau, Cáceres y Bolognesi en circunstancias bochornosas, y que se refugió en la tierra de sus ancestros postulando incluso, aunque infructuosamente, a la Dieta en representación de una facción fascista?

¿Merece alguna consideración el reo que, condenado después de un ejemplar y meticuloso juicio público, que ningún observador internacional ha objetado, con cargos que ya previamente habían sido evaluados como delitos comunes por la Interpol, fue extraditado de Chile al determinar la justicia de allá que el caso de ‘Chinochet’ no era político sino criminal?

¿Es ese el personaje el que lideró el “mejor gobierno de la historia del Perú” y es su familia la que resguardará en el futuro la seguridad ciudadana?

¿Qué se cree la dinastía Fujimori, que este es un país de quita y pon, y sin memoria alguna?

¿No terminó el fujimorato con casi todos los miembros de su alto mando militar y policial en prisión, convictos y confesos por grandes latrocinios en la adquisición de armas y operaciones de pillaje auténticamente mafiosas?

¿Las atroces y estúpidas matanzas de los Barrios Altos y La Cantuta se explicarán en el futuro, como ya lo está volviendo a hacer Martha Chávez, como incidentes menores y daños colaterales comprensibles?

¿Se destruirá el monumento al Ojo que Llora y se anulará el proyecto del Museo (o Lugar) de la Memoria, ignorando el apoyo de las Naciones Unidas, del Premio Nobel Vargas Llosa y del actual Presidente Alan García para respetar la mentalidad del Grupo Colina?

En estos días, y ante la disyuntiva electoral planteada, hay que recordar e insistir en que la Patria es más que la administración de su economía y el bienestar de sus empresas, por más vitales e importantes que sean para el desarrollo. Un país es historia, dignidad, cultura, identidad y sobre todo futuro.

Cuidado con esta segunda vuelta. Rechacemos a un régimen propenso a convertir en prostíbulos a los medios de comunicación.

Evaluemos integralmente, con serenidad e inteligencia, a los candidatos y sus programas, y encontremos las formas de amarrar compromisos que respeten los procedimientos democráticos y administren racionalmente el proceso de nuestro auspicioso desarrollo económico y distributivo sin los desplantes de una izquierda que es anacrónica en todo el mundo.

Después de todo, ya se pueden comprobar los desastres y el desgobierno que hunden a Bolivia y convierten a Venezuela en un circo.

Mientras tanto, en aras de un clima menos dubitativo en los círculos de la inversión extranjera y nacional, nada de volverse a humillar por un polo naranja que salga de la Diroes. Quienes los usan ya sacan pecho para refregarlos con insultante arrogancia: “¡Fujimori, el mejor gobierno de la historia del Perú!”.

domingo, 10 de abril de 2011


Adelanto de legítima herencia


El fujimorismo habría obtenido su pase a una segunda vuelta, lo que representa un virtual gobierno de la hija del ex presidente Fujimori, ya que la extrema derecha y un sector del centro democrático de la política peruana están dispuestos a votar por Keiko con tal de cerrarle el camino al nacionalismo. Obvian, así, el pasado reciente teñido de corrupción de sus mentores. Más pesa la confianza que la hija del encarcelado ex presidente estaría dispuesta a proseguir el modelo económico imperante. Las cuestiones morales y éticas de permitir el regreso de un conglomerado político que ha demostrado comportarse como mafia, pareciera importar poco.

Al mismo tiempo, éstos resultados electorales demuestran que la mayoría de votantes quieren un cambio en la administración del Estado, que en los últimos años ha permitido el crecimiento macroeconómico pero ha relegado a los más pobres. Entonces, según los resultados, podemos deducir que el grueso de la población no desea que perviva el modelo que hace a los pudientes cada vez más poderosos y a los pobres cada vez más miserables. Pese a que el actual régimen económico ha permitido un desarrollo de la llamada clase media que es la que permite un crecimiento sostenido en cualquier sociedad.

Sin embargo, la alta votación obtenida por Ollanta Humala (alrededor del 30 por ciento) demuestra que sus huestes han ido aumentando progresivamente y no surtió efecto la campaña de satanización en su contra liderada principalmente por los toledistas, pero financiada por representantes de los principales grupos económicos del país que perciben al candidato nacionalista como un cuco que amenaza con trastocar las leyes que permiten el desarrollo del actual modelo económico.

Un elemento que deberá ser analizado por los psicólogos sociales es la influencia en los resultados del factor inseguridad que se respira en la población, el que habría empujado a un gran sector del electorado a decidir su voto a favor de una opción dura representada por el nacionalismo y el aire dictatorial que se percibe en el fujimorismo.

A un lado fue dejado la defensa de los Derechos Humanos, ignorada por todos los candidatos, seguramente por ser un tema delicado, que levanta serios prejuicios y que reabre heridas.

Al conocerse los resultados que ponían a Keiko Fujimori virtualmente en la segunda ronda de balotaje para decidir la contienda electoral con Ollanta Humala, se prevé que Fujimori padre este saltando en un pie en la DINOES ya que sus esperanzas de un indulto se acrecientan enormemente. 

También debe haber surcado vientos esperanzadores entre los cocaleros y procesadores de drogas en los principales valles productores ya que se conoce que los nacionalistas tienen un acercamiento evidente con los intereses de los cultivadores de coca y en el fujimorismo sobran indicios de la complicidad del régimen mafioso de Alberto Fujimori y Montesinos que se caracterizó, entre otras cosas, por permitir y trastear droga en helicópteros militares, nada menos.

Pero nada de eso importo en el ideario de la mayoría de peruanos. Decidieron otorgarle su confianza a dos fuerzas sumamente cuestionadas, una por representar un proyecto radical con tintes populistas y la otra por tener en su haber su cercanía a una dictadura mafiosa que proyectaba atornillarse indefinidamente en el Poder. Ahí prosiguen los mismos personajes que llevaron al país al descalabro moral y destruyeron las principales instituciones de control democrático.

Ollanta Humala es un lobo disfrazado de cordero, cínico hasta la estratósfera, que ha elucubrado un plan político sumamente peligroso para el destino de la nación. Solo que en la presente campaña cuenta con asesores expertos en proyectar una imagen a pedido, capaz de encandilar a los votantes, ocultando  en la mentada “economía nacional de mercado” un proyecto nacionalista capaz de espantar cualquier inversión y ,por ende, reducir el empleo y frenar el crecimiento del actual modelo económico.

Resulta también preocupante la gobernabilidad del próximo régimen, ya que la campaña de la segunda vuelta deberá ser a muerte, lo que dejará seriamente dañada la relación de vencedores y vencidos y queda por descontado que no habrá mayoría parlamentaria.

jueves, 7 de abril de 2011


La Venganza de los pobres


¿Por qué hemos llegado a ésta encrucijada política, qué hace a unos entusiasmarse con la simple promesa de futuros cambios y a otros sufrir la más negra pesadilla de los últimos tiempos? ¿qué provoca que las grandes mayorías emita su voto con la punta del pie y no como fruto de un mesurado análisis de lo mejor para nuestro país? ¿qué impulsa a cientos de miles de taxistas a asegurar su voto a favor de Humala, crédulos de la simple promesa de abaratar el precio del gas? ¿Cómo así, cientos de intelectuales que creíamos “progresistas” apuestan por el proyecto humalista, pese a las muestras de intolerancias hechas pública por su líder?

