sábado, 6 de noviembre de 2010


Google Street View: El Gran Hermano nos observa

sábado 6 de noviembre de 2010

Fuente original: Chile Liberal


La tecnología de Google Street View está a punto de instaurar una sociedad del panóptico

Michel Foucault, un filósofo francés, fue quien comparó la sociedad actual con el panóptico, un tipo arquitectónico de cárcel concebido por el filósofo liberal Jeremy Bentham, en el que los reos son observados por un único celador desde un punto central. Bentham consideraba necesario que los antisociales se sintiesen observados mientras cumplían su sentencia, y que el sentido de vigilancia sobre ellos lograse hacerlos recapacitar sobre sus faltas, con la esperanza de así devolveros rehabilitados a la sociedad. Foucault, genialmente, sostuvo que las la imposición de estructuras sociales jerárquicas actuales buscan normalizar a los individuos, hasta domarlos, lo que en la práctica asemeja a la sociedad  con un gran panóptico.

George Orwell, novelista británico, en su famosísimo libro 1984 nos describe una sociedad colectivista en que la tecnología se pone a disposición de quienes buscan dominar a los individuos. Muchos han notado la colectivización y alienación de los individuos en la sociedad actual a través del poder ejercido sobre nosotros con las cámaras de seguridad vigilancia. El caso más dramático es el Reino Unido, donde se contabiliza una cámara por cada 16 personas, con un gran total de 4,2 millones de cámaras, sin que se aprecie merma alguna en la disminución de los índices de delincuencia, pero el resultado ha sido nefasto: unos pocos, amparados en el poder coercitivo de la ley, vigilan a muchos. Te vigilan a ti. El Gran Hermano te observa. Sonríe.

Hacia la sociedad de la vigilancia
Ya sabemos que hay intentos por dominar la Internet. El probema comienza a ser grave cuando no sólo caminamos como sonámbulos hacia una sociedad del Gran Hermano, sino cuando ya se implanta. Una de las empresas que más admiramos, Google, ha salido con la macabra idea de fotografiar casas y calles  y ordenar esta información en sus bases de datos y ponerlas a disposición de los internautas. El resultado es la brutalidad de que la propiedad privada de los individuos ha sidio violada al fotografiar, sin permiso, sus hogares. Incluso se ha llegado a una situación tan anómala como la de recopilar datos de los propios usuarios. O sea Google, una empresa privada, fotografía tu casa sin autorización, recopila tus información personal y forma una base de datos. Esto es inaceptable.

El tema no es para la risa cuando sabemos que los vehículos que usó Google para fotografiar casas también han captado gente. ¿Qué pasa si fotografian a un familiar tuyo fallecido recientemente? Google ha respondido ante las protestas de grupos de defensa de las libertades indivduales alegando que uno puede salirse del sistema. 244.000 alemanes así lo han hecho, gracias a las leyes de protección ciudadana de aquel país (el fantasma del nazismo ha dejado a los alemanes alertas ante cualquier intromisión).

Cómo defendernos
La cuestión de fondo es que una empresa privada puede también vulnerarnos, tal como lo hace el gobierno. El caso más claro de abuso de poder es el maldito carné de identidad. Es imposible decir "no, señor burócrata, no quiero tener carné de identidad ni me lo pida, mi nombre es Perico, no le muestro mi foto". Sólo el Reino Unido e Irlanda aún mantienen una masa crítica de grupos de defensa ciudadana que jamás aceptarán el carné. Pero, por otro, estos países son los más vigilados por el Estado. Peor aún, incluso los privados pueden abusar, como lo demuestra Google Street View

En este caso, es esperable que tanto el Estado como los privados se anulen a sí mismos y dejen a los individuos en paz. El gobierno checo por ejemplo prohibió Google Street View de rompe y raja, lo que demuestra que el gobierno puede emplear el poder coercitivo de la ley para defender a los ciudadanos. A pesar de ser la República Checa un país pobre y aún empantanado en una colosal burocracia post-comunista, ha demostrado gran visión al prohibir Google Street View (el fantasma del comunismo aún pena). En realidad, ambos, burócratas y privados, pueden abusar del poder. Los ciudadanos deben siempre estar alertas para mantener el frágil equilibrio entre regulación y laissez-faire, entre gobierno y privados, entre defensa de derechos y defensa ante el gobierno (a este conjunto es lo que llamamos "política").

Lo que corresponde es que cada cual entregue su consentimiento para ser fotografiado, sea él mismo o su propiedad. Si cada uno decide —libremente— entregarle sus datos a Google Street View, ¿qué le importa al resto? Si hay mutuo acuerdo, entonces perfecto.

Si para Google es impracticable solicitar autorización previa, entonces debió desistir de esta iniciativa, por loable que pareciese. Esta empresa es un ejemplo admirable de lo que se logra en una sociedad abierta, donde un joven ruso y su amigo norteamericano pueden iniciar un emprendimiento cuyos servicios han permitido organizar la Internet y promover el traspaso de información a escala sin precedente en la historia. Pero es necesario poner límites. Si debemos recurrir a la ley, que así sea. 

Justamente, la postura filosófica de Chile Liberal es designar al gobierno y su poder para que defienda nuestros derechos, no para vulnerarnos ni para otorgarnos derechos, sino para resguardarlos incluso  contra los embistes de una empresa privada que, en teoría, como todo privado, no puede obtener algo de un consuidor sin consentimiento.

El fiasco de Google Street View demuestra la importancia de un Estado mínimo y un gobierno limitado.


Alertados sobre la presencia de las cámaras de Google, dos usuarios decidieron mostrar su anatomía posterior. La foto quedó en el sistema, pero censurada por Google

El panóptico, la cárcel perfecta de Jeremy Bentham


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Publicado originalmente el Miércoles, 11 April 2007 
Fuente: Versvs

Una vez me dijeron que «la cárcel es un lugar donde se hacen experimentos sociales». No todos los experimentos sociales en las cárceles son represivos (los hay integradores), pero la gran mayoría sí. ¿Por qué? Porque si una técnica de represión es aceptada bien por los reclusos y se los consigue doblegar, sin duda alguna también servirá para controlar a la gran masa de población, que es en promedio bastante más dócil y obediente que la población reclusa.

Analicemos el ejemplo de la videovigilancia. Hace ya algunas decadas que la videovigilancia se emplea en cárceles, y sólo hace unos pocos años está dando el salto al mundo civil, a las calles por las que todos nosotros paseamos. Sólo ahora que su eficacia para el control de los reclusos ya está demostrada nos las imponen en las calles. Se aplican así a las personas libres, inocentes mientras se demuestre lo contrario, técnicas de control y coacción. De este modo emplear alta tecnología (lo que en cada momento de la historia sea alta tecnología) para controlar reclusos puede parecer algo nuevo, cuando no lo es en absoluto.

