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sábado, 26 de diciembre de 2009


Los Juguetes de Aldo Mariátegui


Por Daniel Salas
GranComboClub

La columna del director del diario Correo del 24 de diciembre es especialmente significativa. Ayer, Silvio Rendón la comentó aquí. Yo quiero agregar algunas reflexiones a partir de un concepto que he estado llamando “imaginación moral”.

En primer lugar, aclaro que desconozco si tal término existe en los estudios sobre desarrollo moral, un asunto en el que no soy especialista. Yo lo he venido usando –con bastante libertad, debo admitir— para referirme a la capacidad de una persona de, por un lado, proyectar el efecto de sus acciones sobre los demás y, por otro, imaginar los sentimientos ajenos. Es una variación de la “imaginación sociológica” de la que hablaba Wright Mills.

Imaginar, por supuesto, no es lo mismo que sentir. Yo no puedo sentir la alegría o el sufrimiento de otro pero puedo hacer conmensurable mi propia experiencia con la experiencia ajena. Por lo mismo, no me puedes pedir que comparta tu alegría o tu desgracia pero sí puedes esperar que la comprenda. Asimismo, yo no experimento todos los efectos de mis acciones pero hasta cierto punto puedo proyectarlos y evaluar si causarán más daño que bien.

Una de las razones por las que cada vez me resulta más difícil sentir asco o desprecio por los demás, incluso por aquellos que han perpetrado horrendas atrocidades, se debe a que he llegado a la convicción de que una tarea verdaderamente revolucionaria y que cambiaría el mundo definitivamente es extender la imaginación moral hacia el entendimiento antes que la condena.

Lo interesante de la columna de Aldo Mariátegui es la profunda desconexión que evidencia entre el sufrimiento propio y el ajeno. Aldo Mariátegui considera que cabe recordar cómo el gobierno socialista de Velasco le aguaba la Navidad al impedir la importación de juguetes que otros –los que tenían la fortuna de tener padres con mucho más dinero— sí podían tener. Advirtamos que el director de Correo no es totalmente ignorante de lo que le sucedía a otros. Veamos este pasaje de su texto:
Lo interesante es que Mariátegui considere necesario expresar aquello que “le jode mucho” pero que no se plantee el derecho de otros a lo mismo. Para Mariátegui, no haber tenido ciertos juguetes cuando él era niño es un motivo más de justa ira y condena a un gobierno que considera oprobioso. Pero cuando se trata de niños que han visto asesinados a sus padres o de madres que han sufrido la desaparición de sus hijos la evaluación moral cambia radicalmente. Como me comentaba un amigo, ahora sabemos que Aldo Mariátegui no es un enemigo de la memoria. Es, en realidad, amigo de una memoria selectiva: aquella que comprende el sufrimiento de él y de otros como él.
Sonará frívolo y engreído (ya me imagino cómo reaccionarán Lévano y Wiener) que un niño burgués se queje de esto en un país con tantas carencias -que eran mucho peores en esa época, donde los pobres limeños usualmente comían Nicovita, un alimento para aves-, pero cada uno habla desde cómo le fue en esa feria, y sí pues, me jode mucho (y miro con sana envidia a los niños actuales) no haber tenido más juguetes que algunos pocos y lógicamente algo estropeados que heredé de mis hermanos mayores, sólo porque a algún estúpido cachaco se le ocurrió que “no era prioritario gastar divisas en éstos”, como si la economía funcionase como un cuartel.

Yo también tengo recuerdos del gobierno reformista de Velasco (*) y de la “segunda fase” de Morales Bermúdez. No recuerdo que me haya faltado un juguete que otro sí tenía –tal vez porque no tenía amigos ricos— pero sí recuerdo a cientos de niños que he visto sufriendo de varias maneras en la época en que mi padre ejercía la pediatría en casa. Gracias a este contacto, nunca sentí resentimiento por lo que no tenía. Sí, en cambio, sentía una gran tristeza por lo que otros no tenían o por las experiencias de dolor que atravesaban. Cuando pienso en mi infancia me traslado inevitablemente a la melancolía no debida a ningún sufrimiento personal pero sí al que veía a diario en los rostros de otros. Hablo de niños maltratados con heridas y quemaduras, desnutridos al punto de que su pelo quedaba descolorido, de madres desesperadas y que no podían pagar las consultas ni las medicinas, en general, de diversas víctimas de la pobreza y la ignorancia.

Mi propio resentimiento o mi propia carencia debería ser un mecanismo para entender los resentimientos y las carencias de los otros. Si yo siento dolor, debería imaginar cómo es el dolor de los demás. Si no soy capaz de olvidar que no pude tener el juguete que otros pocos sí tenían, debería comprender cómo otros, con mucha más razón, no son capaces de olvidar el asalto de sus casas, la matanza de sus familiares, la violación y, a la larga, la marginación y el destierro.