Son preguntas preñadas de respuestas, pero que hace pensar en un hartazgo de las mayorías excluidas. Aquellas a las que, el  tantas veces pregonado “chorreo”,  nunca llegó en estos últimos diez años. Es una venganza en contra de la casta política que se ha turnado en el Poder en los últimos 25 años y que ha despreciado los anhelos de salir de la pobreza de millones de compatriotas. Es algo que no podemos negar porque está ahí, es palpable en todo el cinturón de miseria que rodea Lima. Ni  hablar de las provincias más olvidadas del interior.

En vista de la tendencia mostrada por las encuestadoras, y los prohibidos sondeos de las últimas horas que se difunden de boca  a oído, como una especie de aterrado murmullo, el futuro de nuestro país podría estar en manos de dos opciones, opuestas en su visión macroeconómica, pero que a juicio de los analistas del orden establecido representan un peligro para la estabilidad democrática, la libertad de empresa y las inversiones.

Es la promesa de Ollanta y sus allegados de terminar con “el modelo económico neoliberal” el que entusiasma al postergado, a la vez que aterra a los cientos de inversionistas nacionales y extranjeros que apostaron sus capitales en el país, basados en las reglas claras establecidas para invertir y recuperar ganancias. La principal intención del proyecto nacionalista radica en gravar las sobreganancias mineras, es decir, hacer pagar a los grandes capitalistas un porcentaje de sus ganancias no proyectadas. 

Su Plan de Gobierno, que poquísimos se han tomado la molestia de leer, contiene claras amenazas a la libertad de empresa de los brocasters de radio y televisión, lo que redundaría en una restricción de la libertad de elegir contenidos del ciudadano común.

Por su parte, la posible elección de Keiko Fujimori resulta un peligro por el pasado de corrupción que respalda su proyecto político que tiene como principal hacedor a su padre, el condenado ex presidente Alberto Fujimori. Además, se corre el riesgo que la mafia fujimontesinista levante cabeza y se recomponga, socavando las instituciones principales del Estado aun corroídas por la lacra que gobernó al país en la década de los 90s.

Ese es el nuevo y oscuro panorama político que nos acecha. Y es que cuando los cerros votan en masa, y esa expresión democrática no es articulada con una visión de futuro sino con una reacción de rechazo, las crecientes masas citadinas que procuran un desarrollo con las actuales reglas, quedan desplazadas y con poca vela en este entierro.

Además, en las  últimas horas se ha notado la mano de aquel que es capaz de impedir elecciones. No es casual que el Apra, casi en secreto, haya acordado apoyar a PPK para así impedir que Toledo alcance el segundo lugar y keiko ingrese a una segunda vuelta con todas las de ganar. Pero con ese análisis volveremos despues.

Que Dios nos coja confesados.

domingo, 3 de abril de 2011


Recordar emancipa la memoria

Hace tres años, el periodista Marco Sifuentes de "La ventana indiscreta", hizo este reportaje a doña Susana Higuchi, madre de la actual candidata presidencial Keiko Fujimori. En él se relata los sufrimientos que le ocasionó el encarcelado ex presidente, apartándola de sus 4 hijos y condenándola al olvido filial por más de 15 años. Se muestra la fibra moral del condenado Alberto Kenya Fujimori, el maniqueo personaje que regula la candidatura de su hija Keiko y la comparsa que gobernó al país por una larga y aciaga década.

sábado, 2 de abril de 2011


De regreso a los tiempos de la oligarquía

Por Francisco Durand
Profesor de Ciencias Políticas Universidad de San Antonio, Texas , EEUU



El director de una minera de cuyo nombre no debo acordarme me dijo en Lima que en las próximas elecciones los empresarios necesitan un presidente que deje la economía como está. Acto seguido se puso a pensar quién podía sentarse en la silla y quién no.

Obviamente, nombró con entusiasmo a Pedro Pablo Kuczynski, que para los mineros es de casa y, ¿por qué no?, a Alejandro Toledo, que la hizo bien, podría repetir. Nuestro alcalde, enemigo de licitaciones y amigo de grandes obras, también es bien visto. Keiko Fujimori es asimismo aceptable, a pesar de ser monotemática. Hasta el tío George del Castillo es visto como potable, a pesar de sus petroaudios.

Luego vino la frase de la semana que me hizo recordar la conversación con el minero de este país manejado por 20 familias y 40 corporaciones. La emitió Felipe Ortiz de Zevallos (grupo Apoyo): “Creo que, sin importar quién gane la elección, hay un consenso de ortodoxia en materia económica.” Bueno, existe ese consenso si solo vemos a los candidatos conservadores o acomodados al poder económico. Es por eso que son intercambiables.

No tardaron en aparecer en la conversación los fantasmas de la izquierda. El minero estaba satisfecho de que Humala y sus diezmadas huestes siguen desangrándose ante los ataques denonados de Palacio y la prensa amiga, tarea en la cual incluso colabora el Banco de Crédito cuando revela información privada de Nadine Humala. El padre Arana no tardó en aparecer. ¿Tú realmente crees que puede inspirar a las masas y llegar a una segunda vuelta?. Ahí esta el problema, esa incertidumbre de que los pobres eligen. Como bien dijera Ortiz de Zevallos, en las elecciones “mucha gente pobre es fácilmente persuadida”. Los candidatos alternativos no cumplen con el requisito de buena disposición del aviso en la página económica: “Se necesita presidente que siga instrucciones”.

Interesante la conversación también por sus omisiones. Los problemas sociales, el crimen organizado, callejero y pandillero; la informalidad, la corrupción, en fin, el desarrollo desigual, para citar un concepto sociológico; fueron dejados de lado. Lo central es que la economía esté en buenas manos, que no haya sorpresas.  Me recuerda otra conversación con el presidente Paniagua antes de su muerte. No me canso de relatarla. Hacia mediados del 2005 era un candidato fuerte, y se negaba a visitar a los dueños del país –como estaban haciendo otros candidatos– o a volar en las avionetas del grupo Romero –como ya lo empezaba a hacer Lourdes Flores–. Lo tomaron desprevenido por su bonhomía. Todo empezó cuando Luis Bedoya lo convocó para una supuesta concertación electoral. Cuando llegó a la reunión, se dio con una sorpresa. Lo estaban esperando un selecto grupo de banqueros y mineros, entre ellos un Brescia. Le informaron –creo que el término es exacto– que lo que el país necesitaba era dejar la economía intocada –o, mejor dicho, la estructura del poder económico y la política económica, que a eso se refieren y no a otra cosa–. Salió molesto, y con razón. Intentó hablar de salud y educación y tuvo la clara impresión de que les interesaba poco. A partir de ahí comenzó un sutil pero efectivo acoso mediático para sacarlo de la escena y poner en el centro a Lourdes Flores, “la candidata de los ricos”, lo que efectivamente ocurrió. Una labor para quitarse el sombrero.

Lo dicho, bien vistas las cosas, no es nuevo. Así se manejaba el país antes de 1968, cuando todos se quitaban el sombrero al ver pasar a un grupo de grandes familias propietarias de haciendas, a los banqueros y los gerentes extranjeros de las Company Towns mineras y petroleras. Eran ellos los que manejaban el país indirectamente –el concepto es de Francois Bourricaud–, a través del candidato correcto, o el partido que se inclinara a su lado.