En el origen de la videovigilancia moderna tenemos a Jeremy Bentham, filósofo, y el panóptico, del latín (pan-, todo; -óptico, visión), un modelo de cárcel ideado por él. Bentham es, desde mi punto de vista, el padre de la vigilancia social moderna. El panóptico de Bentham es en realidad una cárcel en la cual todo se puede vigilar desde un único punto, con la ventaja añadida de que puede hacerse sin ser visto. En una cárcel de este tipo el vigilante se sitúa en el centro del edificio y tiene acceso visual a todas las celdas, pero no puede ser visto ni oído. Las celdas están, además, separadas unas de otras. De este modo el recluso no saben en ningún momento cuándo está siendo vigilado o cuando el vigilante está en la otra parte de la plataforma vigilando a otro recluso. Podría haber varios vigilantes, podría haber sólo uno y estar durmiendo, podría no haber nadie en el puesto de vigía... el recluso no lo sabe y no tiene manera de averiguarlo.

La idea tras este diseño no es otra que la de gobernar a los reclusos con el miedo. Coetáneo de la revolución francesa, Bentham había comprendido perfectamente que las viejas formas de castigo ya no servían, y que con la nueva democracia, para evitar el crimen se perseguía no tanto castigar el delito como evitarlo; si bien la democracia pretendía evitar este crimen reinsertando al preso (esta idea persiste en la mayoría de democracias modernas y es la que hace que no haya ni pena de muerte ni cadena perpetua en el sistema penal español), y no asustándolo preventivamente como a una comadreja. Y es que en este panóptico ni siquiera hace falta que el vigilante vigile, bastaría con que los vigilados sientan que podrían ser vistos haciendo algo que no deben, bastaría la idea de mirada, aunque ésta no exista todo el tiempo, sintiéndola pesar sobre sí, para que el individuo termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo y actuar en consecuencia. La mirada, el panóptico en sí, es la idea del poder en sí mismo: poder para controlar a las personas y modificar su conducta.

Esta cárcel perfecta (reclusos que se autolimitan, reducción del número de vigilantes y por tanto de los costes de mantener la prisión) jamás llegó a construirse, a pesar de que Bentham empleó en ello una parte de su fortuna, pues para cuando estuvo ideada la corona inglesa estaba más preocupada por luchar contra Napoleón que por construir modernas prisiones. Sin embargo, desde aquel momento todas las cárceles y centros de trabajo se han construído siguiendo este modelo panóptico de vigilancia. ¿Por qué? Porque tanto en cárceles como en fábricas la idea de que «el jefe» o el «vigilante» siempre te van a ver cuando hagas algo incorrecto era útil al sistema. El miedo preventivo a que nos pillen fuera de nuestro lugar de trabajo está interioriado por todos.

Y es por eso que ahora las ciudades se convierten en panópticos, espacios de vigilancia perfecta repletos de videocámaras que nos coartan, del mismo modo que la RFID modifica nuestra conducta, y nos vigilan para devolvernos a un momento pasado de nuestra historia que no deberíamos repetir.

MÁS:
En España es creciente el rechazo a videovigilancia



martes, 26 de octubre de 2010


¡ES SUSANA!...o no?.El conteo según la ONPE

viernes, 15 de octubre de 2010


DE LA PATADA A LA CACHETADA ARTERA


Cachetada avisa, como diría Augusto Álvarez Rodrich. Pero lo de la semana pasada más bien se trató de la arrogancia presidencial por unas canas mal pintadas y mal traídas. 

Recapitulemos la historia. Alan García cosechó todas las silbatinas, desprecios y odios a raíz de su desastroso primer gobierno. Hoy, luego de exactamente 20 años, el robusto primer mandatario del Perú cree haber superado el desprecio popular e infla la pechuga desafiante ante quien se atreve encararlo.

Se cree el Mesías que con su astucia a mejorado la economía, el único impulsor de las nuevas arcas de la Nación. Se niega a aceptar que hubo dos gobiernos anteriores que pusieron sólidos cimientos provocando que la economía despegara.

Si algo hay que reconocerle a García Pérez (aparte de no haber pervertido  la política económica iniciada el año 2000 gracias a su estrategia del “muertito”) es haber sobrellevado con ministros de economía de lujo la terrible crisis financiera mundial.

Pero el actual inquilino de la Casa de Pizarro acaba de dar dos muestras de soberbia muy peligrosas que podría acarrear el rápido deterioro de su imagen de no contener sus ínfulas.

LA COMESON DEL QUINTO AÑO

Alan García no solo pasó de la patada artera contra el buen Lora a la cachetada cobarde, refrendada por una docena de sus gorilones, al joven voluntario de ESSALUD. También se ha atrevido en las últimas semanas a perturbar el libre ejercicio de prensa y expresión en los canales de TV. Antes había intentado groseramente tomar Panamericana Televisión, vía testaferros, ante la caída en desgracia de Genaro Delgado Parker.

Ahora último presionó a los directivos del 5 para que no se transmitiera vía “Enemigos Públicos” un reportaje sobre el incidente del  cachetadón. Luego, cuando Bayly comenzó a enfilar sus críticas contra el presidente, hizo llegar un mensaje a  Baruch  Ivcher  para que frenara la viada del “tio terrible”. Constantes cintillos, señalando que el canal no respaldaba las versiones del Bayly, terminaron con su renuncia.

García se ha pasado toda la semana intentando negar lo innegable: Decenas de testigos, con videos en mano, aseguran haber presenciado una cobarde agresión física del presidente contra el mencionado joven que a todas luces padece de una alteración en su psiquis. Recordemos que hace cinco años atrás, cuando enfilaba su campaña presidencial, lo mismo hizo contra el enajenado  Lora. Esa vez se trató de un traicionero puntapié en la espalda del distraído simpatizante.

Alan García tiene antecedentes de descontrolarse en su último año de gobierno. Al final de su periodo 1985-1990 también se la enfiló contra la prensa. Aunque los medios de la época eran diferentes y la violencia política arreciaba, García se dio el gusto de cerrar de un solo zarpazo a los periódicos Cambio y El Diario. Claro, que éstos medios en su última etapa hicieron abierta apología del terrorismo, incitando al odio y avalando los crímenes de los dos grupos, dando así motivos legales suficientes para merecer su clausura.

Al  Alan García inflado de poder de los últimos tiempos, le haría mucho bien reflexionar sobre la trascendencia de sus actos ya que con su descontrol ante las críticas, insultos y preguntas incómodas de la prensa solo incentiva que la ola de violencia e intolerancia se enraíce en nuestra sociedad.

