miércoles, 29 de septiembre de 2010


Villarán y las carencias de la izquierda peruana


El sociólogo Carlos Meléndez del blog El Jorobado de Notre Dame, escribió hace dos años un interesante estudio sobre las taras históricas que ha envilecido a la Izquierda peruana. El artículo completo salió publicado en el número 171 de la revista QuéHacer con el título "Muchachito del ayer", causando todo un revuelo entre la intelectualidad limeña que vió expuesta al escudriño "de las masas" sus  demonios y abofeteadas tesis que solo han traído atraso y dolor entre quienes dicen representar.
En el marco de la actual contienda electoral, plagada de himnos al poto y de digitadas campañas de demolición, cabe refrescar la memoria de los electores con análisis e información que los ayude a tomar una decisión atinada sobre quien dirigirá el futuro de su comunidad.
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Muchachito del ayer (o en qué se equivoca la izquierda en el Perú)
Por Carlos Meléndez*Revista QuehacerOctubre de 2008
La izquierda fracasó en el Perú. Solo durante la década de 1980 estuvo cercana al éxito electoral que le hubiese permitido acceder al gobierno. Fue un proyecto trunco que terminó devorado por las disputas internas de un frente lo suficientemente amplio como para traicionar sus propias convicciones pluralistas, y por un elitismo que lo alejó de lo que con pretensión llamaban sus bases. La constatación de las razones del fracaso es una tarea digna de los abundantes y reiterativos balances y talleres de izquierda, y no es el propósito de este artículo. 
Pero sí debe ser el punto de partida para cualquier reflexión sobre el futuro de esta tendencia política en el país. Se debe partir por el sinceramiento, antes que por un equivocado orgullo que no permite reconocer los errores del pasado. Lo que es peor aún es la insistencia en las mismas fallas mirando hacia adelante. El propósito de este artículo es contrastar precisamente el congelamiento de las ideas y el «calentamiento» de una realidad que ha cambiado, y que contradice e inutiliza muchos de los contumaces planteamientos de lo que condescendientemente podemos llamar la «izquierda peruana». ¿Cuáles son las propuestas que permanecen en el tiempo y no se adecúan a una realidad cambiante? ¿Qué es lo que tanto cambió en la práctica y que no consigue registrarse en la carta de navegación del progresismo peruano? Precisamente, esta incongruencia hace que la izquierda en el Perú sea una suerte de muchachito del ayer, una canción pasada de moda que solo vuelve a sonar en la «Hora del lonchecito» de una radio que apela al recuerdo; es un clásico cursi de la era del LP que solo los nostálgicos (o los especialistas) recuerdan. Mientras el mundo sigue girando bajo nuevos cánones y ritmos, el muchachito del ayer de la izquierda en el Perú conduce su auto oyendo esa vieja canción en radio Felicidad, mientras alrededor lo asfixian las combis y el reggaetón.

Reo contumaz del pasado
El muchachito del ayer (léase la izquierda en el Perú) es un prisionero de su pasado. Insiste tercamente en teoremas que han demostrado su falsedad absoluta, pero no los abandona por aferrarse a sus seguridades primarias. Ha convertido su ideología en un manual, en un checklist, y sus movimientos son la mera repetición de rutinas ensayadas una y otra vez. En seguida  presentamos algunas permanencias en el pensamiento progresista que se resisten a cambiar, aunque pasen los años.

«Las masas no se representan, participan»
El muchachito del ayer no ve individuos, ve masas. Cualquier tipo de acción colectiva es interpretada rápidamente como la génesis de una revolución. Una reunión tipo taller de presupuesto participativo, cabildo abierto, rendición de cuentas, etcétera, por más que junte a menos del 1% de la población respectiva, es leída como un paso más hacia «la dictadura del proletariado». (¿Desde cuándo la revolución se hizo con plumones y papelógrafos?, me pregunto). Ha perdido la habilidad del cálculo y ha sufrido la disminución exponencial de su público, que alguna vez abarrotaba la plaza San Martín y ahora cae con cuentagotas en los talleres de ciudadanía que organiza. Sin embargo, aún sostiene la tesis de la multitud, mientras el promotor de ONG se desespera por los «líderes sociales» que no llegan a la convocatoria.

«La política antipartido desde el sector no gubernamental»
Como corolario de lo anterior, el muchachito del ayer ha desarrollado una ética antipartido. No cree más en estructuras orgánicas, en bases, en militancia (le costó asimilar la ecuación «un militante, un voto»). Su práctica política es más comodona: reuniones para discutir sobre la coyuntura en la ONG respectiva, entrevistas-publicherrys en los medios de comunicación cercanos, boletines financiados por la cooperación internacional (gratis con La República), y que, en teoría, deberían tener un impacto en la opinión pública (una mano en el pecho: ha visto alguna vez a un taxista con su boletín de IDL… no pues, el que te hace el taxi al aeropuerto no vale). Con un par de llamadas al amigo columnista se sienten que están en medio de la vorágine política, viven con la emoción de una final de fútbol sucesos donde se juegan la vida (o acaso el sueldo) como pueden ser: el juicio a Fujimori, una votación en el Congreso, el nombramiento de un miembro del Tribunal Constitucional, o sea, el ombliguismo extremo. Todo ello bajo la justificación y la autoridad que le da «ser miembro de la sociedad civil».

La ONG resulta en muchos casos una vía para hacer política, aquella imposible luego de no haber alcanzado juntar las firmas necesarias, ni establecer los comités partidarios, ni ponerse de acuerdo con los frentes regionales («qué se han creído estos provincianos», líder de izquierda dixit), ni ponerse de acuerdo para sumar el 1%. Por eso la «sociedad civil» resulta bacán, el lugar más seguro para decir que «Fujimori es un dictador» o que «García está equivocado» (para el muchachito del ayer, nada que se haga fuera del sector no gubernamental está bien), pero su voz no tiene la legitimidad de las elecciones sino de un proyecto de desarrollo realizado con los instrumentos de la planificación estratégica.