No había entonces, como ahora tampoco, un sólido partido de derecha, así que tenían que encontrar presidentes que estuvieran dispuestos, según la expresión de Sebastián Salazar Bondy en “Lima la horrible”, a ser “ilustres presos de la oligarquía”. Tampoco importaba mucho quién llegara al poder. Había, decían, un consenso en la ortodoxia económica liberal. Si las elecciones fallaban, no faltaba un general dispuesto al cuartelazo o un partido de  masas dispuesto a la convivencia –el APRA–. Alan García está repitiendo la historia. Una vez elegidos, si había huelgas o protestas exigían “mano dura”, “ley y orden”.

Vivimos los tiempos de la nueva oligarquía y el neolatifundismo. El grupo Gloria, por ejemplo, tiene 29,000 hectáreas. El país, dicen, prospera como nunca, aunque los primeros en prosperar son ellos. El Perú parece que fuera un puerto o un aeropuerto. Mirando siempre hacia el mar, para ver si llegan las importaciones, o si se embarcan a tiempo las exportaciones. A los cielos, para ver si llega a tiempo el avión que trae inversionistas o que nos lleva a París. Siempre de espaldas a la sierra o la selva. Es allí donde se encuentran los perros del hortelano que no dejan comer a los inversionistas. Bueno, ahora existen programas de responsabilidad social empresarial, cierto, y mejor filantropía, pero ¿acaso antes los patrones no se preocupaban de “fidelizar” a sus dependientes con obras?

Palacio organiza desfiles de inversionistas, previa publicación de folletos sobre riquezas naturales, o cartas del propio presidente a los grandes inversionistas, aunque parece que recibe de todo. Un total de 1,184 empresarios desfilaron según declaración del propio presidente al momento de estallar el escándalo de los petroaudios en octubre del 2008. ¿Por qué, presidente, recibe usted a tantos en Palacio?

Uno de los escogidos fue el dominicano Fortunato Canaán, que visitó la Presidencia del Consejo de Ministros, el Ministerio de Salud y hasta Palacio de Gobierno. Así es nuestro sistema de incentivos, personalizado. ¿Acaso el presidente Leguía y su hijo no hacían lo mismo? Luego sigue el otro desfile. Ministros y altos funcionarios visitan las suites de los hoteles. Tal es la lección de los petroaudios, escándalo que se resiste al entierro. En Santo Domingo, lugar donde nació Don Fortunato, país donde hablan de frente, le dicen con acierto “acuerdos de aposentos”.

Así estamos. Primero las minorías selectas deciden quién no puede entrar a la presidencia y quién es el candidato correcto, y luego siguen los nombramientos de economistas ortodoxos o grandes empresarios en los puestos claves de manejo económico. Luego nos visitan los inversionistas y sus lobistas. Las elecciones son una licitación. El país, un campo de inversiones.

Come caca

Sábado 02 de abril de 2011

Fuente: Perú21

Autor: Patricia del Río

“Come caca, un millón de moscas no pueden equivocarse”. La primera vez que leí esta frase estaba estampada en el polo de algún adolescente con ganas de fastidiar. Obviamente es una crítica irónica a la tendencia que tenemos los seres humanos a seguir lo que hacen las mayorías. Si recordamos que más del 80% de peruanos apoyó el autogolpe del 5 de abril, y que gracias al respaldo masivo de la población se mantuvieron por décadas gobiernos dictatoriales como el de Fidel Castro, la frase podría ser acertadísima. Sin embargo, la masa no siempre se equivoca y además, no porque no nos guste la opinión de la mayoría vamos a ocultarla o negarla. Independientemente de que estén equivocados o no, saber qué opinan los demás es una manera de informarnos para tomar nuestras propias decisiones. Para decidir, finalmente, si vamos a actuar como los demás o si preferimos separarnos de la masa y optar por otro camino.

¿Suena elemental? Lo es para cualquier marquetero, publicista, científico social o ciudadano común y corriente; pero no lo es para el Jurado Nacional de Elecciones que, como sabemos, prohíbe que se publiquen encuestas una semana antes de las elecciones. El objetivo de esta norma, que se ha criticado hasta el aburrimiento, es que los ciudadanos elijan sin dejarse llevar por los sondeos de opinión. Es decir, para el JNE los peruanos podemos elegir a un candidato por sus propuestas, porque me regaló un almanaque, porque repartió bolsas de arroz en mi barrio, o porque salió regio en la portada del Trome; pero de ninguna manera puede estar entre los criterios de mi elección el hecho de que miles de peruanos confíen en él.

¿Tiene esto algún sentido? Por supuesto que no. Las encuestas, al fin y al cabo, ofrecen un elemento de juicio más. Son una herramienta que algunos tomarán en cuenta y otros no, pero que constituyen parte del universo de datos que podemos considerar a la hora de elegir un candidato. Algunos detractores de las encuestadoras consideran que la medida es acertada porque los sondeos de opinión no son confiables, pero si ese fuera el caso, el JNE debería fiscalizarlas y de encontrar irregularidades impedirles trabajar, pero no dejarlas publicar libremente información falsa hasta la semana anterior a la elección. Así que, vamos, ese no puede ser el criterio.

Más allá de la lógica detrás de esta absurda norma, cabe preguntarnos qué consecuencias puede traer este silencio en una elección tan apretada, e inédita, como la que estamos teniendo en el Perú. A mi juicio, algunas bastante complicadas. Veamos: en este momento hay cuatro candidatos con posibilidades de pasar a segunda vuelta. Dos de ellos, Ollanta Humala y Keiko Fujimori, tienen un voto más o menos duro que difícilmente se dejará llevar por los sondeos de opinión. Keiko Fujimori capitaliza la herencia de su padre y Ollanta Humala tiene una propuesta diferenciada con la que ya sedujo a muchos peruanos. Los votos de Alejandro Toledo y PPK, en cambio, son bastante intercambiables. Ambos tienen programas de gobierno similares y apuestan por el mismo modelo de país. Por eso tanta gente estaría dispuesta a cambiar su voto, de PPK a Toledo o viceversa, sin mayores problemas. ¿Qué necesitan muchos de estos electores para tomar una última decisión? Pues asegurarse cuál de los dos candidatos nos libraría de aquello que Mario Vargas Llosa ha calificado como una elección entre el cáncer y el sida. Y para eso necesitan evaluar la información de las encuestas.

¿Está eso mal? ¿Son estos electores unos irresponsables por tomar ese elemento de juicio en su decisión? Por supuesto que no. Son simplemente peruanos que creen conveniente evaluar el voto de los demás antes de decidir el suyo propio. Son ciudadanos que solo están pidiendo estar más informados antes de elegir. Pero una vez más, el JNE los priva de este legítimo derecho y los trata como si fueran moscas, que no piensan, que no evalúan, y que solo buscan ir tras la caca.

“LO QUE SE JUEGA”

Por César Hildebrandt

Sema­na­rio “Hil­de­brandt en sus trece”,
01 de Abril de 2011

Transcrito por Pasco al día


Un perio­dista extran­jero –viejo amigo– me hace pre­gun­tas sobre las elec­cio­nes de Lima y per­cibo, al otro lado de la línea tele­fó­nica, un dis­creto asom­bro, pri­mero una cierta per­ple­ji­dad, des­pués, y por último, unas fra­ses sali­das de la estupefacción.

