Mostrando entradas con la etiqueta espías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espías. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de julio de 2010


Vicky Peláez: En su propia telaraña


La periodista peruana Vicky Peláez se ha visto envuelta en su propia telaraña. Ha perdido la nacionalidad estadounidense. Tuvo que admitir haber conspirado conscientemente contra la nación que le otorgó asilo, primero, y luego la ciudanía. El gobierno de Obama le confiscará hasta el último de sus bienes en el país y sus dos hijos quedarán a la deriva en una nación que los debe estar mirando con desprecio.

Vicky Peláez se granjeó el odio y la sospecha de los servicios secretos por sus filudos ataques a la política establecida de los estadounidenses que avizoran a su Nación siempre guerreando por ser la primera potencia mundial. La Peláez fue de las pocas, por no decir la única columnista que, a través de un diario de circulación masiva como El Diario de New York, despotricó de la política interior y exterior de tres presidentes norteamericanos consecutivamente. Le pusieron la puntería desde hace más de 12 años hasta que hallaron el hilo conductor a una red de informantes en la cual participaba su esposo ruso Mijail Vasenkov, conocido como Juan Lázaro.

Los agentes federales que han seguido los pasos de la periodista cuzqueña Vicky Peláez, tenían casi la certeza que su esposo, Juan Lázaro, no era quien decía ser, sino que se trataba de un curtido agente de espionaje al servicio a su país natal Rusia desde hace más de 20 años. La periodista peruana se habría visto involucrada en la actividad de informante en medio de su vida matrimonial. Los servicios secretos de Estados Unidos la acusaron, con evidencias en mano, de pertenecer a una red conspirativa que habría tenido como misión generar opinión pública favorable a los planes políticos, primero, de la antigua URSS, y a partir de 1991, de la actual Federación Rusa. Ver uno de sus escritos.

Vicky Peláez es una experimentada periodista peruana que laboró en Frecuencia Latina (canal 2 de TV de Lima-Perú) hasta mediados de los años 80s. Inauguró en el Perú el ahora conocido “periodismo gonzo”, que consiste en llevar al extremo la noticia, dándole espectacularidad acudiendo al meollo del hecho noticioso. Trabajó de la mano del fallecido director de “90 segundos”, Ricardo Muller, y de la también showoman de la noticia Mónica Chang. Siempre se identificó con los desposeídos, a tal punto que algunos colegas desleales y ligeros la han acusado veladamente de identificarse con grupos violentistas que desangraron a nuestra nación en los años 80s y 90s. En Miami, un oscuro periodista anticastrista llamado Miguel Ángel Sánchez incluso la ha acusado de admirar y venerar con retratos al líder de la banda asesina Sendero Luminoso.

Una “revolucionaria” espiando para la Rusia imperialista

Lo que no encaja es que la ardorosa y conocida mujer de izquierda, que defendía los trazos socialistas impuestos en la Cuba opresora de los Castro, haya terminado de informante del actual régimen ruso que aspira a ser una potencia imperialista basada en sus riquezas energéticas y pertrechos nucleares que preocupa a Europa y Norteamérica. A no ser que sus servicios hayan estado comprometidos desde antes de 1992, cuando aun existía la Unión Soviética.

Un desenlace fríamente calculado

Nadie imaginó que el par de hamburguesas que compartieron Barack Obama y el presidente ruso Dimitri Medvedev tendría como final el desmantelamiento de una organización pro-rusa de hombres y mujeres infiltrados en el país del Tío Sam. El FBI acusó a Vicky Peláez y 10 personajes más (todos ellos rusos) de participar en una red conspirativa que enviaba información clasificada al gobierno ruso. Algunos analistas suspicaces vienen llegando a la conclusión que la aprehensión de los presuntos informantes y su posterior auto-inculpación obedecería a un bien montado plan para distender antiguas rencillas arrastradas desde la llamada “guerra fría” que puso al mundo al borde de una conflagración nuclear.

Las cabezas de los diez detenidos en New York, Washington y Virginia han sido canjeadas por cuatro altos oficiales y científicos rusos sentenciados por espiar a favor de occidente. Vicky Peláez es la que más pierde en éste juego de espías. Es la única extranjera que llega desterrada a la fría sociedad rusa en donde el racismo es latente y sus gobernantes no se caracterizan por ser precisamente democráticos. Una casa y dos mil dólares prometidos de palabra como pensión vitalicia no compensan el enorme sacrificio de la esposa de un espía ruso y los sufrimientos de una madre.