La obsesión por la pobreza (y la evasión de la economía)
El muchachito del ayer es tan noble como una lechuga. No le importan los ricos, le importan los pobres. Es finalmente su objetivo último, su máxima inspiración. Entiéndase por pobres, eso sí, todo aquello que es marginal, que es «el otro»: «sectores populares», «indígenas», «población por debajo de la línea de pobreza», «sectores menos favorecidos», «los sin voz» (esa es mi favorita). Como «el otro» es manco, el muchachito del ayer justifica su vida en tratar de ser quien vele por el desvalido, quien saque pecho por él. Organiza convenciones, talleres, simposios, reflexiones interdisciplinarias para discutir el tema de la pobreza (en hoteles cinco estrellas). Pone en la agenda el tema de la desigualdad, de la redistribución, del chorreo… parecería que el crecimiento económico le incomodara, porque si no hay pobres, no hay chamba, ¿no?

Décadas dedicadas a la agenda de la pobreza, que ya los pobres no le creen al muchachito del ayer. O porque la agenda de un país no se basa solamente en la lucha contra la pobreza. Por eso es que ha perdido ubicación y da paso a que, por ejemplo, los sectores que alguna vez fueron su base terminen votando por Unidad Nacional. No comprende por qué Castañeda tiene tanta popularidad. Por qué no gana una elección ni en San Bartolo si es tan buena gente. Por qué a pesar de tanto conflicto social, la gente prefiere a Toledo que a Susana. Cree absurdamente que el pueblo no lo entiende, cuando es al revés.
Y no basta con decir que va a promover la inversión privada para mostrarse algo más moderado (leáse Yehude). El muchachito del ayer se especializó en un asistencialismo oenegero, se concentró en el enfoque de las capacidades (mucho Amartya Sen en las clases de economía) y solo tocó la agenda del desarrollo económico para decir que «otro mundo es posible», sin plantear un modelo alternativo serio (no basta con decir redistribución). La palabra «empresa» le es ajena, salvo que se refiera a microcréditos de organizaciones de mujeres o de paraditas del Cono Norte. Ha cambiado el capital por el «capital social», traicionando al viejo Marx.

«El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…» (no me gusta la trova, es solo para que me entiendas)
La insistencia en los enunciados expuestos lo ha llevado por rutas distintas a las que se imaginaba. Quiso ir a Villa El Salvador y llegó a Miraflores, buscó la alianza entre el proletariado y el intelectual orgánico y creó al caviar, cambió el partido por la ONG, a Barrantes por Humala; ya no lee el Manifiesto Comunista, sino el blog de Susana.

De VES al Jazz Zone
Villa El Salvador fue el emblema izquierdoso de la autogestión, del desarrollo urbano alternativo, de la participación ciudadana, del empuje microempresarial. Tuvo héroes propios, fue el sueño hecho realidad del muchachito del ayer, aunque después de todo un espejismo. Azcueta acabó siendo el remedo de sus mejores años presentándose interminablemente a elecciones que perdería; sus seguidores terminaron yendo a Unidad Nacional y/o al fujimorismo; miembros de la familia Moyano ahora defienden a Fujimori; y Lourdes Flores gana las elecciones en ese distrito.

El distrito limeño donde mayor votación porcentual sacó la izquierda en las elecciones presidenciales del 2006 fue el pituco Miraflores. El Jazz Zone, asociado a la familia Villarán, ha terminado siendo el centro de operaciones del muchachito del ayer. En veinte años no es que la izquierda haya cambiado de público objetivo, sino que objetivamente su público cambió. Su ausencia de las zonas populares evidencia aún más su elitismo, su política de vecindario miraflorino, que no sabe cómo hablarle a lo que denomina «ciudadano de a pie» (término que me resulta despectivo, sinceramente).

Del intelectual orgánico al «caviar»
En realidad el elitismo no es problema alguno, si este tiene una capacidad de vinculación y dirección de un proyecto político. El muchachito del ayer, heredero de las lecturas de Gramsci, apeló ciegamente a la figura del intelectual orgánico, aquel militante político con un pie en las lecturas marxistas y el otro en el proletariado, el articulador, el vínculo, la bisagra entre la teoría y la práctica, a cuya imagen muchos de nuestros conocidos dejaron las aulas universitarias (es por ello que recién andan sacando maestrías y doctorados) y se entregaron a la vida de los sindicatos pesqueros en Chimbote, a las minas altoandinas de Cusco, empuñaron sus armas en silencio creyendo en la «tercera vía» (no la de Giddens, por si acaso) en Puno, se mudaron al monte, al cerro, a Independencia.

Pero el sindicalista se cansó de esperar y regresó y se convirtió en columnista, el ex guerrillero se sintió estafado por sus camaradas que en Lima esperaban la revolución sentados en el Congreso y ahora son expertos en materia de seguridad; algunos encontraron un modus vivendi en las provincias, ya sea como asesores eternos de gestiones públicas o promotores resignados de ONG. El intelectual orgánico desapareció, se esfumó y quizá ahora solo vive en las lecturas de las nuevas generaciones que aún se emocionan al escuchar Maza de Silvio Rodríguez.

Precisamente al desconectarse de las «masas», y mantener el estatus intelectual, se produce la figura del izquierdoso elitista, limeño, que apela a valores progresistas e igualitarios, habla por quiénes quisiera representar y no representa porque vive alejado de ellos, porque no puede, lo cual lo lleva a la vorágine del círculo vicioso en el que solo existen los que se parecen a él. El polémicamente llamado «caviar» es la consecuencia del intelectual orgánico que no cumple su función articuladora, el recluido en las lecturas que no sabe cómo salir de ellas, el que ha perdido el diccionario que traduce el pensamiento progresista al lenguaje cotidiano. Es la soledad del que no ha sido invitado a la fiesta que todos van.