¿Ha habido, es cierto, once can­di­da­tos a la pre­si­den­cia? ¿Es cierto que uno de ellos es ciu­da­dano de los Esta­dos Uni­dos? ¿Puede con­fir­marse que el par­tido polí­tico más impor­tante del Perú tuvo que recu­rrir a una mujer inde­pen­diente que luego renun­ció y que, por tanto, no está en la lid elec­to­ral por la pre­si­den­cia? ¿Y es cierto que el otro par­tido impor­tante, el con­ser­va­dor PPC, tuvo que sub­su­mirse en un con­glo­me­rado por­que su lide­resa no quiso pos­tu­lar? ¿Y puede con­fir­marse el hecho de que Acción Popu­lar, el par­tido que llevó a Fer­nando Belaunde dos veces al poder, es hoy un átomo de esa molé­cula lla­mada Perú Posi­ble? Y, final­mente, ¿Es cierto que los cinco pri­me­ros de las encues­tas tie­nen más o menos igua­les posi­bi­li­da­des de pasar a la segunda vuelta?

Tuve que decir sí. Varias veces sí. Dema­sia­das veces sí. ¿Pero por qué la tota­li­dad del Con­greso se elige en la pri­mera vuelta? ¿No sería mucho mejor que en la pri­mera vuelta se eli­giera la mitad del Con­greso y que en la otra mitad saliera de los dos par­ti­dos más vota­dos? ¿No haría eso más gober­na­ble al Perú? Le dije que cuando De Gau­se­lle creó el ballo­tage para impe­dir que los colum­nis­tas lle­ga­ran al poder no pudo ima­gi­nar un esce­na­rio como este y que la culpa no es de la V Repú­blica fran­cesa sino de la eterna repu­bli­queta que nos hemos empe­ñado en construir.

No ter­mi­naba de hacer pre­gun­tas. Tuve la sen­sa­ción de que, al con­cluir la charla tele­fó­nica, mi amigo tenía la idea de que el Perú es una extra­va­gan­cia, una exqui­si­tez para soció­lo­gos, una demo­cra­cia amena y depra­vada, una espe­cie de Galá­pa­gos de la his­to­ria, con sus tor­tu­gas inmor­ta­les, sus igua­nas irre­pe­ti­bles y esas aves que Dar­win observó con tanta paciencia.

Yo pienso, modes­ta­mente, en todo caso, lo mismo. Una vez, en El hom­bre de la calle, Fede­rico More quizá insi­nuó que el Perú era un ómni­bus con ínfu­las de Mercedes.

La ver­dad es que el zafa­rran­cho elec­to­ral, la viu­dez pro­gra­má­tica y la pros­pe­ri­dad de los insul­tos y las paya­sa­das son parte de nues­tro esfuerzo en no ser un país serio. ¿Qué quie­ren? ¿Elec­cio­nes del pri­mer mundo en un país del tercero?

La con­fu­sión de estas elec­cio­nes es el resul­tado de muchos fac­to­res. Tra­taré de enu­me­rar algunos:

1) La cri­sis de la edu­ca­ción. El Perú es menos que subsahariano(1) en esta mate­ria. De esa matriz no emer­gen ciu­da­da­nos no demó­cra­tas por­que la demo­cra­cia no es un ins­tinto sino una cons­truc­ción cul­tu­ral. El lide­razgo al que las tur­bas se resig­nan puede no tener otra vir­tud que la de un poder ejer­cido brutalmente.

Can­di­da­tos Presidenciales

2) El secues­tro de los par­ti­dos polí­ti­cos por parte de los gru­pos eco­nó­mi­cos más pode­ro­sos. El Apra de Alan Gar­cía es una demos­tra­ción de comi­sa­ría de este fenó­meno. La derrota del Apra ha sur­gido de aque­llo que Haya de la Torre temió de joven y toleró de viejo: la sen­sua­li­dad, la renun­cia a los idea­les, la muerte de esa uto­pía que hace que un par­tido tenga norte y con­vo­que a mili­tan­tes com­pro­me­ti­dos. Esa uto­pía no tiene que ser de izquierda. La uto­pía culta de muchas dere­chas en el mundo viene del Sacro Impe­rio Romano Ger­má­nico, pasa por la teo­lo­gía de los padres de la Igle­sia cató­lica, se nutre de la Ingla­te­rra del siglo XVII, elude la revo­lu­ción fran­cesa, cabo­tea en Adam Smith y llega a las muchas figu­ras con­tem­po­rá­neas que lo encar­nan. La dere­cha es una cosa seria. Aquí se creen de dere­cha los que se atrin­che­ran en su mar­gen de uti­li­da­des con un trago en la mano y una pis­tola al cinto. Esa huelga invo­lun­ta­ria del pen­sa­miento ter­minó en el PPC-Cementos Lima, una fusión pro­fé­tica de los años 60. Y lo del comu­nismo es más breve: hijos de Sta­lin (Aun­que se decían dis­cí­pu­los de Lenin), toda­vía no se repo­nen de la implo­sión de la URSS y sus filia­les. Se han que­dado sin dis­curso y demues­tran que la ira no es sufi­ciente. Lo demos­tró Pol Pot. Lo sufri­mos con Guzmán.

3) La corrup­ción gene­ra­li­zada de los medios de comu­ni­ca­ción, con­ver­ti­dos en sica­rios del orden quieto y el con­ser­va­do­rismo y crea­do­res de pánico cada vez que alguien quiere hacer algún cam­bio. Los dia­rios perua­nos más impor­tan­tes ya no infor­man: jue­gan con las emo­cio­nes de la gente común y corriente y, de un modo casi iró­nico, le dicen que si alguien mueve alguna ficha per­de­rán lo que no tie­nen y care­ce­rán del futuro pro­me­te­dor del que ya han sido despojados.

Es como decirle a un muñón(2) que puede per­der el miem­bro que le perteneció.

¿O creen que nego­ciar con las mine­ras nue­vos arre­glos y recau­dar más por ganan­cias super­la­ti­vas que jamás nadie ima­ginó es un pecado?

¿Será un delito que el Estado, demo­lido por Fuji­mori con la com­pla­cen­cia de las gran­des for­tu­nas, reapa­rezca como árbi­tro y como fun­ción tuitiva (3) ?

¿Se irán todas las inver­sio­nes extran­je­ras por­que pon­ga­mos lími­tes a la explo­ra­ción y explo­ta­ción de hidro­car­bu­ros en la selva?

¿Pro­tes­tará Obama si levan­ta­mos el sala­rio mínimo?

¿Nos ata­cará la avia­ción de la OTAN si le deci­mos a la tele­fó­nica que aque­llo de la renta básica es una estafa?

¿Nos bom­bar­dea­rán los tuca­nos bra­si­le­ños u Ode­bre­cht dejará de hacer nego­cios si revi­sa­mos y, even­tual­mente, para­mos ese desas­tre a la vista que es Inambari?