MÁS:
El Poder que Mata 2 -Diario Trome
Lo que la cachetada nos dejó - Patricia del Río
Seducción y Chantaje - Augusto Álvarez Rodrich
Martes Negro - Fernando Rospigliosi
Que pida disculpas - Federico Salazar
La mente del transformer - Jorge Bruce
Un país de maricas - Fritz Du Bois
De la patada a la cachetada - Rosa María Palacios
De la "patadita" al bofetón - Juan Carlos tafur


El bofetón en imágenes
                                           Composición : El Otorongo
                                          Foto: Mónica Palomo


                                       Fotos Diario 16
Los descargos de Juan Carlos Tafur en el portal Número Zero

domingo, 10 de octubre de 2010


"El Perú soy Yo"


Es cierto, Mario Vargas Llosa representa todas las sangres de ésta nación que nos alberga, que a veces nos desune, que nos emociona cada cierto tiempo. Mario, el ahora Nobel, ha sido dotado por Dios de un espíritu malditamente incansable para narrar las cosas que nos suceden a los simples mortales. Más que un literato es un narrador de historias, la mayoría de ellas reales, recopiladas minuciosamente por su pegajosa tinta. A Mario lo conocí hace 23 años , en 1987, cuando se aprestaba a tentar la Presidencia, cuando sus inquietos humores rebalsaban al ver como el joven Alan García destruía la economía del país.

Un día nublado llegó al aeropuerto Jorge Chávez acompañado de su guapa esposa Patricia. Ambos todavía jóvenes, ella más que él. La ingrata y aburrida cobertura periodística en los terminales aéreos tiene eso de bondadoso: que conoces a  gente importante sin proponértelo. Ese día Mario fue abordado por los periodistas destacados allí y absolvió cada una de sus inquietudes, mientras que Patricia nos entretenía tras bambalinas con su perfume y una sonrisa cálida.

Pero Mario no presagiaba ser el incomprendido más notable que nuestra historia haya despreciado. Tuvo una agitada campaña presidencial que lo condujo a enfrentarse con lo más rancio de los retrógrados que aspiraban a revivir un estado socialista o castrador de toda aspiración a la modernidad.

Mario no aprendió a mentir desde chico, nadie se lo enseñó. En toda su campaña se pasó de honesto, de sincero y habló con la verdad, por eso perdió. A lo que se sumó la trama siniestra de García Pérez  quien movió todos los hilos del Estado, incluso fundando un periódico para demoler la figura de Vargas Llosa y permitir el triunfo de esa tromba populista llamada Fujimori. Lo demás es historia.

Mientras que el candidato lapidado por las injurias presidenciales  y de seudos revolucionarios como Javier diez Canseco es hoy el Nobel de Literatura, el ganador de esa contienda está preso pagando sus culpas. Son los avatares de la vida. Para muchos, de haber llegado Vargas Llosa a la presidencia del  Perú,  la humanidad se habría perdido varios de sus Best Sellers. Así que Alan García, sin quererlo, ha contribuido doblemente para que la fundación sueca haya decidido otorgarle el Nobel a Mario. Primero, impidió que el escritor alcance la presidencia, por ende, permitió que prosiga con su rica obra y, segundo, recientemente provocó  su renuncia a la dirección al Museo de la Memoria al intentar pasar de contrabando una ley de amnistía para favorecer a los militares acusados de asesinatos de lesa humanidad.

La fundación de Alfred Nobel  suele otorgar distinciones anuales a aquellos notables ligados a las luchas sociales y no a un liberal como Mario, pero éste último acontecimiento  precipitó el logro más perseguido por el admirador del hipopótamo. Buena por él y por el Perú, no por aquellos innobles que pretenden subirse  al carro triunfal a último momento.

Claro que Mario representa al Perú con todos sus bemoles. Por ese “varguitas” que apabulló  con elocuencia literal en sus primeras obras, hasta el escritor maduro de hoy, han pasado los caudales de triunfos y derrotas de los peruanos. También la sangre, sudor y lágrimas de todas las vertientes que conforman nuestra nación. Cómo discriminarle entonces su derecho a ser uno de los nuestros, si siempre nos ha tenido entre sus genios y demonios.



viernes, 1 de octubre de 2010


EL “ELECTARADO” Y SUS DOS OPCIONES


01 de octubre de 2010

Cortinas van, cortinas vienen. Liberaron a una terruca y la prensa (con su capacidad de arrastre en la opinión pública) nos jala de las narices tras la noticia. Aunque en unos días, seguramente, la viuda de Serpa Cartolini será devuelta a prisión. Lo mismo sucedió con la Berenson. Y es que pronto las elecciones vecinales será cosa del pasado y las miradas estarán puestas en otro lado. Total, suelen tratarnos como a una masa apenas pensante. Un “electarado” que resulta fácil de conducir, de arrear.

Lo percibido en ésta lid electoral por las alcaldías y gobiernos regionales es  el entremés de lo que vendrá para las presidenciales del próximo año.Una guerra que será más que sucia. El grotesco papel  desempeñado por el bautizado “huevo duro” es solo una bombita de ensayo diseñada por el departamento de psicosociales de la mafia fujimontesinista comandada por Raffo y sus impunes chacales chuponeadores. Atrás quedó Kouri el alfil de ensayo que se dejó sacar de la contienda por un infantil error de su comando de campaña.

Recordemos que Fernán Altuve, el aparentemente candidato simplón  (hoy dedicado a huevear al “electarado”) fue parte de la eminencia  gris de la mafia en su último tramo, cuando basando en su pericia legal se encargó de justificar y defender con ardor los crímenes y acciones mafiosas del japonés y su corte. El país no debería olvidar a los Siura, Espichán, Martha Chávez y Altuve porque fueron ellos quienes -abusando de sus dotes cínicas y un descaro  patológicos-  tejieron finamente un manto de impunidad cuando los brotes de pus emergían incontenibles desde el régimen del hoy inquilino de Barbadillo.

Los grupos de poder aplicando la oscura estrategia de la propaganda política de “simplificación y enemigo único” han encaminado a la ciudadanía a una elección de dos. Los demás (con su propuesta bajo el brazo) ya no importan. Las rimbombantes  simulaciones con cédula en mano y encuestas solventadas por interesados dan como  contendores únicos a dos mujeres. Lourdes Flores y Susana Villarán se disputan la atención mediática (y también la de los votantes condicionados por la propaganda política).