De Barrantes a Humala
El muchachito del ayer no ha podido exorcizar al fantasma de Barrantes, porque fue precisamente el que más réditos le dio (y al que menos quiso). Barrantes traicionaba los valores fundamentales del izquierdoso zanahoria, de acuerdo con sus detractores: autoritario, politiquero, pragmático, racional. Sin embargo, tuvo algo que nadie más ha tenido en la izquierda: arrastre popular. Voz pausada pero cachosa, iba por la vida con la humildad de un droopy en su escarabajo, el abogado pequeño, cercano, sin pretensiones ni en el apellido ni en el color de piel. Es hasta ahora insuperable electoralmente. Mucha gente votó por la izquierda (en serio, hermano, te cuento lo que pasó en mi barrio) porque simplemente confiaba en él. ¡Cuán lejanos aparecen Yehude, Huaroc, Diez Canseco, Francke…! El carisma y la llegada no se consiguen en cafés ni en cócteles.

Precisamente, ese es un factor que no termina de asimilar el muchachito del ayer. Utilizando la metodología de los estudios culturales (un testimonio explica una teoría), ejemplificaré este argumento: en el año 2006, un ex dirigente intermedio de izquierda de un «pueblo joven» me dijo que no estaba ni en el PDS ni en PS por dos motivos: i) porque son unos «malagradecidos», ii) porque la gente nunca votará por ellos. A la segunda razón —que es la que quiero tocar en este acápite— le pregunté por qué y me dijo porque «simplemente ninguno tiene apellido peruano» (sic). Un claro «contigo a la distancia» que no comprende el muchachito del ayer y se engaña pensando que porque aún tiene comadres en San Juan de Lurigancho, seguirán votando por él.

El muchachito del ayer no interpreta el factor liderazgo dentro de su propuesta política. Por eso le cuesta comprender, a pesar de encuestas y grupos focales, que la gente vota por caracteres fuertes, queramos o no. No por aquel que viene con discurso deliberativo, ni con propuestas de «manos blancas» o de «rostro humano», sino que inspire orden y autoridad, como fue el caso de un advenedizo Ollanta Humala. Quizá solo aquellos que lo siguieron (y fueron criticados por eso) son los que menos equivocados están.

Del Manifiesto Comunista al blog de Susana
El muchachito del ayer se ha olvidado de los textos fundamentales, pero sobre todo del estilo de estos. El Manifiesto Comunista era, ante todo, un medio de divulgación, una suerte de comunismo para dummies que se distribuía a las salidas de los complejos industriales para que el obrero comprenda el sentido de la historia, de la lucha de clases y el capitalismo. Era el referente, tanto para la élite intelectual como para el jornalero de ocho horas.

El muchachito del ayer ahora consulta todas las semanas el blog de Susana, las columnas de Javier Diez Canseco y los planteamientos que cada cierto tiempo Pedro Francke hace a través de correos electrónicos. Estos argumentos se convierten en una suerte de catequesis, de oraciones que se tienen que memorizar, pero que siempre se traicionan en los pecados cotidianos. No son análisis, sino buenas intenciones. No traducen los procesos sociales a la cotidianidad, sino se inventan escenarios que no suceden. No le hablan al ciudadano promedio, sino al que el autor quisiera que existiera. Piensan que en el esbozo de unas cuantas ideas (consultadas previamente entre sus amigos) se resuelven los problemas del mundo, cuando estos ni siquiera se abordan.

No eres tú, soy yo: o del problema del indio al indio sin problemas
La reflexión izquierdista en el Perú contemporáneo empezó cuando se planteó «el problema del indio» a inicios del siglo XX. Hoy, diríamos, el indio no tiene problemas. O mejor dicho, los problemas son otros. O más aún: el indio ya no es indio. Sin embargo, no puedo dejar de percibir ese halo paternalista con el que se inició el debate de la izquierda en el Perú:¿Qué hacemos con el indio, qué hacemos con los pobres, qué hacemos con los «otros»? El fantasma que recorre el siglo XX peruano (para la izquierda) no es el comunismo, sino esa subordinación natural, casi esencialista, con la que se cataloga al llamado a ser el protagonista de la Historia: el pueblo. Sin embargo, el pueblo cambió, y mucho, y el muchachito del ayer parece no darse cuenta.

¿Acaso el muchachito del ayer está preparado para hablarle políticamente al mototaxista, al vendedor informal, al trabajador de service para las mineras, al profesor egresado de instituto pedagógico? Si el APRA como opción política parece haberse quedado en el escenario de un país preajuste, el muchachito del ayer no parece haber avanzado más, con el agravante de que ya no existe como opción política. Es que el discurso izquierdista de la preeminencia de los derechos sociales, del desarrollo a partir de las capacidades, de la participación y la deliberación como formas de hacer política, no pertenecen a un país que parece estar más preocupado por otra agenda: el orden, la seguridad, la democracia como sistema, por el crecimiento económico.

El muchachito del ayer es un terco enamorado de un pueblo que no le da bola, que no entiende las canciones de la «Hora del lonchecito», porque seguirá prefiriendo opciones distintas (Fujimori, Toledo, un García derechizado, quizá Kouri o un Castañeda). El muchachito del ayer es buena gente, pero no es su tipo, así de simple. Es un amigo bacán, un «buena gente», pero no apostaría por él. El país no anda in the mood para la izquierda desde hace un buen rato. Y contra la voluntad del pueblo, simplemente no se puede. «No eres tú, muchachito del ayer, soy yo».
Desco / Revista Quehacer Nro. 171 / Jul. – Set. 2008

* Carlos Meléndez estudió sociología en la progresista facultad de sociales de la PUCP, pero desde hace dos años ha pasado al lado oscuro de la ciencia política imperialista, neoliberal y reaccionaria. Hasta hace muy poco, tenía como hobbie escribir en un blog (http://jorobadonotredame.blogspot.com), el cual cambió por dedicarse a la teoría de juegos, al Maximum Likelihood Estimation y a organizar fiestas latinas en el Midwest de los Estados Unidos.