¿Inva­dirá Chile Tacna si le deci­mos que el trato a los capi­ta­les de ambos paí­ses ten­drá que ser recí­proco y que ya es hora de empe­zar a corre­gir la enorme asimetría (4) de nues­tra rela­ción comercial?

¿Quién y con qué dere­cho habrá de cas­ti­gar­nos si le pone­mos un pare de ver­dad al capi­tal espe­cu­la­tivo que llega a Lima a crear dis­tor­sio­nes monetarias?

¿Qué pasará si le deci­mos a Romero que no siga sem­brando pal­mas para hacer com­bus­ti­ble por­que eso es irracional?

¿Y si le deci­mos a los oligopolios (5) que dejen de concertar?

¿y si le devol­ve­mos a los tra­ba­ja­do­res algu­nos dere­chos sin­di­ca­les arran­ca­dos a pata­das durante la putre­fac­ción fujimorista?

¿Y si deci­mos “basta de ser­vi­ces tram­po­sos crea­dos para explo­tar más al trabajador”?

¿Qué?

¿Nos expul­sa­rán de la OEA si deci­di­mos que parte del puerto del Callao siga en manos nacionales?

¿Quién nos con­de­nará si enfren­ta­mos, con una línea aérea nacio­nal pri­vada, el cuasi mono­po­lio arra­sa­dor de LAN, que, para des­alen­tar el turismo interno del Perú, le cobra a los extran­je­ros cupos mons­truo­sos que no cobra en Chile?

¿Y si dota­mos a nues­tras fuer­zas arma­das de lo nece­sa­rio para poder defen­der­nos –sólo para poder defendernos-, habrá alguien en Lati­noa­mé­rica que se escandalice?

En resu­men, ¿ahora resulta que en esta aldea glo­bal es una falta ser peruano?

4) La atmos­fera tóxica de impu­ni­dad que se res­pira en todas las esfe­ras. Lo que con­vierte a lo que queda de Estado en fuente de for­tu­nas y a muchí­si­mos empre­sa­rios en coimea­do­res crónicos.

5) La per­sis­ten­cia de la desin­te­gra­ción nacio­nal. La selva siente que los lime­ños somos no sólo dis­tan­tes sino hos­ti­les. Hay regio­nes del sur donde nos odian con todo dere­cho. Las fron­te­ras son la prueba de nues­tra inca­pa­ci­dad nacio­nal para esta­ble­cer prio­ri­da­des sensatas.

6) El rego­cijo casi patrió­tico por los anti­va­lo­res en acción: El engaño es vir­tud; la estafa, hazaña; el abuso, mer­cado; la pen­de­jada, talento; la impun­tua­li­dad, carác­ter. De estos fie­rros retor­ci­dos no salen sólo empren­de­do­res de éxito sino gene­ra­cio­nes anómicas (6). Y pasar de la anomía a votar por un ladrón es fácil.

¿El Perú tiene esperanzas?

Por supuesto que las tiene. Pero sólo si acepta que tiene que cam­biar. No para pare­cer­nos a Chá­vez, ese esperpento (7) de izquier­dismo a mano armada. No para ser Cuba, esa tumba del Hom­bre Nuevo con mayús­cu­las. No para repe­tir expe­rien­cias fra­ca­sa­das. Si para sen­tir que vivi­mos en un país digno, pro­ble­má­tico pero lim­pio, diverso y unido por un pro­yecto que alcance para todos.

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Voca­bu­la­rio:

1. Sub­saha­riano, na.: Se dice de la parte de África situada al sur del Sahara.
2. Muñón: Parte de un miem­bro cor­tado que per­ma­nece adhe­rida al cuerpo
3. Tui­tivo, va: adj. Der. Que guarda, ampara y defiende.
4. Asi­me­tría: Falta de Corres­pon­den­cia exacta en forma, tamaño y posi­ción de las par­tes de un todo.
5. Oli­go­po­lio: Econ. Con­cen­tra­ción de la oferta de un sec­tor indus­trial o comer­cial en un redu­cido número de empre­sas.
6. Anómico, ca: Per­te­ne­ciente o rela­tivo a Psi­col. y Sociol. Con­junto de situa­cio­nes que deri­van de la caren­cia de nor­mas socia­les o de su degra­da­ción.
7. Esper­pento: coloq. Per­sona o cosa nota­ble por su feal­dad, des­aliño o mala traza.

viernes, 18 de febrero de 2011


LENTE IMPETUOSO


Carlos “Chino” Domínguez partió para no volver nunca más. Tras de él  quedamos miles de amigos, admiradores, alumnos de su pericia y aduladores de ese ojo avizor que era capaz de capturar la historia en un click. Era un reportero gráfico de calle, que recogía la noticia gastando las suelas de sus zapatos.

Lo conocí, mejor dicho, quedé maravillado por su calidad para captar el momento preciso en una situación noticiosa, a mediados de los 80s. Una vez, abrí las páginas de La República y en la zona central destellaban ante mis ojos una seguidilla de imágenes de una pareja de amantes que se prodigaban pasión ( a plena luz del día) en el mezzanine del inmenso edificio ubicado en el cruce de las avenidas Grau y Abancay. El “Chino” Domínguez había estado tres pisos más arriba, contemplando el caótico paisaje de la zona, cuando se percató que dos jóvenes  mantenían, muy recatadamente, relaciones sexuales en una pequeña azotea. Como el gran ”Chino” andaba siempre con su cámara Nikon F3 en ristre, comenzó a apretar el obturador acabándose los dos rollos de película blanco y negro que le quedaba.

Al día siguiente, esas imágenes fueron portada y página central del naciente y exitoso diario. Surgió todo un estudio y discusión en las aulas donde se enseñaba periodismo sobre la conveniencia o no de publicar un reportaje gráfico de ese calibre, poniéndose en duda su calidad de hecho noticioso. Evidentemente la faena de  “el Chino” se constituía en un impecable trabajo reporteril  pero, quizá, más propio de ser publicado en una revista de inactuales o de antropología social.

Luego, ya ejerciendo el oficio, me lo tope varias veces hasta que entablamos conversación. Más bien, él, con su sencillez, me abordó uno de esos días en que los reporteros de calle suelen esperar bajo el sol que aparezca la noticia. El “chino” ya maduro pero en la plenitud de sus facultades solía acercarse a los jóvenes periodistas y en sustanciosas conversaciones desplegaba sus experiencias sin cortapisas. A veces coincidían en el punto noticioso dos generaciones de los “chinos” Domínguez. Aparecían con sus cámaras fotográficas, o bien doña Antonieta (la “china” Domínguez, que nunca  pude averiguar si era su esposa o su hermana) o su hijo Juan Carlos, a quien metió de lleno al oficio desde muy joven. Más tarde aparecería en el ruedo periodístico su hija Mary Domínguez, también con su  cámara en ristre. Esa collera de fotoperiodistas empezaron a andar las calles de esa movida Lima de los 80s y 90s.

SUS ENSEÑANZAS
Un dia, cuando se investigaba en el Congreso la matanza en los penales durante el primer gobierno aprista (1987-1988), decidí poner a prueba mis facultades como reportero gráfico. Ese día estaba el “Chino” Domínguez entre el tumulto de colegas que aguardaban afuera de una sala. El “Chino”, ese que no solo miraba la noticia suceder sino  que percibía sus entrelineas y vericuetos, me dijo: “no sigas como manada el hecho, búscale otro ángulo”.