Las dos tienen sus "anticuchos": sus pasados plagados de errores humanos y un presente salpicado de omisiones y mentiras que podría costarles la elección. Será  finalmente los ciudadanos de a pie quienes decidan. Esos ciudadanos condicionados por la ignorancia de propuesta pero siempre atentos al show mediático, a ese túnel al que cada cierto tiempo los conducen los grandes operadores sociales.

A estas alturas cabe exigir una pronta reforma del sistema electoral que ponga en vitrina a la verdadera expresión democrática de los electores, en donde prime la elección de vecinos notables que representen los intereses de las mayorías. Mientras tanto debemos conformarnos con simulacros democráticos que aspiran a recambiar a las autoridades que regirán nuestro  destino.

MÁS:
Voto de conciencia - Juan Incháustegui V.
Cuidado con el tamaño del dragón - Martha Meier M.Q.
Cuestión de principios - Hugo Guerra
Futuro incierto - Augusto Álvarez Rodrich
Publicar y mentir - Raúl Tola

jueves, 30 de septiembre de 2010


La Izquierda democrática


LO QUE SIGNIFICA LA OPCIÓN SUSANA VILLARÁN
Por: Henry Pease *
Jueves 30 de Setiembre del 2010
Nos acercamos al final de la campaña municipal con varias lecciones. La primera tiene que ver con la corrupción y la decencia en política. Álex Kouri tuvo la osadía de aspirar al gobierno de Lima tras el escándalo de sus ‘vladivideos’ corruptos y el peaje chalaco en una obra muy discutible; Lourdes Flores le salió al frente con valentía y decisión. Pero Kouri persistió en errores ética y políticamente enormes. Trató de engañar confundiendo domicilio legal con vecindad y para colmo se inscribió desde un partido inexistente, simple franquicia para ofrecerse como vientre de alquiler. El JNE lo sacó de la carrera, pero cuando lo hizo Lourdes ya lo aventajaba en las encuestas. Más de un analista enfatizó que la correcta decisión del jurado lo libró de la derrota, pero no lo libró de la crítica ética y democrática.
La coyuntura cambió y se volvió contra Lourdes no solo porque no tuvo un discurso distinto a tiempo sino porque le saltó a la cara el Caso Cataño. Seamos claros, nadie ha acusado de corrupción a Lourdes pero los servicios profesionales de un político tienen más limitaciones que los de los demás abogados. Eso se ha usado y le hizo daño, pero tampoco sirvió a Lourdes unirse al coro macartista contra Susana Villarán, porque la sepultó en su nicho de votos propios y perdió la intención de voto que ganó al posicionarse contra Kouri.
En esa misma coyuntura se posicionó Susana. Tuvo la capacidad política para torear la campaña y subir. No está dicha la última palabra pero ya se pueden ver más fortalezas que debilidades. Ella representa una apuesta de izquierda democrática y su partido es una agrupación que expresa una nueva generación, que no tiene las limitaciones ni los prejuicios de etapas anteriores que no vivieron la mayoría de sus integrantes. Su mensaje tiene la frescura de la personalidad de Susana y la modernidad que le aportan profesionales bien capacitados, con experiencia técnica y de gobierno. Ministra de la Mujer con Valentín Paniagua y Javier Pérez de Cuéllar, exhibe estas credenciales democráticas y el orgullo de haber sido integrante del gobierno que abrió la lucha contra la corrupción fujimorista y dejó una huella de honorabilidad y transparencia ejemplar.
La campaña macartista de algunos medios se estrelló con decisiones rápidas de Susana para corregir lo poco que había que corregir –sacar al candidato a regidor denunciado de violentista casi en el acto, a pesar de que con el puesto 39 no iba a salir elegido–, y respondió con iniciativa cada agresión. La guerra sucia siguió desde varios lados y afectó a Lourdes con el ‘chuponeo’ telefónico, pero no ha logrado sus objetivos. El papelón de Pedro Pablo Kuczynski debiera enseñar a nuestra derecha lo que los liberales siempre comprendieron: no vale excluir al otro ni jugar al cuco. Todo régimen democrático gana si tiene una izquierda democrática y moderna. Eso es lo que representa Susana Villarán y sus alianzas, que tanto levantan sus adversarios, son eso: alianzas y no definen con su cuota de poder el rumbo de Fuerza Social.
Ha crecido el número de ciudadanos que rechaza la corrupción, y quienes aspiren a ejercer cargos públicos deben ser más prolijos porque serán escrutados. Lo que sí es urgente es un pacto contra el ‘chuponeo’, que debe incluir a los medios o tendremos que comunicarnos en morse o algún lenguaje críptico.
Dos mujeres valiosas son las protagonistas. No son caudillos ni su equivalente femenino. Estamos avanzando en democracia.
[*] Ex presidente del Congreso

Susana y Fuerza Social


30 de septiembre de 2010

He acompañado el surgimiento de Fuerza Social (FS) y su antecesor, el Partido por la Democracia Social (PDS), desde sus inicios. Como testigo privilegiado he visto el enorme esfuerzo que ha representado construir un partido innovador, comprometido con la democracia y la descentralización, la gestión pública eficiente y honesta, la solidaridad y la justicia social, los jóvenes y la equidad de género, el buen funcionamiento del libre mercado y la protección del medio ambiente, la diversidad cultural y la igualdad de oportunidades. El Ideario de Fuerza Social resume este nuevo enfoque, y más de un decenio de práctica política demuestra que los miembros de este partido hemos sido fieles a él. 

Susana Villarán representa la renovación de la política en nuestro país. Sus valores y trayectoria, su sinceridad y apertura, su compromiso y experiencia, así como su ecuanimidad ante vitriólicos ataques, demuestran lo que debe ser un político a carta cabal. Susana ha sido acusada de ser caballo de Troya de una izquierda radical, de amenazar la estabilidad económica y de ser una improvisada sin equipo —todo sin fundamento y fuera de la realidad, que debemos rechazar.

Fuerza Social ha hecho un cristalino deslinde con la violencia y la subversión, tanto en sus planteamientos como en la práctica cotidiana. En numerosas reuniones partidarias se ha rechazado tajantemente las posiciones extremistas y radicales. La política de alianzas y apertura a otras tiendas políticas está predicada en el respeto al estado de derecho, las normas democráticas y el rechazo a la violencia en todas sus formas. Nuestros dirigentes tienen esto muy claro. Como dice nuestro ideario, no vamos a “hipotecar las decisiones gubernamentales y las políticas públicas a intereses particulares, ni ceder ante las presiones de quienes detentan el poder económico o recurren a la violencia para imponer sus puntos de vista y distorsionar la voluntad popular”.