Álvaro (Villarán) Alcalde



Agenda política
Expreso
Por César Campos R.
cesarcamposlima@yahoo.com
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla 29 de septiembre de 2010

El piloto automático utilizado por Susana Villarán en su exhibición pública junto a Lourdes Flores, connota la metáfora del vaso medio lleno o medio vacío. Decimos “exhibición pública” en forma deliberada porque Villarán renunció a toda forma de debate, lo cual esperábamos seguir la tarde del lunes 27. 

Sus estrategas consideraron sin duda que los silencios y las olímpicas elusiones de la candidata de Fuerza Social a los emplazamientos de su oponente, garantizaban el vaso medio lleno por el auspicio de algunas encuestas. ¿Para qué perder el tiempo en una polémica sobre diagnósticos municipales, planes, objetivos, enfoques políticos? ¿Qué necesidad de enfriar el teflón con diez puntos porcentuales de ventaja? “Sigamos fortaleciendo la imagen de la tía buena, regia, liberal y esperanzadora. Nada más”, pareció ser la consigna de esta tienda.
Sin embargo, la presentación Villarán-Flores también ha generado la perspectiva del vaso medio vacío para la primera. Insolvencia para debatir, escasa claridad de algunas ofertas técnicas (patético en el caso del transporte) y también de algunas cuentas personales, sobre todo lo relativo a las propiedades del pasaje El Suche del distrito de Miraflores.
En este último punto, es necesario ser precisos. Como lo insinuó la misma Flores Nano, la mayoría de limeños tiene un alto concepto de Villarán y no la juzgan una mujer deshonesta, ambiciosa del dinero fácil o ganada por una voracidad inmobiliaria semejante a Donald Trump. Lo que sorprende –en el mejor de los casos– es la ingenuidad para desconocer un hecho que de todas maneras gravitaría en su imagen, pues los candidatos son escudriñados al milímetro en cada proceso electoral.
¿Cómo pudo pasar por alto un tema hereditario donde Villarán reconoce ser beneficiaria y que implica firmar minutas y escrituras públicas? ¿De qué forma se descuidó de este asiento registral de tres propiedades a su nombre y el de su todavía esposo? ¿Acaso su contador no le advirtió el requerimiento de pagar el impuesto predial sobre las mismas y con eso quedar advertida de su vínculo con ellas?
Como lo dijo su fletador mediático, Jaime Bayly, Villarán debió responder de inmediato esta imputación de Flores Nano, no esperar 24 horas después para poner en orden lo que parece una negligencia supina. Repito, en el mejor de los casos.
Y si se trata de una negligencia propia, Susana no responde adecuadamente diciendo que debe consultarle el tema a su hermano Álvaro, responsable de administrar las propiedades de El Suche. ¿Qué nos diría, de ser alcaldesa, por una obra mal hecha, una inversión ineficiente, un servicio municipal caído, el incremento del caos vehicular, la debacle de la seguridad ciudadana en Lima?No lo sé. Voy a consultarle a mi hermano Álvaro”. ¿Tal sería su respuesta?
En este caso, mejor hubiera sido que Fuerza Social lanzara a Álvaro Villarán de la Puente como próximo alcalde de nuestra capital.

sábado, 25 de septiembre de 2010


César Hildebrandt: "De cómo PPK me hizo cambiar"

Semanario “Hildebrandt en sus trece
24 de septiembre de 2010
Digitalizado por Muladar News

PPK es a veces una persona abominablemente inteligente. Hace en HD lo que otros hacen con chusquedad. Intriga como si estuviéramos en la vieja Florencia. No mata a puñaladas: envenena vertiendo unas gotas sacadas del compartimento secreto de una sortija. Es un cortesano y un quietista.

Dice PPK que los inversionistas extranjeros se pueden poner inquietos -y de hecho ya nos miran de reojo- si es que “las cosas se mueven en la dirección incorrecta”. O sea, si Susana Villarán gana las elecciones.

Y cita al Barclays Bank diciendo que es el primero que se ha puesto en alerta.

Me extraña que PPK, que es norteamericano de pasaporte, bolsillo y corazón, no sepa que, hace apenas un mes, los piratas financieros del Barclays Bank tuvieron que pagarle al gobierno de los Estados Unidos 298 millones de dólares por realizar transacciones de muchos ceros a la derecha con bancos de Cuba, Irán, Libia y Sudán. ¡Imagínense!

El Departamento de Justicia del gobierno estadounidense hizo la denuncia ante una corte de Nueva York porque comerciar con esos países está prohibido. Y el Barclays Bank hizo todos esos movimientos a través de la bolsa neoyorquina entre los años 1995 al 2006.

“Comercio con el enemigo” fue la acusación principal. Fue en un arreglo no judicial que el Barclays Bank se allanó a pagar los 298 millones de dólares.

¿A quién pretende asustar PPK?

¿Los banqueros especuladores que hicieron del capitalismo una mafia de derivados y de papeles basura están nerviosos porque en la remota Lima una izquierdista aggiornada puede llegar a la alcaldía provincial?

¡No me digan! ¿El Metropolitano se convertirá en el Metro de Moscú? ¿Las madres del vaso de leche levantarán el puño cada mañana? ¿Las escaleras de Castañeda se elevarán hasta el cielo rojo de Mao? ¿Patria Roja izará sus banderas en la Plaza de Armas?

¿Y PPK es el embajador del miedo? ¿Y debemos seguir su flauta como si fuéramos ratones?