La expectativa se centraba en el escurridizo general EP Jorge Rabanal Portilla, acusado de haber dirigido la matanza de decenas de presos rendidos en el pabellón industrial de Lurigancho en junio de 1986. Nadie conocía una imagen suya, y era la ocasión para develar su figura.

Siguiendo los consejos del “Chino” me presté una cámara de mi colega Crisóstomo de Caretas, y me enrumbé hacia la salida secreta de una cochera que existe en el sótano del Congreso. Y efectivamente, no pasaron más de 20 minutos, cuando el famoso general salía raudamente frente a mí con dos de sus guardaespaldas militares, todos vestidos de civil. Les hice tres disparos (clicks) con la cámara, mientras que los tres expuestos, se esmeraban en ocultarse e introducirse en una camioneta. La historia de esas fotos solo la saben el tal Crisóstomo, Marcos y Enrique Zileri. Nunca pregunté por ellas, me pareció obvio lo sucedido: habían sido censuradas.

Después me enteré  de las simpatías de la revista con el régimen alanista, igual que ahora, que sus afanes por servirlo resultan grotescos y evidentes. Total, así es el periodismo  de ingrato.

TODO UN PRECURSOR
Carlos “el Chino” Domínguez, ha sido todo un precursor del periodismo visual en el Perú. Fue el primero en captar instantáneas de los políticos, intelectuales y artistas del medio, desnudando  con un click los gestos y poses de todo peruano importante de 1950 en adelante. Y no solo capturó a pintores, poetas, cantores y políticos, sino que se adentró en los seres de las calles, en los mendigos y en las estampas que ofrecía una Lima que se retorcía entre la miseria y los intentos por modernizarla.

En sus inicios, luego de emigrar hacia Argentina y laborar en la revista El Gráfico, volvió para trabajar en El Comercio, en la revista “7 Días” de La Prensa y en la naciente Caretas (a mediados de los 60s), compitiendo con maestros de las instantáneas como Leoncio Mariscal, Víctor Manrique y René pinedo. En este semanario sucede una cuestión curiosa e ingrata a la vez: su director evitó, casi siempre, citar a “el Chino” en sus publicaciones y poner el crédito a sus fotos. Incluso, años después, cuando los editores de la revista utilizaban sus imágenes de archivo, nunca citaron a su autor. Sinsabores de la vida artística y profesional de un maestro de la fotografía urbana.

Son pocos los fotoperiodistas que han seguido sus enseñanzas y su estilo, y que además tienen esas facultades especiales que solo Dios puede otorgar; los podemos contar con los dedos de una mano: allí están Victor Ch. Vargas, Virgilio Grajeda, Falcón de El Comercio y otros jóvenes promesas que luchan por destacar.

Su ausencia en el mundo del periodismo será notable, pero su capacidad para retratar al Perú de seguro perdurará  en el tiempo. Solo resta consolarnos con apreciar su obra, con refrescar nuestra rica  historia cada vez que apreciemos sus imágenes, esos instantes captados por esos ojos oblicuos que extrañaremos siempre.
Buen viaje, maestro.

                          Foto de propiedad del periodista Rubén Rospigliosi

martes, 8 de febrero de 2011


Ay, la vida


Creo que me estoy volviendo viejo. Acopio piedras filosofales, repienso el futuro y suelo añorar el pasado. Me hago preguntas existenciales que antes solía dejar pasar. Me ando quieto y me consuela la tranquilidad. Antes me impacientaba, me removía lo previsible. Y no hacia pausas para indagar en mi alma. Ahora hurgo, levanto las piedras, sacudo las ramas, al mismo tiempo que la vida pone a prueba mi fe, esa que me fue castrada cuando apenas abría mis ojos.

Como dice Jorge Dexler en ésta canción, suele asaltarme la duda pero descubrí en estos años  que el creer no se impone, nace de las circunstancias, de ese deseo tan terrenal de reencontrarse consigo mismo. Es el resultado de atar cabos y darse cuenta que solo un ser infinitamente superior pudo crear ese engranaje divino llamado vida.

Y el mundo seguirá girando, hasta el fin de los tiempos; nuestras generaciones y sus descendientes serán unos más felices que otros, pero siempre el individuo acogerá en su ser a un guía y protector, más aun, cuando le asalten las dudas y la vida le de de encontronazos.

Otro al que estos tiempos de vorágine electoral puso a filosofar sobre la vida........y las candidaturas

martes, 1 de febrero de 2011


Luis Jaime Cisneros, el periodista


Escrito por Juan Gargurevich
Enero de 2011

Introducción.- Luis Jaime Cisneros, fallecido hace muy poco, tuvo una intensa actividad intelectual dividida entre la academia y el periodismo. En los días que siguieron a su desaparición todos los periódicos, sin excepción, lo elogiaron destacando su rol de maestro y de filólogo. Pero muy poco se recordó de su importante paso por el periodismo diario, primero dirigiendo La Prensa y luego El Observador. ¿Qué lo motivó a distraer su tarea en las aulas para sumergirse en la selva política periodística criolla? Esta pequeña historia, que es también un homenaje, trata de buscar respuestas.
-El Observador, hace 30 años
No hubo canillitas para gritar que aquella mañana había aparecido un nuevo diario, El Observador, pero no hacía falta porque una profusa campaña que incluía páginas enteras de El Comercio lo había anunciado. Todos los esperaban. Era el 22 de Octubre de 1981.
Y quizá la novedad más importante es que su director era Luis Jaime Cisneros, quien había aceptado volver una vez más a la espinoza tarea de dirigir un diario, algo que conocía que conocía muy bien tanto por la sobremesa familiar como por experiencia propia. Entre 1976 y 1978, algunos recordarán, había dirigido el diario La Prensa expropiado por el gobierno militar y la política y los colegas lo habían criticado con rudeza por aceptar el cargo.
Es verdad que Cisneros era desde que se inició en la docencia un gran filólogo y así ha pasado a la historia pero es cierto también que el periodismo siempre fue su vocación principal y nunca dejó de escribir para algún periódico porque tenía una fe porfiada en la importancia de la difusión para la educación.
En aquel número inicial de El Observador inauguró “Mi Columna” que firmaba simplemente “Cisneros” de puño y letra. Leamos parte de aquel primer texto:
“Cuántas conjeturas cruzaron por mi mente cuando me propusieron incurrir nuevamente en la tarea. Y es que creo que hay una función pedagógica hasta hoy desatendida por la prensa. Cada día se me antoja más clara. Hay que contribuir a mejorar los cuadros juveniles en el Perú, y ya no bastan para ello los libros de la escuela, ni satisfacen los concursos, ni hemos de lograrlo recurriendo a la metáfora y a la retórica. Hay que realizar una vasta tarea de formación cívica. El periodismo está llamado a lograr esos frutos”.
Los políticos, los periodistas, vieron con desconfianza al diario recién llegado porque no era secreto que pertenecía a un controvertido promotor y organizador, el movedizo y parlanchín Luis León Rupp, promotor del Grupo Vulcano que manejaba el Banco de la Industria de la Construcción (BIC), la empresa de aviación Faucett, los hoteles Bolívar y César, varias inmobiliarias, a lo que añadía ahora la Empresa Editorial Vulcano. Lástima que todos eran negocios frágiles, endeudados, frutos de su malabarismo empresarial.
Cuando lo entrevistó poco antes del lanzamiento de El Observador, Elsa Arana Freire, exagerando, comentó que se podía hacer una analogía con el magnate Luis Banchero Rossi, o con los hermanos Romero. La periodista le preguntó, claro, sobre sus motivos para fundar un diario y su respuesta fue un parrafazo de lugares comunes en el que solo destacó que tratarían de hacer un diario de opinión, “distinto a los de tipo informativo”.
Debe recordarse que aquel final de 1981 era presidente con olor de multitud el arquitecto Belaunde y la inflación golpeaba a los peruanos. El nuevo diario costaba 100 soles.