Fuerza Social apuesta por la economía de mercado y la estabilidad macroeconómica. Esto se recoge en nuestro Ideario: “el mercado ha demostrado ser un mecanismo eficiente para asignar recursos y promover el crecimiento, por lo que debe jugar el papel central en la vida económica de nuestro país. Sin embargo, éste no puede funcionar adecuadamente sin una infraestructura jurídica y de regulación clara e imparcial, que garantice la libre iniciativa y corrija las fallas del mercado”. Creemos en la economía de mercado, pero también en que la regulación eficaz y la participación activa de gremios empresariales, sindicatos de trabajadores y organizaciones de la sociedad civil es necesaria para el buen funcionamiento del mercado.

Fuerza Social agrupa a profesionales y técnicos, dirigentes de base y activistas comunitarios, empresarios y emprendedores, amas de casa y jóvenes entusiastas, entre muchos otros grupos sociales, que comparten la aspiración de renovar la política y avanzar hacia el bienestar y la prosperidad para todos. Esto nos diferencia de otros partidos, en particular aquel en que uno de sus fundadores decía que “los técnicos se alquilan”. La experiencia acumulada en cargos públicos, empresas privadas, centros de investigación, instituciones académicas, organizaciones de la sociedad civil y entidades internacionales hace del equipo de Fuerza Social un grupo cohesionado y coherente, abierto a nuevas ideas y dispuesto a estimular el debate interno, capaz de hacer una gestión pública eficiente, eficaz y honesta.

Los ataques que recibe fuerza social provienen de personas que no nos conocen, defienden las maneras tradicionales de hacer política, o de los “nuevos tontos útiles” (en especial los mediáticos), cuyas críticas estridentes han terminado haciendo que Susana Villarán sea más conocida y apreciada. (Francisco Sagasti*)

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* El autor, consultor internacional en Ciencia y Tecnología, pertenece al partido Fuerza Social y participó en la elaboración de su plan de gobierno.

Susana Villarán ¿La Reina de las mentiras?



Según el diario Correo TAMBIÉN SE OPUSO A LOS HOSPITALES DE LA SOLIDARIDAD Y LA LÍNEA AMARILLA Y LUEGO SE RETRACTÓ.


Correo
30 de septiembre de 2010


La contradicción es su divisa. Si algo ha quedado claro en esta campaña electoral es que la candidata de Fuerza Social, Susana Villarán, ha enarbolado con entusiasmo y persistencia las banderas de la inconsecuencia programática, la propuesta mutante y el "no dije lo que dije".

Y es que sus marchas y contramarchas en temas como la legalización de las drogas, la integración de los Hospitales de la Solidaridad al Ministerio de Salud (Minsa), los impuestos a los autos antiguos y el metro para Lima han desnudado sin pudor la inconsistencia de su proyecto político.

Vayamos por partes. El 22 de julio pasado, cuando su candidatura aún no despegaba, Villarán acudió al programa Enemigos Públicos, en donde confesó que en su juventud consumió marihuana.

Pero la cosa no quedó ahí. Acto seguido, sostuvo que la guerra contra las drogas no se gana ni con represión ni con cultivos alternativos y que la única manera de luchar de manera frontal contra el narcotráfico es legalizando las drogas.

Al ser consultada sobre si se debe legalizar la marihuana y la cocaína, Villarán respondió enfática: "Todo, todo, todo. Debería venderse en farmacias con control de calidad, con un precio accesible, pero con una inmensa campaña contra las drogas".

Sin embargo, hace dos semanas, durante su participación en el CADE de emprendedores, Villarán se defendió de los cuestionamientos señalando que la legalización de las drogas no es un tema de competencia municipal y que no figura en su plan de gobierno. "Pueden revisar de arriba abajo mi plan de gobierno y no van a encontrar nada al respecto", indicó.

HOSPITALES SOLIDARIOS. Días después, el 21 de setiembre, Villarán acudió a RPP y lanzó una de sus propuestas más polémicas: integrar los Hospitales de la Solidaridad al Ministerio de Salud.

"Nosotros queremos integrar eso (los Hospitales de la Solidaridad) en una sola red de servicios con el Minsa. Asegurar la calidad, que las personas puedan tener una historia clínica", afirmó en aquella oportunidad.

Sin embargo, ante la andanada de cuestionamientos que advertían que esto en la práctica implicaba la desaparición de uno de los programas más exitosos de la actual gestión municipal, la candidata de Fuerza Social otra vez retrocedió.

Al día siguiente "aclaró" que una eventual gestión suya no va a transferir los hospitales solidarios a la administración del Minsa y precisó que su intención es mejorar este sistema mediante la integración del "aspecto específico de las historias clínicas al sistema de salud público".

MÁS IMPUESTOS. El mismo 21 de setiembre, en la misma emisora, la candidata de Fuerza Social planteó otra de sus perlas: crear un impuesto a los vehículos usados por contaminar el medio ambiente. "Nosotros sí vamos a pelear por que los carros nuevos no paguen impuestos y los carros antiguos paguen impuestos más altos, como en Canadá, porque contaminan muchísimo más y afectan nuestra salud. Es decir, al revés de lo que actualmente ocurre", sostuvo.

Al día siguiente se desdijo nuevamente y recurrió una vez más al subterfugio de señalar que un alcalde no tiene competencia para proponer la creación de impuestos.

NO AL METRO. Durante su presentación en el programa El Francotirador el 19 de agosto pasado, Villarán prácticamente ninguneó el metro y explicó que su plan de transporte para Lima apuesta por un sistema integrado que disminuirá de 580 a 300 las rutas existentes.

"Lima necesita extenderse, y eso lo vamos a lograr con el sistema integrado y una autoridad exclusiva para el transporte en la municipalidad. Nada haremos poniendo rayitas, metros y esas cosas", subrayó.

En el mismo sentido, el candidato de FS a teniente alcalde, Eduardo Zegarra, expresó hace sólo tres días que "Lima no requiere de un metro". Sin embargo, durante el debate, Villarán aseguró que el plan de Fuerza Social "no se opone a los grandes proyectos", como el del metro para Lima, sino que se dará prioridad al reordenamiento del transporte público.

LAS PROPIEDADES. El viernes 24 de setiembre, un diario local denunció que Villarán no declaró en la hoja de vida que presentó ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) un total de 14 propiedades (que conforman el Centro Comercial El Suche).

La candidata no sólo recurrió a su manoseado recurso de denunciar una supuesta guerra sucia en su contra, sino que además aseguró repetidas veces que no tenía ninguna propiedad.

Pues bien, desde el día de la denuncia hasta el martes último Villarán ha dado diferentes versiones al respecto. El domingo pasado, en el programa Cuarto Poder, explicó que los 14 locales son una herencia de sus padres y que les pertenecían a los siete hermanos Villarán y a una sobrina.