No pensaba votar en estas elecciones. Ahora he decidido que sí iré a votar. Y votaré por Susana Villarán, la que, según PPK, desasosiega al Barclays Bank. Me fascina la idea de que la banquería internacional con epicentro en Londres se ponga saltona. Quiero vivir para verlo.

Votaré por Susana Villarán no sólo por sus méritos, sino porque PPK y sus cuyes mediáticos no la quieren.
Y porque me parece repugnante que la derecha quiera aterrorizarnos poniendo a la banca internacional como pretexto.

PPK miente a sabiendas.

Lo hace porque la derecha que él representa -la que viene del contrato Dreyfus, del fugitivo Mariano Ignacio Prado, del cauchero Arana, la madre de todas nuestras derrotas- cree que el Perú es su latifundio y que los peruanos son sus empleados.

Se trata de que nadie discuta nada esencial. Es el fin de la historia en versión de Juan Paredes Castro.

¿Que el modelo no redistribuye?
Eso no se discute.
¿Que nos estamos farreando esta prosperidad?
Eso no se discute.
¿Que los impuestos a las sobreganancias mineras son recomendados hasta por el FMI?
Eso no se discute.

Y cuidadito, peruanos de segunda, si eligen a alguien heterodoxo que haga recordar al barrantismo en olor de multitud.

Porque el Dios de Cipriani -no el que botó a los mercaderes del templo- ha establecido que Fukuyama tenía razón, que la historia ha terminado, que todo lo que venga será un eco redundante y que el libre mercado ha entrado en el santoral.

Ni Bartolomé Herrera se imaginó algo parecido. Ni Riva Agüero. Ni Beltrán.

La derecha que viene de Echenique y sus raterías, la que es hija de la huida y la traición, la nieta de Benavides, ha decidido que nada se puede mover sin que ella y la banca internacional -a veces tan prontuariada como cualquier delincuente- lo autoricen.

Y, claro, votar por la Villarán es desafinar. Porque piensan que la Villarán traerá a Humala. Y Humala es la pezuña del demonio.

Se equivocan. La Villarán lo que puede traer es un poco de aire fresco en esta atmósfera de pedorreos y audios decadentes. Y un poco de fiscalización. Y bastante decencia.

Y lo que puede lograr la Villarán es que Humala se dé cuenta de que el camino de las izquierdas pasa también por los planes concretos, la administración eficaz, las cuentas claras y la simpatía incluyente.

PPK y los suyos no entienden que la izquierda es una opción democrática y que expulsarla del sistema, como quieren sus cuyes, es empujarla al resentimiento y, eventualmente, a la violencia.

En Colombia, los conservadores mataron a tantos liberales que un día un grupo de ellos se fue al campo y no regresó. Hace 45 años que tienen ese cáncer que Uribe quiso curar a bombardeos.

Aquí los PPK no saben que Susana Villarán es lo que en Europa se llamaría una socialdemócrata. Y la socialdemocracia es el moderno centro.

Pero los burros no quieren ni siquiera que nos acerquemos al centro. Quieren la derecha de García, la manga ancha del converso García, las licitaciones del ex aprista García.

Prefieren el enjuague. Y pretenden que su miedo nos paralice.

Que se vayan ya saben dónde.

FUENTE: Hildebrandt en sus trece

Los últimos de la clase

La República
Jue, 23/09/2010 
Por: Hugo Neira


Hubo un momento en que me alegré por el ascenso de Susana Villarán y en este mismo diario aplaudí su estilo de campaña al que llamé “republicano”. Pero, por desgracia, dos sombras se han sumado a su candidatura. Por una parte, la adherencia que lleva, sin necesitarla, con un grupo gremial que hizo y deshizo en la educación de los pobres, dejándolos peor que nunca. Veo difícil que en el poder municipal pueda sacar el cuerpo a esos aliados venidos del Pleistoceno. Son, señora mía, ellos, uno de los grandes males del país. Y no son de izquierda, sino otra argolla más. Por otra parte, y aunque no lo haya buscado, por el provecho publicitario que Ollanta Humala espera sacar de esa simpatía de última hora por la señora Villarán. No, no votaré por ella. No tiene, por ejemplo, la propuesta de un metro.

Y hay un asunto de fondo. ¿Van a municipalizar la educación que se vino por los suelos con esos mismos que la destruyeron? No hace mucho que Nicolás Lynch escribiera no uno sino tres libros de títulos elocuentes, uno se llama, justamente, Los últimos de la clase. Siempre me admiró el coraje intelectual de su autor, por entonces ministro de Educación. Ahora bien, señala a los del maoísmo magisterial como “aliados, adversarios y enemigos de la reforma educativa en el Perú”. Por si acaso, llevan el sello editorial de San Marcos.

 “Reacción conservadora con discurso revolucionario”. Eso y los trucos para perpetuarse en el sindicato están en El pensamiento arcaico en la educación peruana (2004). Pero, ingenuo de mí, creí que la responsabilidad del maoísmo criollo en el desastre educacional quedaba zanjada, pero no. La señora Villarán los resucita. Me pellizco y no me lo creo. Ya andaban medio quebrados por la habilidad del ministro Chang que los había derrotado con evaluaciones y concursos y ahora ¿se les abre las enjoyadas puertas de la educación masiva en la capital? Qué disparate. No se trata de ningunear a nadie, pero ¿una alianza con los que a millones de escolares vuelven “los últimos de la clase” en el ranking de la educación mundial? ¿Con quienes impidieron la modernización de las mentes que tanta falta nos hacen para la modernización de la política? Sin esos “educadores” tendríamos públicos masivamente cultos. Y otro gallo nos cantara.