-Convocando periodistas
Optimista, Luis Jaime Cisneros anunció ese 9 de mayo de 1981 que el nuevo diario se llamaría El Observador, añadiendo que sería “el periódico que observará el diario acontecer más allá del año 2000”.
Fue el día de la primera reunión con los redactores iniciales, en las oficinas del BIC, el Banco de LuisLeón Rupp en la avenida Larco, como ha contado María Angela Sala quien llegó a la cita con Juan Vicente Requejo y otros.
“Seremos pluralistas, independientes, defenderemos los derechos humanos, la libertad de expresión” insistía Cisneros, contagiando de ánimo al grupo que iba creciendo. Pablo Truel, experimentado y sereno, fue nombrado jefe de redacción, en las jefaturas de información Jaime Marroquín y Nelvar Carreteros, en Economía Raul Wiener, en Deportes el solvente y experimentado Roberto Salinas, en Cultura Federico de Cárdenas y Luis Freyre, Juan Vicente Requejo en la sección Editorial.
Como la idea de los organizadores era privilegiar la opinión invitaron a un grupo de periodistas a redactar columnas. Y aparecerían textos de profesionales tan conocidos como Jorge Donayre, Jorge Moral, Laureano Carnero Checa, Jorge Luis Recavarren, César Miró, Alfonso Tealdo, Enrique Bernales, Ricardo Napurí, Luis Pásara, Justo Linares y hasta Luis Alberto Sánchez. La lista era realmente plural.
Andando las semanas se unirían Carlos Tovar, Hernán Zegarra, Alfredo Donayre, Homero Zambrano, Gilberto Miranda, César Arias Quincot, César Humberto Cabrera, y, como dijo la colega Sala un puñado de excelentes redactoras como Marlene Polo, Cecilia Manzini, Ana María Byrne, Fietta Jarque, Nelly Apaza, Margarita Muñoz, Marina Robles y otras.
Todo un equipo sólido, experimentado, instalado en el edificio de la avenida Pershing que ya lucía en la fachada “Empresa Editora Vulcano. Diario El Observador”.
Pero poner a punto un diario es una tarea compleja que requiere niveles óptimos de organización pues debe concordarse la producción de la redacción con la marcha de los talleres (diagramación, fotocomposición), el horario exacto de impresión y el recojo por los distribuidores que los llevarán a los puntos de encuentro con los vendedores, los antiguos canillitas. Si esa maquinaria no está afinada, no hay periódico.
Pero lo peor era que la Policía Fiscal los acusaba de no pagar los impuestos de la flamante rotativa Harris y cuando todo estaba ya a punto ordenó la inmovilización y el embargo, justo una semana antes del lanzamiento.
Todos lamentaban el retraso porque se sabía que Guillermo Thorndike, que también había reunido un buen equipo periodístico se aprestaba a lanzar La República, aunque aliviaba saber que pretendía ser vespertino, como en los antiguos tiempos.
En el Diario Marka, fundado un año antes, se seguía con atención ambos procesos y entrevistaron a Cisneros preguntándole, claro, si Luis León Rupp realmente editaba un vocero de su grupo económico. “Si ese fuera el objeto de este periódico, no veo porqué me hubieran buscando a mí”, contestó.
Pero ese diario estaba herido de muerte desde el principio porque el Grupo Vulcano tenía pies de barro.
-Los Cisneros y el periodismo
“Los Cisneros nacen con el periódico bajo el brazo” bromeó una vez un veterano colega al hacer la lista de los miembros de esa extensa familia que han estado, o están en el periodismo.
La historia se inicia con el laureado poeta Luis Benjamín Cisneros (1837-1906).
Parlamentario, diplomático, decano del Colegio de Abogados, fundó La Gaceta Judicial cuando era fiscal adjunto. Fue, en suma, uno de los más celebrados intelectuales del siglo XIX.
Su hijo Luis Fernán Cisneros Bustamante (1882-1954) optó temprano por el periodismo y la política y se hizo ferviente pierolista y militante del Partido Demócrata. El diario La Prensa era el vocero y desde sus páginas y con su pariente tío Alberto Ulloa Cisneros, hicieron periodismo de combate participando en importantes episodios de la vida nacional y sufriendo persecución, cárcel y destierro (para una biografía completa de Luis Fernán Cisneros remitimos al lector al libro de Manuel Zanutelli “Periodistas Peruanos del siglo XX”).
Su columna “Ecos” ha pasado a la historia del periodismo por su estilo coloquial, irónico y divertido. Sin duda, José Carlos Mariátegui tomó prestado parte del estilo de Cisneros para su igualmente famosa columna “Voces”.
Don Luis Fernán se casó dos veces. Primero con la señora Diez Canseco y luego, al enviudar, con la señora Vizquerra. De ambas ramas surgieron periodistas.
Por ejemplo, Benjamín Cisneros Diez Canseco optó por el periodismo deportivo. Se conoce poco de su actividad pero lo hemos encontrado como fundador de la fugaz revista “Grass” en 1947 y luego en Deportes del diario La Prensa. Fue el promotor de que la empresa Backus comprara el Club Tabaco y lo convirtiera en “Cristal”.
Luis Jaime Cisneros Vizquerra, en cambio, abandonó los estudios de medicina por el estudio de la literatura y la docencia a tiempo completo. Pero no olvidaría al periodismo de cuyas historias había bebido en su juventud, en la mesa familiar. Y no dudó en aceptar cuando su amigo el general Francisco Morales Bermúdez le ofreció la dirección de uno de los diarios expropiados por el gobierno militar en 1974.
“Elegí La Prensa, a diferencia del diario cuya dirección me ofrecía, porque me pareció que era lo que me correspondía como línea biográfica. Pedí libertad absoluta y la tuve” dijo hace un año en una entrevista que le hizo Ernesto de la Jara. Alcanzó a estar dos años en el periódico de Baquíjano.
Pero hubo más de la familia en este viejo oficio, como “Niko” Cisneros, periodista de farándula, tradicionalista (La Crónica, Caretas); el gran ilustrador Paco Cisneros (La Noche, Jornada). Y están con nosotros Antonio Cisneros (El Caballo Rojo, El Buho), Claudia Cisneros (Somos) que pasó a la TV, Renato Cisneros (El Comercio). Dejamos para el final a Luis Jaime Cisneros Hamann, el hijo mayor de nuestro personaje, quien dirige la corresponsalía de la agencia France Presse en Lima y continúa así la tradición familiar.
El afán por el buen periodismo es el común denominador de la familia y Luis Jaime soñaba con hacer de El Observador una especie de aula de papel en la que no debía faltar la literatura. Por eso dijo en días previos a la salida “Pensamos poder editar un libro mensual para divulgar los grandes libros formadores… Pensamos producir en épocas escolares una serie de textos que ofrezcan la información que no tienen los textos. El día que los novelistas nuestros acepten lanzar sus novelas en folletos, así como han nacido las grandes novelas clásicas, habremos cumplido toda la tarea… es un lindo reto. Un reto difícil pero que creemos que se puede hacer”.
-El periodismo de cada día

El flamante Observador se sumó de inmediato a la oposición al gobierno del presidente Belaunde y enfiló sus mejores armas hacia el Premier, Manuel Ulloa, el propietario del diario Expreso. Los razones eran múltiples, como por ejemplo la presencia importante del APRA en el directorio y la redacción del diario; y la reacción lógica del propietario, Luis León Rupp, a quien le acababan de intervenir su Banco, el BIC, haciendo tambalear al resto del Grupo Vulcano.