Sostuvo que si no declaró esas propiedades fue porque no sabía que el proceso para individualizar los locales ya había terminado.

El martes, luego de conocerse los documentos presentados por su rival, la candidata pepecista Lourdes Flores, Villarán se vio obligada a cambiar su versión. Explicó que en el 2005 sacó un préstamo hipotecario y compró tres de las tiendas.

LÍNEA AMARILLA. En mayo de este año, Villarán se comprometió "a suspender las licitaciones de la Línea Amarilla" y de la Ordenanza Municipal 1020 ante los pobladores de la Asociación Vecinal Central de la Margen Izquierda del Río Rímac, en el Cercado.

Allí incitó a los pobladores a protestar en contra de la Municipalidad de Lima y les aseguró que se expropiarían sus viviendas.

No obstante, su candidato a regidor, actualmente concejal de la Municipalidad de Lima, Rafael García Melgar, fue quien firmó el acta de concejo que ordenaba ejecutar el proyecto.

¿Y el Partido Comunista? Aparentes falsedades y contradicciones de la lideresa de Fuerza Social (FS), Susana Villarán, siguen apareciendo. Según denunció el legislador del PPC-UN Juan Carlos Eguren -documentos en mano-, Villarán omitió colocar en su hoja de vida su antigua militancia en el Partido Comunista Revolucionario (PCR), que data de entre los años 1977 y 1979.

Según la declaración jurada de vida que Villarán presentó cuando postuló en el 2006, el PCR fue su primera agrupación política. Hoy ni la web de Infogob ni votoinformado.pe registran la militancia de Villarán en ese grupo recalcitrante.

Ni su padre se salva. Susana Villarán aseguró en el debate que su padre, Fernando Villarán Duany, proviene de raíces humildes y que había terminado sus estudios en el turno nocturno del Colegio Estatal Guadalupe. Sin embargo, según la bitácora del costosísimo Colegio Compañía de Jesús Asia-Inmaculada, Villarán Duany formó parte de la Promoción 1932 y terminó su secundaria a los 17 años. Esto puede confirmarse en el árbol genealógico de la familia.


MÁS:
Un pasaje de contradicciones - El Comercio 29 de septiembre de 2010

miércoles, 29 de septiembre de 2010


Villarán y las carencias de la izquierda peruana


El sociólogo Carlos Meléndez del blog El Jorobado de Notre Dame, escribió hace dos años un interesante estudio sobre las taras históricas que ha envilecido a la Izquierda peruana. El artículo completo salió publicado en el número 171 de la revista QuéHacer con el título "Muchachito del ayer", causando todo un revuelo entre la intelectualidad limeña que vió expuesta al escudriño "de las masas" sus  demonios y abofeteadas tesis que solo han traído atraso y dolor entre quienes dicen representar.
En el marco de la actual contienda electoral, plagada de himnos al poto y de digitadas campañas de demolición, cabe refrescar la memoria de los electores con análisis e información que los ayude a tomar una decisión atinada sobre quien dirigirá el futuro de su comunidad.
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Muchachito del ayer (o en qué se equivoca la izquierda en el Perú)
Por Carlos Meléndez*Revista QuehacerOctubre de 2008
La izquierda fracasó en el Perú. Solo durante la década de 1980 estuvo cercana al éxito electoral que le hubiese permitido acceder al gobierno. Fue un proyecto trunco que terminó devorado por las disputas internas de un frente lo suficientemente amplio como para traicionar sus propias convicciones pluralistas, y por un elitismo que lo alejó de lo que con pretensión llamaban sus bases. La constatación de las razones del fracaso es una tarea digna de los abundantes y reiterativos balances y talleres de izquierda, y no es el propósito de este artículo. 
Pero sí debe ser el punto de partida para cualquier reflexión sobre el futuro de esta tendencia política en el país. Se debe partir por el sinceramiento, antes que por un equivocado orgullo que no permite reconocer los errores del pasado. Lo que es peor aún es la insistencia en las mismas fallas mirando hacia adelante. El propósito de este artículo es contrastar precisamente el congelamiento de las ideas y el «calentamiento» de una realidad que ha cambiado, y que contradice e inutiliza muchos de los contumaces planteamientos de lo que condescendientemente podemos llamar la «izquierda peruana». ¿Cuáles son las propuestas que permanecen en el tiempo y no se adecúan a una realidad cambiante? ¿Qué es lo que tanto cambió en la práctica y que no consigue registrarse en la carta de navegación del progresismo peruano? Precisamente, esta incongruencia hace que la izquierda en el Perú sea una suerte de muchachito del ayer, una canción pasada de moda que solo vuelve a sonar en la «Hora del lonchecito» de una radio que apela al recuerdo; es un clásico cursi de la era del LP que solo los nostálgicos (o los especialistas) recuerdan. Mientras el mundo sigue girando bajo nuevos cánones y ritmos, el muchachito del ayer de la izquierda en el Perú conduce su auto oyendo esa vieja canción en radio Felicidad, mientras alrededor lo asfixian las combis y el reggaetón.

Reo contumaz del pasado
El muchachito del ayer (léase la izquierda en el Perú) es un prisionero de su pasado. Insiste tercamente en teoremas que han demostrado su falsedad absoluta, pero no los abandona por aferrarse a sus seguridades primarias. Ha convertido su ideología en un manual, en un checklist, y sus movimientos son la mera repetición de rutinas ensayadas una y otra vez. En seguida  presentamos algunas permanencias en el pensamiento progresista que se resisten a cambiar, aunque pasen los años.

«Las masas no se representan, participan»
El muchachito del ayer no ve individuos, ve masas. Cualquier tipo de acción colectiva es interpretada rápidamente como la génesis de una revolución. Una reunión tipo taller de presupuesto participativo, cabildo abierto, rendición de cuentas, etcétera, por más que junte a menos del 1% de la población respectiva, es leída como un paso más hacia «la dictadura del proletariado». (¿Desde cuándo la revolución se hizo con plumones y papelógrafos?, me pregunto). Ha perdido la habilidad del cálculo y ha sufrido la disminución exponencial de su público, que alguna vez abarrotaba la plaza San Martín y ahora cae con cuentagotas en los talleres de ciudadanía que organiza. Sin embargo, aún sostiene la tesis de la multitud, mientras el promotor de ONG se desespera por los «líderes sociales» que no llegan a la convocatoria.