No votaré por Villarán. No garantiza que la educación mejore sino empeore. Mis reparos son porque me importa la educación de mi país, la popular, por encima de toda otra consideración. No vengo de los grandes colegios privados. No tuve padres ricos. Pero recibí una excelente formación en aulas fiscales cuando los maestros eran normalistas y el Sutep no existía. Aprendí lo que los niños del Perú hoy no aprenden: el gusto por la lectura y la libertad en el pensar. Y la capacidad ética de decir no, que es lo que ahora hago.

Y en nombre de ese mismo origen plebeyo es que no entiendo que ser de izquierda sea aliarse con enemigos de la cultura. Por lo demás, se entiende la simpatía de la clase A y B por Susana Villarán pese a que lleve en su lista a los últimos dogmáticos del planeta. Ellos, los pudientes, envían sus hijos a colegios de paga. Pero en aulas estatales se formó al pueblo, y se lo deformó. Y eso han hecho, acrecentar la ignorancia.

La señora Villarán ha presentado un equipo que no está mal, tecnócratas e independientes. A los del Sutep les da la mano, ya veremos. La ex ministra Helfer los conoce, cuando Fujimori se estuvieron quietitos.

 Villarán pudo trazar la línea sensata que en países vecinos separa socialdemócratas de totalitarios, pero no. En fin, emito esta opinión consciente de que a solo un 33% de ciudadanos le importa el tema; los otros llevan ya a sus hijos a escuelitas privadas que tampoco gozan de calidad. Así, la baraja del voto anda muy mezclada. Si Villarán triunfa, es ella. Nos estamos pareciendo a México, en donde nada es de derecha o de izquierda sino todo lo contrario. Los nuevos lideratos se parecen, como ese significativo tic suyo, de hablar de sí misma en tercera persona, igualito que el comandante Humala.

jueves, 9 de septiembre de 2010


Un Bocón desamoroso con su propio hijo



INDECOPI ha ordenado que los canales comerciales de TV cesen de retransmitir el más reciente spot publicitario del diario deportivo El Bocón. ¿Por qué?, ¿Acaso no existe la libertad de expresión? Veamos las razones.

El ministerio de la Mujer alertó ante el referido organismo que el diario de la boca grande venía difundiendo un spot grotesco en el que se humillaba y desmotivaba de la forma más despiadada a un niño con ansias de ser reconocido en sus logros por su propio padre.

Los “creativos” de la agencia que produjo el comercial ( y los directivos del periódico que la aprobaron) no tuvieron más torpe idea que utilizar la figura de un niño, en plena etapa de desarrollo, expuesto a la sobre exigencia de un padre desamoroso que pareciera gozar al desmerecer los triunfos de su hijo.

Desde el primer segundo del comercial se percibe un retorcido afán de exigir la perfección a un pequeño que requiere la protección y aprobación del ser al que más admira y quiere. Pero, a esta altura, surge una pregunta: ¿En qué diablos se basaron los “creativos” para dar a luz a semejante engendro publicitario? Y la respuesta es cruda y dura: en nuestra inocultable realidad.

Se cuentan por cientos de miles los cabezas de familia que crían a sus hijos utilizando estos métodos, basados en enseñanzas retrógradas, netamente machistas, que dictan que a los hijos varones se les debe tratar con dureza para “prepararlos para la vida”. Y a las mujercitas dejan de brindarles ternura apenas éstas, por su desarrollo, buscan independencia. Simplemente las relegan a ser asistidas y protegidas por su madre.

Y justamente el diario El Bocón llega a éste extracto sociocultural, afincado en normas desfasadas que suelen engendrar ciudadanos disminuidos y con ansias de lograr el reconocimiento que sus padres les negaron cuando niños. De ahí se explican las pandillas.

Una saludable decisión de INDECOPI que debiera velar más seguido por los contenidos ambiguos y distorsionadores que suelen propalarse en los medios masivos. Algunos apuntan que por un simple espíritu de autorregulación éste comercial nunca debió difundirse.

jueves, 15 de julio de 2010


Eduardo Galeano y la Dignidad de los peruanos

"Nosotros pertenecemos a un país que humilló a Hitler"

Eduardo Galeano, ese gran escritor y ensayista uruguayo, fue entrevistado en el programa Sonia Entrevista de la televisión nacional de su país. En él habló de todo: de fútbol, de sus chats con Diego Forland, del pulpo Pool pero, fundamentalmente, de la dignidad humana, ese valor indescriptible que enarbolaron los futbolistas peruanos durante las Olimpiadas de Munich de1936 que organizó el tirano Hitler para demostrar la supuesta "superioridad" de la raza aria. Galeano ha incluido en su último libro un capítulo que describe la dignidad deportiva del "rodillo negro", esa gran delantera que tuvo la selección peruana a mediados de los años 30.

Para ver la entrevista completa pinchar en el site de Sonia






viernes, 9 de julio de 2010


Vicky Peláez: En su propia telaraña


La periodista peruana Vicky Peláez se ha visto envuelta en su propia telaraña. Ha perdido la nacionalidad estadounidense. Tuvo que admitir haber conspirado conscientemente contra la nación que le otorgó asilo, primero, y luego la ciudanía. El gobierno de Obama le confiscará hasta el último de sus bienes en el país y sus dos hijos quedarán a la deriva en una nación que los debe estar mirando con desprecio.

Vicky Peláez se granjeó el odio y la sospecha de los servicios secretos por sus filudos ataques a la política establecida de los estadounidenses que avizoran a su Nación siempre guerreando por ser la primera potencia mundial. La Peláez fue de las pocas, por no decir la única columnista que, a través de un diario de circulación masiva como El Diario de New York, despotricó de la política interior y exterior de tres presidentes norteamericanos consecutivamente. Le pusieron la puntería desde hace más de 12 años hasta que hallaron el hilo conductor a una red de informantes en la cual participaba su esposo ruso Mijail Vasenkov, conocido como Juan Lázaro.