Pese a las dificultades, incluso para pagar los sueldos, todos estuvieron de acuerdo en seguir adelante y procurar hacerse un espacio propio en el escenario periodístico que parecía ya excesivo pues estaban El Comercio, La Prensa, Expreso, Correo, Ojo, La República, Marka y hasta el discreto “Guido” del popular Guido Monteverde.

Pero lograron diferenciarse enfatizando el plan original de Cisneros, buena información y pluralismo en la opinión. Y el propio Luis Jaime aportaba casi diario con “Mi Columna” con buenas viñetas de Adrián Arias.
En los meses que tuvo a su cargo la dirección debió hacer frente al boicot publicitario del Gobierno belaundista que prodigaba anuncios en los diarios, menos en El Observador. Y soportó las amenazas constantes de suspensión de provisión de papel, embargo de la rotativa, etc.

Luis Jaime seguía atentamente las novedades y les dedicaba su columna. Escribió de todo. Sobre los héroes, parques, jóvenes, ajedrez, medicina, playas, universidades, Iglesia, trazó perfiles breves y perfectos de personajes, todo ligado estrictamente a la actualidad y con visión crítica.

Lo acompañaban con sus columnas Raul Wiener (El Observador Ecónomico), Rodney Espinel (El Observador Sindical), Justo Linares (Sube y Baja), César Miró (Linterna de Diógenes), Mario Belaunte (Tal como lo Veo), Alfonso Tealdo (Mirador), Víctor Tirado (Paso a Paso), Jorge Donayre (Según pasan los Días) y el joven caricaturista Eduardo, entre otros.

Todos ellos, más analistas invitados como Rolando Breña, Alfredo Barnechea, Hugo Neira, Edgardo Mercado Jarrín, Sonia Luz Carrillo, Ulises Humala Tasso, construían una alternativa que efectivamente ofrecía un rostro distinto y se acercaba al ideal de periódico que debe dar a sus lectores material para decidir e interpretar por su cuenta.
Tuvo días duros como aquellos de abril del ataque inglés a Las Malvinas y lloró como muchos cuando torpedearon el crucero Belgrano. Y dijo en su columna:

“Pienso en esos quinientos jóvenes marineros argentinos que allá en el mar, bajo la inmensa sombra celeste de la patria, sucumbieron en instantes en que estaban realmente fuera del ámbito señalado por el propio adversario como teatro de guerra. Pienso en todos los jóvenes bajo armas que esperan con justificada ilusión seguir el mismo camino con la frente alta y la puntería asegurada en todo barco inglés. Pienso en las mujeres argentinas que velaron orgullosamente esa jornada por el hijo que así aseguraba a su patria grandeza y libertad, y comunicaba su hondo regocijo con el mar. Pienso en Belgrano y en esa hermosa canción que todos entonábamos en las jornadas patrióticas: ‘Aquí está la bandera idolatrada, la enseña que Belgrano nos legó’.


Abrigados por esa bandera se hallan ahora esos quinientos jóvenes en el mar. Y una aurora radiante cubre el horizonte. No lloran por estos muchachos los jóvenes de América: los envidian y cantan su gloria”.
-La renuncia irrevocable
“No va más, muchachos, se acabó… la empresa ha decidido suspender la edición del diario”, dijo Luis Jaime Cisneros a sus periodistas la tarde del miércoles 12 de mayo. “El domingo será la última” añadió. Y dice la crónica que publicó el propio Observador que su director hizo el anuncio “con el rostro apesadumbrado y voz emocionada”.

Pero a la tristeza quizá se sumaba algo de alivio porque hasta entonces sostener la edición cotidiana había sido un esfuerzo enorme.

Era un excelente diario pero no tenía los anuncios suficientes para sostener sus grandes costos y, como se dijo antes, ya el Grupo Vulcano estaba desfondado e incluso su promotor, Luis León Rupp, acusado de estafa, se había marchado a España en febrero dejando sus empresas y empleados al garete.

Pero había hecho esfuerzos por salvar al diario. Por ejemplo, junto con Cisneros, se reunió con los líderes políticos de la oposición aunque no pudo lograr ayuda sustantiva más allá de las promesas de siempre.

Al difundirse la noticia del cierre hubo un alud de expresiones de solidaridad de instituciones, partidos, políticos. Las Cámaras de Senadores y de Diputados emitieron pronunciamientos de respaldo –con el voto en contra de los gobiernistas belaundistas. Todos acusaban el Gobierno de socavar la economía del diario y en particular a Manuel Ulloa, el jefe del Gabinete.

Era verdad que El Observador se había convertido en un dolor de cabeza para el Premier porque pese a que no circulaba como otros, economistas como Manuel Moreyra lo sacudían sin descanso.

El jueves 20 de mayo el Grupo Vulcano anunció de manera formal su retiro de la empresa con un largo editorial en que acusó al Gobierno de maniobrar de manera constante en contra. Dificultó, dijo, el desembarque de maquinarias, marginó al diario de la publicidad estatal y agredió al resto de empresas.


Luis Jaime se despidió con tristeza de sus lectores:

“Tal vez esta columna cierra un periplo. Me suele ocurrir de vez en cuando. Tener que cerrar la casa en que se ha vivido, la ventana que uno abría diariamente para observar el paisaje. Y no poder obtener que la casa se vaya con uno, ni el árbol vecino, ni las caras y las circunstancias que un día preciso sellaron una amistosa colaboración. Pero la vida está llena de estas lecciones. No hay virtud que no tenga su cono de sombra. No hay felicidad que no comporte un lado desgraciado. No hay empeño que no implique fatigas y desasosiegos…”.

Los periodistas formaron un Comité de Lucha para seguir editando el diario y le pidieron a Cisneros que se quedara; luego se organizaron en Frente Unico de Trabajadores y más adelante en Cooperativa.
Pero Luis Jaime ya no pudo acompañarlos y renunció en los primeros días de junio para reincorporarse a tiempo completo a sus tareas en la Universidad Católica.

¿Y El Observador? Su control fue disputado ardorosamente por su personal que siempre había sido políticamente disímil, y solo la gran autoridad de Cisneros lo había mantenido unido y su salida precipitó la división. Fue publicado en varias versiones hasta agosto de 1984. Hasta el final siguió siendo un buen periódico.
–FIN–