Yo no tengo ningún problema en que se abra un museo en memoria de los juguetes que Aldo Mariátegui no tuvo. Pero no entiendo entonces por qué no puede haber un museo en memoria de otras pérdidas que, sin duda, son mucho más graves. Si no podemos conectar una emoción con la otra, es porque sencillamente nuestra imaginación moral es de una estrechez asombrosa.

Sí hay una solución al resentimiento. No consiste en negar el resentimiento de los otros sino de reivindicarlo. No consiste en odiar al que se me opone sino en comprenderlo. Mi sugerencia es que Aldo Mariátegui y todos los que se sientan como él compren varios juguetes –digamos cuando menos unos diez, lo que no es mucho dada la expansión económica que Mariátegui celebra—y que, en nombre del niño que ellos fueron, se los regalen a los niños que ahora son.

(*) Lo que más detesta mi memoria del general Velasco no son las prohibiciones a las importaciones sino sus larguísimos y tediosos discursos. Debido a ello, tal vez yo me haya vuelto un fanático de la parquedad y un enemigo de la habladuría y la demagogia.

sábado, 5 de septiembre de 2009


¿Vietnamizar el VRAE?

Acordémonos cómo salieron de mal paradas las huestes del ejército más poderoso del mundo en diez años de guerra en Vietnam, entre 1965 y 1975. Grupos de élite como los Fuerza Delta o Marines fueron humillados, derrotados en sangrientas batallas y, lo peor, fueron empujados a desatar un genocidio de vietnamitas para preservarse.
Los ex combatientes de esa guerra, acabaron con unos traumas terribles que nunca han podido superar. Miles han terminado en hospitales psiquiátricos o adictos a las drogas para hacer más llevadera su vida enturbiada con el karma de los horrendos sucesos en los campos de Vietnam. Esa infausta guerra supuso 58 mil soldados norteamericanos muertos y 300 mil heridos o lisiados.
Por el lado de los vietnamitas se calcula entre 2 y 5 millones de bajas, la mayoría de ellas civiles, las ocasionadas por el enfrentamiento, primero, de Vietnam del Norte con Vietnam del Sur, y luego, con la intromisión de EE.UU y su poderío bélico.
En el Perú, se ha vivido una relativa paz desde que en 1992 fuera capturada la dirigencia de Sendero y sus remanentes a la deriva decidieran capitular por orden de Guzmán. Hasta 1995 permaneció el grupo de Ramírez Durand con esporádicos atentados en la zona del VRAE y Ayacucho hasta que su organización fue derrotada con certeros golpes. Pero ahora vuelve la incertidumbre y la sombra del terror se instala en una extensa y casi inaccesible zona del centro del país.
Se estima que solo en el último año, las bajas ocasionadas a las Fuerzas Armadas y Policiales ascienden a 52 y los heridos a 43. Pero lo que más preocupa es la potencia de fuego que han adquirido los pelotones de senderistas, que se mueven en la agreste zona a tal punto que han podido derribarse un helicóptero y dar de baja a tres de sus tripulantes.
Inmediatamente han salido quienes piden severidad en el combate al narcoterror que amenaza consolidarse en la zona e, incluso, el vicepresidente Giampietri ha solicitado que se declare zona de combate el VRAE para poder aplicar todo el poder de fuego de las FF.AA y evitar las bajas civiles.
Aldo Mariátegui, insiste que Sendero sigue siendo un peligro para el Estado y ha pedido que se reactive el uso del napalm para exterminarlos. El director de Correo también sugiere que Giampietri sea nombrado ministro de Defensa y que, antes de discutir una nueva estrategia en el VRAE, debe dotarse a los militares de más implementos técnicos y presupuesto.
Augusto Álvarez Rodrich, columnista de La república, en contrapropuesta de Mariátegui, propone ahondar el plan de desarrollo social en la zona y descartar el “plan napalm light” propuesto en entusiasta trío por Luis Giampietri, el jefe del Comando Conjunto de las FF.AA, Almirante Montoya y el director de Correo.
A este coro, se acaba de unir el abogado Hugo Guerra que opina desde las páginas de El Comercio. Afirma que debe trasladarse a las poblaciones inmersas en el territorio del VRAE para poder acabar con la lacra del narcotráfico y el senderismo que pretende levantar cabeza.
Por nuestra parte, pensamos que debe establecerse una política dual, que privilegie el aspecto militar y el desarrollo real de la zona, alentado con millonarias partidas, ya que esa zona de nuestro país tiene un desfase de desarrollo de centurias. Como toda la economía del lugar gira alrededor de la coca, debe ser reemplazada con otra alternativa alentada desde el Estado y para ello se requiere de millonaria inversión porque debe empezarse desde cero.
En el plano militar se requiere movilizar a la zona sólo personal de élite que pueda hacer frente a experimentados combatientes fojeados, como los Quispe Palomino, durante décadas. A parte de manejar la zona a ojos cerrados.
Tomar la iniciativa en el combate requiere salir en búsquedas del enemigo con patrullas de comandos móviles, bien apertrechadas y respaldadas con la información y detalles que da las interceptaciones electrónicas y el respaldo de satélites y GPSs. Porque es ilusorio pensar que la población (calculada en unos 30 mil colonos), vayan a respaldar a las FF.AA y traicionar a quienes les dan el pan del día a día, comprándole su producción de droga.
Para un plan de esta envergadura se requiere de una millonaria inversión en logística para las fuerzas del orden y en desarrollo económico y social. Y para no vietnamizar la zona y acarrear con resultados tan desastrosos como los obtenidos por EE.UU en la década de los 70s, se requiere de estrategas y no de ejecutores torpes y afiebrados, que en lugar de revertir la situación consigan ahondar más el problema.