Los agentes federales que han seguido los pasos de la periodista cuzqueña Vicky Peláez, tenían casi la certeza que su esposo, Juan Lázaro, no era quien decía ser, sino que se trataba de un curtido agente de espionaje al servicio a su país natal Rusia desde hace más de 20 años. La periodista peruana se habría visto involucrada en la actividad de informante en medio de su vida matrimonial. Los servicios secretos de Estados Unidos la acusaron, con evidencias en mano, de pertenecer a una red conspirativa que habría tenido como misión generar opinión pública favorable a los planes políticos, primero, de la antigua URSS, y a partir de 1991, de la actual Federación Rusa. Ver uno de sus escritos.

Vicky Peláez es una experimentada periodista peruana que laboró en Frecuencia Latina (canal 2 de TV de Lima-Perú) hasta mediados de los años 80s. Inauguró en el Perú el ahora conocido “periodismo gonzo”, que consiste en llevar al extremo la noticia, dándole espectacularidad acudiendo al meollo del hecho noticioso. Trabajó de la mano del fallecido director de “90 segundos”, Ricardo Muller, y de la también showoman de la noticia Mónica Chang. Siempre se identificó con los desposeídos, a tal punto que algunos colegas desleales y ligeros la han acusado veladamente de identificarse con grupos violentistas que desangraron a nuestra nación en los años 80s y 90s. En Miami, un oscuro periodista anticastrista llamado Miguel Ángel Sánchez incluso la ha acusado de admirar y venerar con retratos al líder de la banda asesina Sendero Luminoso.

Una “revolucionaria” espiando para la Rusia imperialista

Lo que no encaja es que la ardorosa y conocida mujer de izquierda, que defendía los trazos socialistas impuestos en la Cuba opresora de los Castro, haya terminado de informante del actual régimen ruso que aspira a ser una potencia imperialista basada en sus riquezas energéticas y pertrechos nucleares que preocupa a Europa y Norteamérica. A no ser que sus servicios hayan estado comprometidos desde antes de 1992, cuando aun existía la Unión Soviética.

Un desenlace fríamente calculado

Nadie imaginó que el par de hamburguesas que compartieron Barack Obama y el presidente ruso Dimitri Medvedev tendría como final el desmantelamiento de una organización pro-rusa de hombres y mujeres infiltrados en el país del Tío Sam. El FBI acusó a Vicky Peláez y 10 personajes más (todos ellos rusos) de participar en una red conspirativa que enviaba información clasificada al gobierno ruso. Algunos analistas suspicaces vienen llegando a la conclusión que la aprehensión de los presuntos informantes y su posterior auto-inculpación obedecería a un bien montado plan para distender antiguas rencillas arrastradas desde la llamada “guerra fría” que puso al mundo al borde de una conflagración nuclear.

Las cabezas de los diez detenidos en New York, Washington y Virginia han sido canjeadas por cuatro altos oficiales y científicos rusos sentenciados por espiar a favor de occidente. Vicky Peláez es la que más pierde en éste juego de espías. Es la única extranjera que llega desterrada a la fría sociedad rusa en donde el racismo es latente y sus gobernantes no se caracterizan por ser precisamente democráticos. Una casa y dos mil dólares prometidos de palabra como pensión vitalicia no compensan el enorme sacrificio de la esposa de un espía ruso y los sufrimientos de una madre.

Mientras tanto, se avizoran nuevos encuentros entre los presidentes que compartieron hamburguesas a sabiendas que la trama de la historia llegaba a su fin. Y a los que develaron secretos y andanzas de ambas potencias les espera la soledad del destierro y vegetar con sus recuerdos.



lunes, 21 de junio de 2010


Políticamente incorrecta


PUNTO DE VISTA

Por: Virginia Rosas *
Tomado de El Comercio
Sábado 19 de Junio del 2010

La abrupta salida de la decana de los corresponsales de la Casa Blanca, Helen Thomas, una dama de 90 años que ha tenido el privilegio de “cubrir” a diez presidentes estadounidenses, ha puesto en relieve que la libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la democracia en Estados Unidos, salvo cuando se trata de temas espinosos. Y Thomas no era precisamente una representante de lo “políticamente correcto”.

Ya se había convertido en una piedra en el zapato de George W. Bush cuando le preguntó por qué quiso ir a la guerra de Iraq. Lo que le valió el encono no solo del ex presidente, sino de muchos de los reporteros de la Casa Blanca, que le quitaron el privilegio de sentarse en primera fila en la sala de prensa. Lejos de amedrentarse, la periodista continuó con sus preguntas incómodas sobre el número de víctimas civiles en Iraq. Hasta que la secretaria de prensa de Bush, Dana Perino, le enrostró que estaba desaprovechando su sitio privilegiado en el recinto para insinuar “de forma absurda y ofensiva que Estados Unidos está matando inocentes”.

El canal Fox la acusaba de estar fuera de todo límite, como si estuviera tratando de “arruinar” el trabajo de Bush. Ella respondía que los reporteros de la Casa Blanca se limitaban a reproducir como un altavoz lo que se explicaba en las ruedas de prensa, en vez de servir como la “única institución social que puede cuestionar a un presidente”.

Con el aplomo que le daban sus años y la larga trayectoria periodística que ostentaba —trabajó 57 años para la agencia UPI, de la que se retiró en el 2000 cuando fue comprada por la secta Moon y se fue a laborar a los periódicos del grupo Hearst— lamentaba públicamente estar cubriendo al peor presidente de la historia de Estados Unidos, refiriéndose a Bush hijo.

De Obama, con quien simpatizaba, opinaba que era demasiado blando y cuidadoso con la prensa. “Parece estar jugando, nadie es capaz de hacer una pregunta importante ni relevante”, decía.

¿Por qué Helen Thomas pasó al retiro de la noche a la mañana si a sus 90 años conservaba la sagacidad y la lucidez de sus años mozos?