«La política antipartido desde el sector no gubernamental»
Como corolario de lo anterior, el muchachito del ayer ha desarrollado una ética antipartido. No cree más en estructuras orgánicas, en bases, en militancia (le costó asimilar la ecuación «un militante, un voto»). Su práctica política es más comodona: reuniones para discutir sobre la coyuntura en la ONG respectiva, entrevistas-publicherrys en los medios de comunicación cercanos, boletines financiados por la cooperación internacional (gratis con La República), y que, en teoría, deberían tener un impacto en la opinión pública (una mano en el pecho: ha visto alguna vez a un taxista con su boletín de IDL… no pues, el que te hace el taxi al aeropuerto no vale). Con un par de llamadas al amigo columnista se sienten que están en medio de la vorágine política, viven con la emoción de una final de fútbol sucesos donde se juegan la vida (o acaso el sueldo) como pueden ser: el juicio a Fujimori, una votación en el Congreso, el nombramiento de un miembro del Tribunal Constitucional, o sea, el ombliguismo extremo. Todo ello bajo la justificación y la autoridad que le da «ser miembro de la sociedad civil».

La ONG resulta en muchos casos una vía para hacer política, aquella imposible luego de no haber alcanzado juntar las firmas necesarias, ni establecer los comités partidarios, ni ponerse de acuerdo con los frentes regionales («qué se han creído estos provincianos», líder de izquierda dixit), ni ponerse de acuerdo para sumar el 1%. Por eso la «sociedad civil» resulta bacán, el lugar más seguro para decir que «Fujimori es un dictador» o que «García está equivocado» (para el muchachito del ayer, nada que se haga fuera del sector no gubernamental está bien), pero su voz no tiene la legitimidad de las elecciones sino de un proyecto de desarrollo realizado con los instrumentos de la planificación estratégica.

La obsesión por la pobreza (y la evasión de la economía)
El muchachito del ayer es tan noble como una lechuga. No le importan los ricos, le importan los pobres. Es finalmente su objetivo último, su máxima inspiración. Entiéndase por pobres, eso sí, todo aquello que es marginal, que es «el otro»: «sectores populares», «indígenas», «población por debajo de la línea de pobreza», «sectores menos favorecidos», «los sin voz» (esa es mi favorita). Como «el otro» es manco, el muchachito del ayer justifica su vida en tratar de ser quien vele por el desvalido, quien saque pecho por él. Organiza convenciones, talleres, simposios, reflexiones interdisciplinarias para discutir el tema de la pobreza (en hoteles cinco estrellas). Pone en la agenda el tema de la desigualdad, de la redistribución, del chorreo… parecería que el crecimiento económico le incomodara, porque si no hay pobres, no hay chamba, ¿no?

Décadas dedicadas a la agenda de la pobreza, que ya los pobres no le creen al muchachito del ayer. O porque la agenda de un país no se basa solamente en la lucha contra la pobreza. Por eso es que ha perdido ubicación y da paso a que, por ejemplo, los sectores que alguna vez fueron su base terminen votando por Unidad Nacional. No comprende por qué Castañeda tiene tanta popularidad. Por qué no gana una elección ni en San Bartolo si es tan buena gente. Por qué a pesar de tanto conflicto social, la gente prefiere a Toledo que a Susana. Cree absurdamente que el pueblo no lo entiende, cuando es al revés.
Y no basta con decir que va a promover la inversión privada para mostrarse algo más moderado (leáse Yehude). El muchachito del ayer se especializó en un asistencialismo oenegero, se concentró en el enfoque de las capacidades (mucho Amartya Sen en las clases de economía) y solo tocó la agenda del desarrollo económico para decir que «otro mundo es posible», sin plantear un modelo alternativo serio (no basta con decir redistribución). La palabra «empresa» le es ajena, salvo que se refiera a microcréditos de organizaciones de mujeres o de paraditas del Cono Norte. Ha cambiado el capital por el «capital social», traicionando al viejo Marx.

«El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…» (no me gusta la trova, es solo para que me entiendas)
La insistencia en los enunciados expuestos lo ha llevado por rutas distintas a las que se imaginaba. Quiso ir a Villa El Salvador y llegó a Miraflores, buscó la alianza entre el proletariado y el intelectual orgánico y creó al caviar, cambió el partido por la ONG, a Barrantes por Humala; ya no lee el Manifiesto Comunista, sino el blog de Susana.

De VES al Jazz Zone
Villa El Salvador fue el emblema izquierdoso de la autogestión, del desarrollo urbano alternativo, de la participación ciudadana, del empuje microempresarial. Tuvo héroes propios, fue el sueño hecho realidad del muchachito del ayer, aunque después de todo un espejismo. Azcueta acabó siendo el remedo de sus mejores años presentándose interminablemente a elecciones que perdería; sus seguidores terminaron yendo a Unidad Nacional y/o al fujimorismo; miembros de la familia Moyano ahora defienden a Fujimori; y Lourdes Flores gana las elecciones en ese distrito.

El distrito limeño donde mayor votación porcentual sacó la izquierda en las elecciones presidenciales del 2006 fue el pituco Miraflores. El Jazz Zone, asociado a la familia Villarán, ha terminado siendo el centro de operaciones del muchachito del ayer. En veinte años no es que la izquierda haya cambiado de público objetivo, sino que objetivamente su público cambió. Su ausencia de las zonas populares evidencia aún más su elitismo, su política de vecindario miraflorino, que no sabe cómo hablarle a lo que denomina «ciudadano de a pie» (término que me resulta despectivo, sinceramente).

Del intelectual orgánico al «caviar»
En realidad el elitismo no es problema alguno, si este tiene una capacidad de vinculación y dirección de un proyecto político. El muchachito del ayer, heredero de las lecturas de Gramsci, apeló ciegamente a la figura del intelectual orgánico, aquel militante político con un pie en las lecturas marxistas y el otro en el proletariado, el articulador, el vínculo, la bisagra entre la teoría y la práctica, a cuya imagen muchos de nuestros conocidos dejaron las aulas universitarias (es por ello que recién andan sacando maestrías y doctorados) y se entregaron a la vida de los sindicatos pesqueros en Chimbote, a las minas altoandinas de Cusco, empuñaron sus armas en silencio creyendo en la «tercera vía» (no la de Giddens, por si acaso) en Puno, se mudaron al monte, al cerro, a Independencia.

Pero el sindicalista se cansó de esperar y regresó y se convirtió en columnista, el ex guerrillero se sintió estafado por sus camaradas que en Lima esperaban la revolución sentados en el Congreso y ahora son expertos en materia de seguridad; algunos encontraron un modus vivendi en las provincias, ya sea como asesores eternos de gestiones públicas o promotores resignados de ONG. El intelectual orgánico desapareció, se esfumó y quizá ahora solo vive en las lecturas de las nuevas generaciones que aún se emocionan al escuchar Maza de Silvio Rodríguez.