Más sobre el tema:

Pescadores en VRAE revuelto - Augusto Álvarez R.

Incompetentes e irresponsables - Fernando Rospigliosi

Ataques al pensamiento - Jorge Bruce

viernes, 19 de junio de 2009


Mariátegui "el Pequeño"

Tomás Borge
Embajador de la República de Nicaragua
Mariátegui “el pequeño” y sus ataques cobardes, calumniosos y racistas.
Para que los lectores de Nicaragua y de otros países, donde se publican mis artículos, comprendan cuanto voy a decir, explico: en el Perú hay una gloria nacional, el ideólogo revolucionario más lúcido de América latina. Se llama José Carlos Mariátegui. Tuvo un descendiente (nieto), llamado Aldo, director del pasquín ultraderechista “El Correo”. Al primero lo he calificado como Mariátegui “El Grande” y al otro como Mariátegui “El Pequeño”.
Aldo es el más rabioso reaccionario del Perú. Es, además, mal redactor, intelectualmente reducido, racista. Llama al líder indígena-asilado de una manera sorpresiva en nuestra Embajada, quien es respetuosa de los asuntos internos del Perú- Alberto Pizango, como cholo “abominable y aventurero”. Mariátegui “El Pequeño”aprovechándose de mi ausencia (estoy en Nicaragua por la extrema gravedad de una tía que considero mi segunda madre) y de las páginas de su diario,
recoge cobardemente las acusaciones de Adán Artola (partidario de la independencia de la Costa Atlántica de Nicaragua, quien odia al F.S.L.N., por ser la organización que jamás permitirá la desmembración de la patria) contra dirigentes del F.S.L.N, a quienes califica de genocidas. Este Artola visitó alguna vez mi oficina de Managua. Ahora es asiduo visitante de la embajada americana donde, dicho sea de paso, es tratado con cierto desprecio.
Lo que ignora “El Insignificante” es que un sector de los miskitos se levantó en armas financiado hasta el último cartucho y hasta el último bocado por el gobierno de los Estados Unidos. Lo que ignora “El Pequeño” es que nosotros castigamos con más severidad a los miembros de nuestro ejército y de nuestra policía, por algunos abusos cometidos en perjuicio de los contrarrevolucionarios. Con mas dureza, incluso, de lo que castigamos los crímenes de los alzados en armas, quienes cuando caían prisioneros los teníamos detenidos en “granjas de régimen abierto”, sin rejas, sin custodios armados, trabajando con dignidad y en permanentes actividades culturales. Lo que ignora “El pequeño” es que yo visite desarmado varios campamentos contrarrevolucionarios y logré, con el concurso de la dirección sandinista y obedeciendo a su mandato, pacificar a estos grupos armados por el gobierno yanqui.

Casi todo cuanto dice Artola es burdo, calumnioso y constituye la repetición de la misma historieta que es publicada por la derecha nicaragüense cuando se inician procesos electorales.
Nosotros- Daniel, Lenin y yo. estamos a la disposición de quienes quieran investigar aquellos tristes hechos para esclarecer una verdad que, por demás, es ampliamente conocida en este país. Los principales dirigentes miskitos de aquellos amargos momentos fueron Brooklin Rivera y Stedeman Fagoth, ambos identificados con el F.S.L.N. El primero es diputado de la bancada del F.S.L.N y el segundo ministro de la pesca. Los dos son mis amigos.
Mi familia Peruana esta angustiada por estas cobardes acusaciones. Yo no le tengo temor-en cualquier terreno- a ningún derechista del mundo, menos al individuo que deshonra al Perú llevando el mas ilustre de sus apellidos.
La Primera, 19 de junio de 2009