Durante años Helen Thomas había cuestionado la política de doble moral que Estados Unidos tenía hacia las acciones de Israel. O, para ser más claros, la permisividad que Washington siempre manifestó hacia Tel Aviv.

El 27 de mayo pasado, durante la celebración del Día de la Herencia Judía, el rabino David Nessenof le preguntó para la web Rabbilive: “¿Algo que decir sobre Israel?”. “Dígales que se vayan de una vez de Palestina. Recuerde, esa gente está siendo ocupada. Y es su tierra, no es Alemania, no es Polonia”, respondió sarcástica.

Y fue así como el grupo Hearst, olvidando el derecho a la libre expresión que defiende la primera enmienda de la Constitución estadounidense, la puso literalmente de patitas en la calle, no sin antes obligarla a disculparse por sus declaraciones.

[*] Analista internacional

La periodista decana de la Casa Blanca se retira a los 89 años con polémica
El triste final de Helen Thomas
¡Hasta nunca, Helen Thomas!
La triste marcha de Helen Thomas
Helen Thomas: La inquisidora
La emboscada a la periodista Helen Thomas
 
 












 
 

martes, 15 de junio de 2010


Sudáfrica: Un Moscón como telón de fondo




Las vuvuzelas, esas cornetas plásticas multicolores que han puesto de vuelta y media a los organizadores del mundial de futbol de Sudáfrica, acaba de merecer un informe especial en el influyente The Washington Post. Aunque existe ya numerosas quejas de los participantes en esta justa deportiva por significar un elemento distractivo, que aturde a los atletas dentro del campo de juego y al propio público que no participa de este ritual, la opinión de los analistas se inclina por tolerar ésta bulliciosa expresión cultural, que más que tribal pareciera mostrar la inmensa alegría del pueblo africano por ser huéspedes de un acontecimiento semejante.

El incesante zumbido o gemido de las vuvuzelas será, que duda cabe, el protagonista imperturbable que nunca fue invitado a Sudáfrica 2010.


jueves, 10 de junio de 2010


LA FIEBRE MUNDIALISTA: LA TV DIGITAL vs LA CAJA BOBA



Aunque dé la impresión, no voy a cumplir el papel de aguafiestas. Debo advertir que la manoseada fiebre de la televisión digital (impulsada por quienes buscan sacar ganancias en éstas épocas mundialistas) es una reverenda farsa.

Es innegable que quienes disfrutarán a partir de mañana de una nítida, mejorada y nunca antes vista señal de televisión de los encuentros del mundial de Sudáfrica, serán aquellos que hayan adquirido un aparato de TV de última generación y, a su vez, hayan contratado un costoso paquete digital de Telefónica o Directv que incluye en su programación unos cuantos canales con imagen High Denition (HD o alta definición), incluido ATV-HD que tiene la exclusiva de transmisión.

Los demás, nos conformaremos con espectar la contienda deportiva en nuestro aparato CRT, un poco desfasado con respecto a la moda de los LCDs y LEDs. Ah, y si por allí se le ocurrió, mejor dicho, creyó en la fanfarria publicitaria encabezada por el propio ministerio de Transportes de adaptar un decodificador digital (de unos “módicos” 300 soles en el mercado) a su viejo aparato de televisión para ver los partidos con más nitidez que nunca y sin pago alguno, también se dará otro encontronazo con la realidad.

Resulta que esas cajitas decodificarían la señal digital gratuita (denominada TDT) y la transmitirían al anticuado televisor que la mayoría de peruanos posee vía un moderno cable llamado HDMI; pero resulta que ese plug de conexión final para aceptar la High Definition solo lo poseen los aparatos de TV modernos, como los plasmas, LCD y LEDs. Los antiguos televisores, llamados técnicamente CRT, solo poseen entradas conocidas como RCA (que aceptan esos conectores rojos, amarillos y blancos) para transmitir la conocida señal analógica. A lo mucho, tienen conexión entrante de Súper Video (S-Video)

Es decir, nunca podrá recibir la señal digital gratuita en su antiguo receptor así invierta la inflada suma de 300 soles que cuestan actualmente los decodificadores digitales que se propagandiza impunemente como la solución digital para estos tiempos de angustia tecnológica y futbolística. En países vecinos en donde se ha adoptado el mismo estándar japonés-brasilero (ISDB-T) para desarrollar las transmisiones digitales con imágenes de alta definición, las cajas decodificadoras no pasan de los 40 dólares.

La cadena de tiendas de productor electrodomésticos “Hiraoka” se ha apurado en la última semana en hacer ciertas aclaraciones en sus afiches, aunque difusas, pero que aclaran un poco el panorama para los consumidores. Siguen ocultando que esos decodificadores de señal digital requieren ser enchufados a un televisor de última generación con la entrada HDMI. Eso sí añade (y ésta es otra novedad no puntualizada por los agoreros de la HD) que estos aparatos, además requieren de antenas especiales.

En letras pequeñas “Hiraoka”, señala:

“Para la señal digital solo necesitas contar con una antena interna (de base) o antena aérea para ver TV en alta definición. Ud podrá seguir usando su:
TV CRT (convencional) mediante conexión RCA-análoga
TV LCD, LED, Plasma, mediante conexión HDMI-digital”.
Pero los que sí propagandizan los benditos aparatos decodificadores (marca HiTech) sin informar la realidad tal cual, es la tienda Ripley que, además, añade como plus marketero (como para que la gente les compre a ojos cerrados) el ser “el único aprobado por ATV-HD”, el canal de televisión que transmitirá en exclusiva la señal mundialista en alta definición (y que podrá ser visionada hasta en 3D por los afortunados que hayan podido adquirir los carísimos televisores 3D)

A disfrutar el mundial de futbol, aunque sea en nuestra cajita boba y ubicando bien nuestra antena de conejo..por ahora.