Precisamente al desconectarse de las «masas», y mantener el estatus intelectual, se produce la figura del izquierdoso elitista, limeño, que apela a valores progresistas e igualitarios, habla por quiénes quisiera representar y no representa porque vive alejado de ellos, porque no puede, lo cual lo lleva a la vorágine del círculo vicioso en el que solo existen los que se parecen a él. El polémicamente llamado «caviar» es la consecuencia del intelectual orgánico que no cumple su función articuladora, el recluido en las lecturas que no sabe cómo salir de ellas, el que ha perdido el diccionario que traduce el pensamiento progresista al lenguaje cotidiano. Es la soledad del que no ha sido invitado a la fiesta que todos van.

De Barrantes a Humala
El muchachito del ayer no ha podido exorcizar al fantasma de Barrantes, porque fue precisamente el que más réditos le dio (y al que menos quiso). Barrantes traicionaba los valores fundamentales del izquierdoso zanahoria, de acuerdo con sus detractores: autoritario, politiquero, pragmático, racional. Sin embargo, tuvo algo que nadie más ha tenido en la izquierda: arrastre popular. Voz pausada pero cachosa, iba por la vida con la humildad de un droopy en su escarabajo, el abogado pequeño, cercano, sin pretensiones ni en el apellido ni en el color de piel. Es hasta ahora insuperable electoralmente. Mucha gente votó por la izquierda (en serio, hermano, te cuento lo que pasó en mi barrio) porque simplemente confiaba en él. ¡Cuán lejanos aparecen Yehude, Huaroc, Diez Canseco, Francke…! El carisma y la llegada no se consiguen en cafés ni en cócteles.

Precisamente, ese es un factor que no termina de asimilar el muchachito del ayer. Utilizando la metodología de los estudios culturales (un testimonio explica una teoría), ejemplificaré este argumento: en el año 2006, un ex dirigente intermedio de izquierda de un «pueblo joven» me dijo que no estaba ni en el PDS ni en PS por dos motivos: i) porque son unos «malagradecidos», ii) porque la gente nunca votará por ellos. A la segunda razón —que es la que quiero tocar en este acápite— le pregunté por qué y me dijo porque «simplemente ninguno tiene apellido peruano» (sic). Un claro «contigo a la distancia» que no comprende el muchachito del ayer y se engaña pensando que porque aún tiene comadres en San Juan de Lurigancho, seguirán votando por él.

El muchachito del ayer no interpreta el factor liderazgo dentro de su propuesta política. Por eso le cuesta comprender, a pesar de encuestas y grupos focales, que la gente vota por caracteres fuertes, queramos o no. No por aquel que viene con discurso deliberativo, ni con propuestas de «manos blancas» o de «rostro humano», sino que inspire orden y autoridad, como fue el caso de un advenedizo Ollanta Humala. Quizá solo aquellos que lo siguieron (y fueron criticados por eso) son los que menos equivocados están.

Del Manifiesto Comunista al blog de Susana
El muchachito del ayer se ha olvidado de los textos fundamentales, pero sobre todo del estilo de estos. El Manifiesto Comunista era, ante todo, un medio de divulgación, una suerte de comunismo para dummies que se distribuía a las salidas de los complejos industriales para que el obrero comprenda el sentido de la historia, de la lucha de clases y el capitalismo. Era el referente, tanto para la élite intelectual como para el jornalero de ocho horas.

El muchachito del ayer ahora consulta todas las semanas el blog de Susana, las columnas de Javier Diez Canseco y los planteamientos que cada cierto tiempo Pedro Francke hace a través de correos electrónicos. Estos argumentos se convierten en una suerte de catequesis, de oraciones que se tienen que memorizar, pero que siempre se traicionan en los pecados cotidianos. No son análisis, sino buenas intenciones. No traducen los procesos sociales a la cotidianidad, sino se inventan escenarios que no suceden. No le hablan al ciudadano promedio, sino al que el autor quisiera que existiera. Piensan que en el esbozo de unas cuantas ideas (consultadas previamente entre sus amigos) se resuelven los problemas del mundo, cuando estos ni siquiera se abordan.

No eres tú, soy yo: o del problema del indio al indio sin problemas
La reflexión izquierdista en el Perú contemporáneo empezó cuando se planteó «el problema del indio» a inicios del siglo XX. Hoy, diríamos, el indio no tiene problemas. O mejor dicho, los problemas son otros. O más aún: el indio ya no es indio. Sin embargo, no puedo dejar de percibir ese halo paternalista con el que se inició el debate de la izquierda en el Perú:¿Qué hacemos con el indio, qué hacemos con los pobres, qué hacemos con los «otros»? El fantasma que recorre el siglo XX peruano (para la izquierda) no es el comunismo, sino esa subordinación natural, casi esencialista, con la que se cataloga al llamado a ser el protagonista de la Historia: el pueblo. Sin embargo, el pueblo cambió, y mucho, y el muchachito del ayer parece no darse cuenta.

¿Acaso el muchachito del ayer está preparado para hablarle políticamente al mototaxista, al vendedor informal, al trabajador de service para las mineras, al profesor egresado de instituto pedagógico? Si el APRA como opción política parece haberse quedado en el escenario de un país preajuste, el muchachito del ayer no parece haber avanzado más, con el agravante de que ya no existe como opción política. Es que el discurso izquierdista de la preeminencia de los derechos sociales, del desarrollo a partir de las capacidades, de la participación y la deliberación como formas de hacer política, no pertenecen a un país que parece estar más preocupado por otra agenda: el orden, la seguridad, la democracia como sistema, por el crecimiento económico.

El muchachito del ayer es un terco enamorado de un pueblo que no le da bola, que no entiende las canciones de la «Hora del lonchecito», porque seguirá prefiriendo opciones distintas (Fujimori, Toledo, un García derechizado, quizá Kouri o un Castañeda). El muchachito del ayer es buena gente, pero no es su tipo, así de simple. Es un amigo bacán, un «buena gente», pero no apostaría por él. El país no anda in the mood para la izquierda desde hace un buen rato. Y contra la voluntad del pueblo, simplemente no se puede. «No eres tú, muchachito del ayer, soy yo».
Desco / Revista Quehacer Nro. 171 / Jul. – Set. 2008

* Carlos Meléndez estudió sociología en la progresista facultad de sociales de la PUCP, pero desde hace dos años ha pasado al lado oscuro de la ciencia política imperialista, neoliberal y reaccionaria. Hasta hace muy poco, tenía como hobbie escribir en un blog (http://jorobadonotredame.blogspot.com), el cual cambió por dedicarse a la teoría de juegos, al Maximum Likelihood Estimation y a organizar fiestas latinas en el Midwest de los Estados Unidos.