Mientras tanto, se avizoran nuevos encuentros entre los presidentes que compartieron hamburguesas a sabiendas que la trama de la historia llegaba a su fin. Y a los que develaron secretos y andanzas de ambas potencias les espera la soledad del destierro y vegetar con sus recuerdos.



domingo, 15 de noviembre de 2009


Guerra sucia

Pico TV
Diario Trome



Después de treinta años, nuevamente un escándalo por espionaje sacude las agrietadas relaciones diplomáticas entre el Perú y Chile. Nuestro vecino del sur no solo ha iniciado una desproporcionada y provocadora carrera armamentista, sino que realiza maniobras en nuestra propia cara con nombres que abofetean la trágica historia de la Guerra del Pacífico, por el lado peruano, 'Operación salitre', que fue el mineral que los mapochinos le arrebataron a Bolivia y a nosotros como botín de guerra.

No solo se burlan de nuestros embajadores que buscan 'el desarme' en la región. No les interesa hablar del tema. Además, esa propuesta de Alan García peca de inocente. Aun si los sureños aceptaran la propuesta de limitar sus gastos en armas, ya están recontra bien 'atiborrados' con un arsenal envidiable, fruto de 10 mil millones de dólares gastados en armas en los últimos ocho años.

Pero no contentos con eso, todavía se infiltran en nuestras Fuerzas Armadas para espiar nuestro alicaído armamento, muchos de ellos obsoletos o chatarra, adquiridos por dos traidores a la patria con nombre propio: Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. Ambos compraron armamento anticuado a traficantes ucranianos, como los aviones que se caían en plena exhibición. Ellos tienen igual o más culpa que el suboficial de la FAP Víctor Ariza Mendoza, quien trabajaba en la Embajada de Perú en Santiago en el 2003 y fue 'contactado' como espía chileno por un puñado de dólares: de 5 mil a 8 mil 'verdes'.

En 1979 sucedió un caso parecido que acabó trágicamente. Otro suboficial FAP, Julio Vargas Garayar, fue sorprendido fotografiando para los chilenos la base subterránea en La Joya, en Arequipa. Se habían cumplido cien años de la Guerra del Pacífico, las relaciones estaban de mal en peor. Igual, dos oficiales chilenos fueron sorprendidos tomando fotos en Talara a nuestros aviones Sukhoi.

El gobierno peruano expulsó al embajador chileno Francisco Bulnes y a los espías. Pero con Vargas Garayar no hubo piedad: fue fusilado el 20 de enero de 1979.

Como existía una prensa confiscada, solo la revista 'Caretas' logró hablar con el espía, dijo que trabajó como doble espía por orden de su comando: 'he arriesgado inútilmente mi vida a favor de mi patria (...) y como premio me dan cinco plomazos y la deshonra de ser tachado de traidor (...) me declaré culpable, pero no informan al pueblo peruano que lo hice por medio de la tortura, que mi juicio fue un fraude y burla' (Julio Vargas Garayar).

Por publicar el informe Garayar, 'Caretas' sufrió la confiscación de su material y clausura. Cuatro días después fusilaban al suboficial. Apago el televisor.


jueves, 3 de septiembre de 2009


Periodismo vs Espionaje

A propósito de los "Petroaudios"

El reconocido periodista de investigación Gustavo Gorriti, publica hoy en su columna de Caretas el prólogo de su libro "Petraudios", a ser presentado el lunes 7 de septiembre. Dicho entremés se titula "Espías y periodistas" y en él hace un nutrido análisis sobre la regla de oro del periodista con respecto a la reserva de su fuente.
Sobre el tema, Gorriti escribe sobre las diferencias entre el papel y el status social de los periodistas de investigación y los espías con respecto a la información obtenida:

"Para empezar, hay gran parecido funcional. Periodistas y espías se
esfuerzan por cazar, pescar o recolectar la mejor información posible, en
especial la que tenga mayor relevancia para el Estado o la sociedad. La
diferencia está en la expresión y el destinatario. El espía trabaja para el
Estado o, sobre todo en estos años, para corporaciones; el periodista, por
definición, trabaja para la sociedad. Para el espía, la relación entre
importancia y difusión de la información es inversa: cuanto más importante sea,menos usuarios tendrá; para el periodista es exactamente lo opuesto: cuanto
mejor, más importante y exclusiva, más prominencia y difusión."

