miércoles, 2 de diciembre de 2009


La Pista de los Pishtacos

20 años después se descubre trama psicosocial con marca registrada por el Apra.



La periodista Jacqueline Fowks, del blog “Notas desde Lenovo”, descubrió, hurgando en una hemeroteca, que el tinglado armado con el asunto de los pishtacos no es un cuento nuevo y más bien pertenece al arsenal de psicosociales reservados para épocas picantes, de bajones políticos, por los que suele atravesar Alan García.

Resulta que el periodista Miguel Ramírez, entonces activo practicante en la revista Oiga (antes había pasado por el diario Marka), escribió un reportaje dictado por la entonces Policía de Investigaciones, que describía las peripecias y horrores de sanguinarios hombres sedientos de grasa humana en la zona oriental del país.

El actual jefe de investigaciones de El Comercio, hace exactamente 20 años, acogió como cierta la versión policial de la existencia de pishtacos y logró una noticia de portada que enmudeció de espanto a medio Lima. Recordemos que en mayo de 1989, el régimen aprista se batía en retirada con una crisis económica inmanejable, una corrupción imbatible y un terrorismo que alcanzaba sus niveles más altos de sanguinario accionar.

Aquella vez los hechos habrían ocurrido en el caserío Hermosa Pampa, a tres horas de la provincia de Satipo, hasta donde viajó el periodista Ramírez con el fotógrafo Ysrael Mertz, recogiendo los detalles del alucinante suceso de manos de los policías de esa calurosa ciudad.

El reportaje de la importante revista Oiga, dirigida por el periodista vasco Paco Igártua, alcanzó las siete páginas y en uno de sus párrafos se describe casi el mismo libreto dictado recientemente por los jefes de la Dinincri: “Parecería que lo ocurrido en Hermosa Pampa tiene inspiraciones ligadas a una secta diabólica. La PIP encontró en la casa de los pishtacos cinco litros de aceite humano, el cuchillo con que descuartizaron a Herminia Pareja y la lata donde frieron los trozos de grasa extraídos de su víctima”.

Pero esta vez el suceso, construido por los maniqueos apristas, expertos en cortinas de humo, se escapó del control del gobierno. Resulta que hoy, a diferencia de hace veinte años, existen medios alternativos de comunicación que empezaron a desmoronar la mentira. A todas luces, se trató de tapar la sólida denuncia de la revista Poder sobre la existencia de un “escuadrón de la muerte” en Trujillo que se estaría dedicando a ejecutar a personas por encargo, entre ellos a delincuentes.


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