A continuación presentamos el trabajo completo de Gorriti publicado hoy en su columna de la revista Caretas.

Espías y Periodistas

Por Gustavo Gorriti Caretas, edición 2094/ 03 de septiembre de 2009

El próximo lunes 7 aparecerá mi libro “Petroaudios”, que relata los pormenores de ese caso. Aunque puede leerse como libro independiente, se trata en realidad de la primera entrega de una investigación mayor. Igual que en los orígenes del periodismo contemporáneo, hemos decidido, con la editorial Planeta, publicar la investigación por entregas. En cada una habrá revelaciones, y la final completará el cuadro. A continuación, les doy un adelanto de parte del prólogo, cuyo título es precisamente el de este artículo.

Todo periodista debe proteger sus fuentes. La metáfora está bien escogida: fuentes. Son los manantiales informativos del periodista en una geografía de escasez y contaminación.
El periodista tiene privilegios reconocidos en la mayor parte de sociedades democráticas para el manejo reservado de la información. No es la única profesión que posee privilegio o deber de reserva: sacerdotes, psicoterapeutas, abogados y banqueros también la tienen, con diversos grados y, a veces, regulaciones.

La analogía y contraposición más interesante en la relación con la información y la reserva es la que contrapone al periodismo con los servicios de inteligencia y, en el terreno individual, a periodistas con espías.
Para empezar, hay gran parecido funcional. Periodistas y espías se esfuerzan por cazar, pescar o recolectar la mejor información posible, en especial la que tenga mayor relevancia para el Estado o la sociedad. La diferencia está en la expresión y el destinatario. El espía trabaja para el Estado o, sobre todo en estos años, para corporaciones; el periodista, por definición, trabaja para la sociedad. Para el espía, la relación entre importancia y difusión de la información es inversa: cuanto más importante sea, menos usuarios tendrá; para el periodista es exactamente lo opuesto: cuanto mejor, más importante y exclusiva, más prominencia y difusión.

La información da poder. Desde esa perspectiva, el espía alimenta el poder de oligarquías, y el periodista, el de democracias. Está claro que un Estado democrático necesita espías, pero aun en ellos, quienes usan la información más poderosa, más secreta cuanto más importante, son el grupo pequeño de mandatarios (o el mandatario) con mayor autoridad: una oligarquía temporal a fin de cuentas. En la misma circunstancia democrática, el periodista contrapesa ese privilegio informativo al publicar información importante y ponerla a disposición de todos. Esa contraposición de objetivos es frecuentemente conflictiva. A veces letal.
El ejemplo más claro de la confrontación entre espías y periodistas, con la información como campo de batalla, fue el que se dio en el régimen de Fujimori entre los espías del Servicio Nacional de Inteligencia (SIN), controlado por Vladimiro Montesinos, y los periodistas de investigación. Fue una lucha por arrebatarse la información para darle en cada caso el uso opuesto. Mantenerla en secreto fortalecía decisivamente a Montesinos y su sistema de gobierno; hacerla pública lo debilitaba y eventualmente lo derrotaba.

Fue una lucha difícil que, con algo de suerte y también torpeza de la otra parte —como sucede en toda guerra—, ganaron los periodistas de investigación.
Pero no debe pensarse que fue una confrontación entre los poderosos servicios de Inteligencia y una prensa indómita, porque no hubo tal. Solo lo fue del SIN contra un puñado escaso de periodistas de investigación y otro más pequeño de medios.

La mayor parte del periodismo —sobre todo los dueños de medios pero también muchos que trabajaron en ellos— colaboró con el régimen y su servicio de Inteligencia o se mantuvo neutral, lo cual ya era en sí una forma de colaboración.
Las analogías, similitudes y, en el caso del Perú, la especial promiscuidad descrita, no solo borraron fronteras sino que, mediante los extraños cruces a que dieron lugar, crearon varios tipos nuevos de periodistas y también de espías.

Los lobos y los perros tienen casi todo en común menos la función, que los enfrenta. Sin embargo, no siempre se matan a dentelladas: a veces dudan, se encuentran y hasta se cruzan.
Siempre ha habido corrupción en el periodismo peruano (y fuera del Perú también, por supuesto). Por alguna razón, quizá por el dulcete pecaminoso de los sobornos, se le conoció entre periodistas como mermelada, y a los periodistas corruptos, como mermeleros.

Pero antes la mermelada era una actividad más bien artesanal. Después de los diez años de gobierno del SIN de Montesinos, el mermeleo ya era industrial.
Quizá no sea justo echarle la culpa de todo al SIN, pero en este proceso jugó un papel protagónico. La oleada masiva de dudosas concesiones y privatizaciones creó, en la gama informativa, nuevas categorías de empleo en las corporaciones: manejadores de imagen, estrategas de comunicación, relacionistas públicos (a veces igualmente privados), con varias especialidades. Una de las más cotizadas fue la prevención de ataques y denuncias en los medios; otra fue la creación de agenda informativa favorable.

Así surgió una nueva categoría de profesionales híbridos, inmunes a la diabetes, que con una variedad sorprendente de matices y estilos circula entre la propaganda, el periodismo y el tráfico informativo mientras hace lo posible por maquillar el hibridaje.(…)
Los más exitosos en ese hibridaje profesional desarrollan cuidadosamente su ventaja mayor: estar bien informados. La siguiente ventaja —que es también un requisito— es estar bien conectados. Por eso, aunque disimuladamente competitivos, son gregarios y se ayudan, se ordeñan, compiten y colaboran entre sí, en congregaciones marcadas por la implícita jerarquía de las remuneraciones.

Ahí, cofrades de circunstancia, se juntan los relacionistas públicos de corporaciones contenciosas con los columnistas con cartera de clientes, con los ejecutivos de empresas de «imagen» y relaciones públicas, con periodistas que luego pondrán un tono catoniano sin que se les corra el maquillaje cuando presenten sus trabajos firmados, con el usual epígrafe de «unidad de investigación» —que es como decir «fuerzas especiales» entre militares—, y que son con frecuencia el resultado de informaciones preparadas para servir los objetivos de quienes les entregaron la información lista y empacada.(…)Así como cambiaron los periodistas, cambiaron también los espías. Aún durante el período de indisputada hegemonía de Montesinos, las privatizaciones y las grandes inversiones que les siguieron —buena parte de ellas logradas gracias a la corrupción y la intervención disyuntiva de Montesinos— necesitaron de aparatos propios de seguridad, información y contrainteligencia.

Casi todos quedaron a cargo de oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, especialmente de inteligencia y particularmente de la Marina. En muchos casos se contrató la seguridad corporativa —incluida la inteligencia— a compañías independientes. Aunque parezca innecesario, no sobra añadir que durante la década del noventa toda la seguridad privada, sin importar su tamaño o importancia, sabía que lo que no se podía hacer era antagonizar, provocar o siquiera desagradar al SIN de Montesinos. Sumisión, vasallaje o las dos cosas; pero autonomía, de ninguna manera. Bajo ese esquema, varios prosperaron, mientras que otros, como veremos, fueron aplastados.

Cuando cayó Montesinos, el centro se disgregó, pero se mantuvo un cierto orden. Como el manejo económico apenas sufrió modificaciones y las grandes empresas pasaron de un escenario bueno a otro mejor, sus estructuras de servicios, desde los estudios de abogados hasta sus compañías de seguridad y sus funcionarios de relaciones públicas, permanecieron igual o crecieron.

Pero ya no había SIN, el árbitro de último recurso, con su costosa y centralizada presencia.
Un contingente de espías técnicamente calificados se encontró sin empleador, mientras que jueces, fiscales, dueños de medios y accionistas de empresas quedaban sin alguien que les dijera qué no hacer, qué hacer y por cuánto.

La adaptación no fue difícil. El arte del lobby se hizo más complejo —aunque siempre dentro del ámbito de lo asequible— y requirió mejores servicios profesionales. Como las empresas y estudios de abogados precisaban mejor información, los espías desempleados con capacidad técnica no quedaron mucho tiempo sin trabajo.